Podría haber sido solo un cantante más, pero tenía cerebro de matemático y corazón de poeta.
Y así fue que su alma viajera le llevó a buscar los ritmos que laten ocultos en las musicas populares.
Hoy, para cerrar la cuarta temporada de #LaHistorietaMusical, Franco Battiato.
Esta es una idea que he desarrollado más de una vez, pero me gusta volver a ella.
La historia de la música es la historia de un viaje.
Un viaje que comenzó junto al calor del fuego, bajo unas estrellas hoy desconocidas, en una noche muy, muy lejana.
Y es un viaje increíble.
Y es normal que la música sea un viaje, porque la música es movimiento.
El movimiento de unas ondas invisibles que surcan el espacio desde la fuente del sonido hasta nuestros oídos, para regalarnos la matemática del universo hecha vida.
Y la vida es ritmo.
Y el ritmo es baile.
Desde el albor de los tiempos, en los largos viajes de la humanidad, en los campos de trabajo, o en las fiestas de cosecha.
En palacios enjoyados, en la penumbra llena de humo de cualquier antro o en el círculo que dibujan los barros al caer la noche.
La humanidad baila.
Y ya lo haga al son de músicas ancestrales o de ritmos electrónicos, batiendo la cabeza frente a una guitarra distorsionada o en el corro de los verdiales de mi tierra, la humanidad celebra la vida.
Y un poeta italiano nos lo contó de la forma más sencilla.
Con una canción.
El viaje de Francesco Battiato comenzó en la agreste tierra de su Catania natal.
Pronto, a aquel joven enamorado de la música que estudiaba para maestro quizás porque no había otra cosa, se le quedaron pequeños los cielos de Sicilia.
Tras la muerte de su padre, se fue a Milán.
No fue una época fácil y tuvo que compaginar muchos trabajos mientras tocaba en restaurantes, en iglesias o donde hacía falta.
Con ese dinero que ganaba ayudaba a su familia y se pagó sus primeras grabaciones.
Hasta que en 1965 vino la oportunidad.
El festival de San Remo.
Aunque no ganara, aquella fue su oportunidad para comenzar su verdadero viaje.
Así, en el 68 firmó con Phillips y grabó cuatro canciones, una de ellas este "Bella Ragazza", con la que se presentò a un famoso concurso para elegir canción del verano.
Pero lo que tienen algunos viajes es que sabemos cómo empiezan pero no hacía donde van a llevarnos.
Como los zíngaros del desierto, el camino a veces es incierto.
O como los derviches giróvagos en sus espirales sin fin, a veces la vida puede dar muchas vueltas.
Y todo cambia.
A inicios de los 70 Franco conoció al músico Juri Camisasca y al baterista Nuncio Favia, con quién funda el grupo de rock experimental Osage Tribe.
Solo grabó con ellos en un disco, pero esa experiencia le llevaría por el camino de la experimentación.
Sus siguientes trabajos ahondarían en un rock complejo y una electrónica sintética más cercanos a Brian Eno que a la canción melódica de sus inicios.
Como el polémico "Fetus", del 71, cuya portada fue censurada y que tocaba un tema espinoso: el aborto.
Con discos como el ecologista "Pollution" (1972), "Clic" (1974) o sobre todo "L'Egitto prima delle sabbie" (1977), Battiato cogió fama de músico complejo e intelectual, lo que no da mucho éxito, pero sí prestigio.
Aviso: es café para muy cafeteros.
Pero el alma inquieta de aquel siciliano ya no tan joven le hizo volver a una música más asequible.
Disfrutaba experimentando pero también quería llegar a más gente, y discos como "Patriots", del 80, inauguraron ese camino.
Y todo explotaría en el 81.
Con la voz de su amo.
La voce del padrone -una referencia al celebre perrete de la compañía ahora propiedad de EMI- se convertiría en el LP italiano más vendido en su momento: el primero en superar el millón en ventas.
Y todo gracias a canciones como este centro de gravedad.
Editado también en español, lo que se convertiría en una costumbre en el cantautor, dado su éxito en nuestro país, el disco combinaba estribillos pegadizos con letras poéticas y ritmos casi bailables llenos de sintetizadores.
El equilibrio que buscaba.
A este disco le seguiría una serie de discos no menos acertados.
