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Feb 5 • 8 tweets • 3 min read
Hace seis meses enterramos a mi hijo de 5 años, "Leo". Murió de una forma agresiva de leucemia. Hubo un momento, al principio, donde los médicos nos ofrecieron un tratamiento experimental en Suiza. Costaba 200.000 dólares. El seguro no lo cubría.
Mi esposo, "David" (contador, muy racional), se sentó conmigo, sacó las cuentas y llorando me dijo: —Cariño, no tenemos ese dinero. Si hipotecamos la casa y vendemos todo, apenas llegamos a la mitad. Estamos arruinados.
Aceptamos el destino. Leo recibió cuidados paliativos y murió en mis brazos en un hospital público, sufriendo dolor porque no podíamos pagar los mejores especialistas. Yo consolé a David. Pensé que éramos dos padres pobres víctimas del sistema...
- Hilo de historia anónima.
Ayer, David se fue a trabajar y me pidió que le imprimiera unos documentos fiscales desde su ordenador personal. La impresora se atascó. Al abrir la bandeja para sacar el papel arrugado, salió también una hoja que se había impreso por error hace días y se había quedado pillada.
Era un estado de cuenta bancario. Un banco extranjero. A nombre de David. Saldo actual: 350.000 dólares.
La fecha del depósito inicial era de hace 3 años (una herencia de una tía lejana que él nunca me mencionó). Tenía el dinero. Tenía el dinero todo el tiempo. Mientras Leo gritaba de dolor, David tenía 350.000 dólares sentados en una cuenta generando intereses...
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