How to get URL link on X (Twitter) App
¿En qué puedo ayudarle? Me dice la voz. No tiene en absoluto acento africano. Es español. En pocos segundos les he echado una monserga para que dejen de ensuciar los coches. Entonces al terminar yo de hablar y tras unos segundos de silencio, la voz dice: ¿Eres Israel?
Es un paquete grande, importante y no puede esperar. Para mí es muy valioso. El repartidor me dice que la alternativa es devolverlo a la central, pero eso significa demorar la recogida varios días, y es algo que no me puedo permitir. ¿Podré confiar en un vecino que no conozco?
En mi larga carrera profesional como taxista he visto de todo, pero esto es algo totalmente nuevo, y la verdad, supone un cierto aliciente. Estoy agotado de este trabajo. Me gusta, pero estoy cansado de atracos. No quiero correr más peligros. Deseo jubilarme.
Es tan sencillo como pulsar en el enlace "Ver más fechas" que aparece debajo de las fotografías de la app de Street View. He empezado a jugar con los meses y ha sido cuando me he llevado la sorpresa.
Menuda factura de aparcamiento le va a caer, le digo bromeando. Entonces me comenta que incluso ha salido en la prensa. Ni el coche ni la matrícula han sido denunciados como robados. Lo cierto es que retirar un vehículo en propiedad privada es complejo.
Las oficinas centrales de IBM se encuentran en Armonk, Nueva York. El edificio es seguro, moderno y elegante. Jamás hubiera pensado que fuera objeto de un atentado o robo. Aquí no hay dinero guardado. Sus instalaciones no albergan nada que interese a un delincuente.
La casa es un dúplex de lujo en un edificio de diez plantas en el centro, en una zona exclusiva de la capital. No somos ricos, sino todo lo contrario. Ha sido suerte. El anterior dueño falleció sin liquidar su deuda y el banco nos lo ha vendido a precio de saldo.
Cuando instalas una cámara de vigilancia en tu casa o negocio lo normal es cambiar la contraseña que trae por defecto, así solo tú puedes ver las imágenes. Pero en algunos negocios los técnicos por dejadez o ignorancia no ponen contraseña o se queda la que trae por defecto: 1234.
Comenzamos en Tokio, visitando el templo Sensoji, para luego disfrutar un breve recorrido por el Palacio Imperial. Cada rincón de aquella ciudad es una aventura. Sumergirse en una cultura tan diferente y a la vez tan enigmática. Luego hemos comido sushi en el mercado de Tsukiji.
El ambiente de trabajo es agradable y el puesto me gusta. Es una pequeña oficina desde la que llevamos la administración de varias farmacias. A la semana de comenzar a trabajar se sucedieron los acontecimientos que os cuento. En definitiva, falta comida.
He revisado las ventanas y las ranuras de las puertas. No hay corrientes. Pero la realidad es que la vela que todas las noches enciende mi madre no llega al alba. He sido yo quien se ha percatado. Al comentárselo no se sorprende: pues claro que me doy cuenta, dice.
He tomado nota del número de teléfono, aunque tan solo por curiosidad. En un momento de aburrimiento me he decidido a llamar. Parece todo bastante enigmático. Una voz femenina con acento extranjero me realiza preguntas relacionadas con mi salud y hábitos, pero sin dar detalles.
Anoche no pude dormir. Sufro apnea y esto provoca que me despierte de madrugada. Es difícil que vuelva a conciliar el sueño. Suelo mirar un poco el móvil. Veo que la app de Spotify se está ejecutando y reproduce en silencio una playlist llamada TEMAZOS FIESTA 2025.
Sara es licenciada en matemáticas y la nueva empresa para la que trabaja es una prestigiosa consultora con sede en Nueva York llamada Good Judgment Inc. Nos hemos trasladado allí dejando todo atrás. Pero algo no ha salido como ella esperaba.
He salido corriendo tras ellos. Fuera no los he localizado. Se los ha tragado la tierra. He dado aviso al servicio de seguridad del centro. Quiero llamar a la policía, pero antes recibo una llamada. La cojo y empiezo a escuchar la voz distorsionada de un desconocido.
La caja es de una marca de galletas que ya no existe. Se pierde en la noche de los tiempos. No la conozco. En su interior hay objetos que los niños ya no usan: una peonza de madera, una muñeca de porcelana, un pañuelo de tela, un sobre y dentro una carta.
Ya sabéis de lo que os hablo, supongo. En las casas donde hay niños pequeños es tendencia esta navidad que hasta la llegada de Papá Noel los padres de noche simulen travesuras de los elfos para que los niños se sorprendan cada mañana.
Al día siguiente llegué antes a la estación con intención de coincidir con ella. Sin embargo no apareció. Puede que fuera una turista, con lo que el encuentro fue casual y no se volverá a repetir. Llevaba una gorra deportiva, eso es lo único que recuerdo.
Los walkie-talkies son de alta calidad. No he reparado en gastos porque es un tema que me apasiona. Soy técnico de radio y he querido que mi hijo entre por la puerta grande. Pero me temo que he tenido mala suerte o me han estafado. Los voy a probar yo mismo.
Soy un cleptómano de manual, pero con una patología muy concreta. Sólo robo libros de bibliotecas. Comencé hace una década de un modo tímido. Probando una vez, experimentando un subidón de dopamina y deseando volver a repetir la experiencia.
No es la primera vez que me ocurre. En restaurantes, cines y sitios donde debe reinar el silencio es habitual ver a niños haciendo de las suyas sin la supervisión paterna. Es una lacra de esta generación que ni por asomo lo viví en mi infancia.