El siguiente, "L'arca di Noè", incluiría esta canción sobre la que os he hablado al principio.
Una canción que desarrolla un collage sobre las danzas y ritmos de los pueblos del mundo.
Porque en sus largos viajes por Turquía y el mediterráneo africano, que sentía más cercano que la Europa nórdica, Battiato comprendió algo que quiso contar en esta canción.
Desde las montañas búlgaras a las costas de Irlanda, o los salones de la vieja Europa, la humanidad baila.
Y la clave está en esos ritmos tribales, esa música transmitida por chamanes y que se ha ido imbricando en otras músicas.
Un mágico ritmo que hace que podamos unir flamenco y blues, que permitía a Django fusionar violines gitanos con jazz, que permitió que existiera el afrobeat.
La música es viajera.
Como la humanidad misma, es nómada. En las voces de los migrantes, de los desplazados, de los que buscan un futuro mejor, late la melodía de la tierra añorada.
Y al llegar a la tierra prometida, se mezcla con otras músicas.
Y así ha sido siempre.
Y Battiato lo sabía, y por eso cerraba esta canción que orbitaba sobre una sencilla melodía con un vals que cambiaba el ritmo.
Y por eso nos regaló, en un videoclip casi gracioso en su ingenuidad, su propio baile.
El baile de un hombre corriente, no el de un bailarín experto.
A lo largo de los siguientes años, Franco Battiato nos siguió regalando discos que profundizaban en esta idea del viaje y el mestizaje, como "Echoes of Sufi Dances", o "Fisiognomica".
Este último incluía una de sus canciones más famosas.
Nómadas.
Ya asentado en una merecida fama, en los siguientes años el maestro puso permitirse expandir sus intereses.
Desde dedicarse a la pintura, a producir óperas o hacer música para cine en los 90 a hacer un concierto en 1992 en Bagdag que es pura poesía.
En sus últimos años pasó largo tiempo en su casa a los pies del Etna, pero no dejó de rodar, grabar o colaborar con otros artistas, desde Billy Corgan al filósofo Manlio Sgalambro.
O este directo con Anhoni (entonces Antony) en la Arena de Verona en 2013.
En 2019 anunció su retirada de los escenarios. Murió dos años después.
Con el tiempo supimos que el horrible mal del olvido había estado borrando poco a poco a este buen hombre.
Al menos, como un niño que nace, emprendió su último viaje sin el peso de las cargas del pasado.
Es probable que Battiato haya sido uno de los artistas más completos de las últimas décadas.
Yo tuve la suerte de descubrirlo gracias a una buena amiga, Olga, que nos dejó de sorpresa hace unos años.
Siempre que le escucho la recuerdo.
A veces duele.
Pero después sonrío.
Si te ha gustado este hilo que celebra la vida y el mensaje de un artista comprometido, profundo y amable, tres características que no suelen juntarse, te pediría que lo compartieras.
Este ha sido el último hilo de esta temporada que repasé anoche en este hilo.
El hilo número 200 desde que yo comencé este viaje de La Historieta Musical.
No voy a prolongarme mucho en las despedidas.
Solo tengo una palabra que deciros.
Gracias.
Sin vosotros, leyendo cada jueves estas historias, no habría seguido adelante con esto que a veces es una agotadora locura.
No existiría el libro que nació este pasado año.
Ni los que estén por venir.
Pero, sobre todo, no tendría esa sensación que tengo cuando leo los comentarios y veo que os ha gustado el hilo.
El de que esto que tanto me gusta hacer, que es contar historias, lo hago bien. Al menos, un poco.
No sé si sabéis lo que es eso.
Pero millones de gracias.
Excepto por alguna píldorilla de verano, ahora me tomo un descanso. Pero si no quereis perderos ninguna sorpresa, podéis apuntaros a la newsletter en substack.com/@jesusbaezalca…
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También escribo en otros sitios, no siempre de música: a veces de libros, propios o ajenos.
Y también hago La Historieta Musical en esas-otras-redes tan parecidas a esta. Por si algún día esta revienta.
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Yo me despido... hasta septiembre. Que volveré con un nuevo curso lleno, llenito de historias.
Mientras, os dejo con mi consejo habitual: nunca dejéis de escuchar música.
Es lo mejor que podéis hacer. 😉
Fin de la cuarta temporada.
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