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El Draft suele ser la tierra de las oportunidades y los cambios. También sirve para mover el avispero. En tiempos en los que WWE dejó de prestar atención a la división de marcas, esto pierde bastante valor. Aun así, hay detalles a destacar.
El otro día salió John Cena desnudo en los Oscars. Fue un gag. Quizás una reivindicación. El caso es que salió desnudo. Bien. Lo que para algunos es algo normal -lo normativo deja de ser normal-, para otros fue un Ritual de Humillación Illuminati.
Hércules. Semidiós. Amado. Mitológico. Convertido en el «campeón de la humanidad» y en el «paradigma del héroe clásico». Definen sus proezas en doce trabajos, una purga de sus culpas. Hércules lucharía contra los hombres del pasado y abriría el paso para los siguientes. 


El kayfabe es un término extraño. Describe la naturaleza guionizada del show, que no la falsedad. No hay otro deporte que juegue con esa dualidad. Está predeterminado en sus resultados, pero se transmite como genuino para la audiencia. Bajo ese prisma, el wrestling es único.
De la ignominia al éxito, de renegado a ídolo, de mediocre a leyenda. Es Roman Reigns y la construcción de un grupo de Salón de la Fama. The Bloodline ha cambiado WWE y lo ha hecho de lo particular a lo general, del detalle a la foto grande, de las pequeñas cosas a lo visible.
Octubre de 2019. Hell in a Cell. El aclamado luchador, el Arquitecto, el campeón Universal, el que derrotó a Brock Lesnar en SummerSlam se ve sumido en una de las más polémicas decisiones de WWE en los últimos tiempos. El final de su combate ante The Fiend es una losa. 

