#BETIS Esta noche, POR FIN, después de varios años de investigaciones y entrevistas, voy a revelar un secreto apasionante relacionado con el @RealBetis. Una historia increíble. Sobre las 22:00, espero.

Lo haré a modo de hilo a continuación de este tweet 👇🏻
Allá voy. Esto no se lo he contado a nadie hasta hoy (sólo a los protagonistas de la historia). Ni siquiera a mis buenos amigos béticos @miguel_roda @japeinado o @DjBastianel ni tampoco a mi familia @FlixdelgadoSimo o @JorgeDelgadoAlo

Desde aquí les pido ya mis disculpas 🙏🏻
Todo comienza el 30 de junio de 2016, cuando un "diplodocus" empezó a demoler el Gol Sur del Benito Villamarín. Fuimos bastantes los que nos acercamos hasta allí para ver el principio del fin de un rincón histórico del fútbol español.
Yo por aquel entonces corría (así se decía antes de llamarse running y después de llamarse footing) así que decidí ir corriendo desde casa.

Calculé mal la distancia (y mi velocidad) y llegué cuando ya había empezado todo.
Me quedé allí bastante tiempo, rememorando con algunos conocidos béticos que llegaban y se iban momentos épicos que vio aquella grada. Yo, por supuesto, hablaba de los goles de @alfonsito0007

Fue una noche de emoción, pero sobre todo, por lo que descubrí.
Varios aficionados habían cogido algunos escombros para llevárselos de recuerdo. Pedían permiso a los operarios (a veces no) e iban pasando a cogerlos. Yo no quería un trozo de hormigón de recuerdo, pero sí tocar, sentir el Gol Sur una última vez.
Pedí la vez a uno de los operarios, esperé mi turno y accedí por un lateral.

Me indicó que cogiera los que estaban más cerca, que ni se me ocurriera adentrarme mucho, pero no le hice caso y entré por un pasillo que había quedado descubierto.
Había algo allí dentro que me llamaba la atención sin saber por qué.

Quizás leo demasiados libros o veo demasiadas películas, pero os prometo que sentí algo allí dentro, como si una mano invisible me guiara.
Llegué, a oscuras, hasta una pequeña habitación (no era un baño, desde luego).

Estaba vacía, salvo por algunos banderines con el escudo de otros equipos en el suelo.

Con los gritos del operario en el cogote, vi un trozo de hormigón y lo cogí.
La bronca que me echó fue monumental, pero como no quería dejar desatendida la zona de fuera, me sacó de allí entre insultos y gritos (que yo acepté con normalidad, por otra parte).
Segundos después me vi en La Palmera, en calzonas, con mi camiseta de @joaquinarte y con un pedrusco del Gol Sur en las manos.

Y allí, precisamente allí, descubrí el secreto que revelo hoy.
Le di vueltas al pedrusco en mis manos. Bajo el hormigón vi el lateral de un ladrillo, estaba hueco, pero había algo en su interior.

Dentro de aquel ladrillo encontré dos papeles enrollados y un tubo de Lizipaina muy antiguo.
Miré a mi alrededor para comprobar que nadie me miraba (sobre todo el operario) y dejé el ladrillo en el suelo. Me alejé deseando examinar los papeles y el bote libre de miradas indiscretas.
Una vez pasado el Bar Jamaica, y ya por Reina Mercedes, me senté en el escalón de un portal y desenrollé el primer papel. Estaba lleno de polvo, y tuve miedo de que se rompiera en cualquier momento, pero fui capaz de abrirlo con cuidado.
Era una nota de letra elegante, decía así:

Junto a esta carta, en un bote de pastillas, hay cenizas de Don Ramiro Bernabé Basoalto, mi padre. Su último deseo fue descansar eternamente en este estadio. Hágase posible.

Agradecido de antemano,
Ricardo Bernabé Bruls.
4/01/1939
Leerla me erizó la piel. Era como vivir una aventura, rescatar algo del olvido.

Desenrollé el otro papel, en mejor estado que el anterior. Sólo había un par de líneas:

Hágase la voluntad de Don Ramiro y respeten su deseo en futuras obras.
Luis Carlos Mariscal.
7/10/1973
Sentí el impulso de volver sobre mis pasos y darle aquello al operario, pero las últimas palabras que me dedicó fueron "o te vas cagando leches o te mato", así que preferí no volver.

Llámame cobarde.
Fui a casa y guardé en una bolsa de plástico el bote con los restos de Don Ramiro.

Durante los días siguientes contacté con el club, pero no creyeron oportuno dejar las cenizas en el nuevo Gol Sur aún por construir (y que no me tomaron muy en serio, también).
Pensé en contar lo sucedido a la prensa, pero siempre que marcaba el número de algún periodista al que conocía, algo me hacía colgar antes del primer tono (marqué muchas veces tu número, @JSevillano83).
Si quería que Don Ramiro cumpliera su última voluntad, tenía que encargarme yo mismo.

En mi plan perfecto, primero esperaría a que se empezara a construir el nuevo Gol Sur para luego colarme una noche y dejar el bote y tres cartas (la tercera, escrita por mí) allí dentro.
Mientras esperaba a que las obras dieran comienzo, investigué sobre Don Ramiro.

En Google no encontré nada, pero sí en las hemerotecas de periódicos de la época.

Al parecer, Don Ramiro había sido el encargado del "marcador" (por llamarlo de alguna manera) en los años 20 y 30.
Cada partido del Betis en casa, usaba una pizarra enorme para apuntar todo lo que ocurría. Goles, paradas, regates... TODO. Luego, tras el partido, se llevaba la pizarra a un bar de Triana para que los que no podían ir al campo repasaran lo acontecido. MARAVILLOSO.
Busqué información sobre su hijo, Ricardo Bernabé, pero no encontré más que una esquela en el @abcdesevilla donde su mujer rogaba una oración por su alma. Murió en 1983.
A quien sí encontré fue al autor de la segunda nota, Luis Carlos Mariscal (en realidad encontré a su hijo, que regenta una pastelería en Heliópolis y me puso en contacto con él).
Luis Carlos, de 83 años, apenas recordaba nada cuando le conté la historia, pero en cuanto le enseñé la nota y reconoció su letra, se le vinieron los recuerdos de golpe.
Él fue uno de los obreros que trabajó en la remodelación de Gol Sur y Gol Norte en los años 70.

Al igual que yo, encontró el bote y la nota entre los escombros, y quiso respetar el deseo de Don Ramiro. Jamás se lo contó a nadie. Ni siquiera a su hijo, tan bético como él.
Me pidió encarecidamente que tratara de cumplir el deseo de Don Ramiro, y yo se lo prometí.

Le dije que en algún momento los restos de Don Ramiro volverían al Villamarín. Le di mi palabra.
Durante las obras del Gol Sur intenté colarme varias veces, pero no se me da bien eso de ser un ninja, y menos lo de escalar edificios o saltar vallas de tres metros.

Pero tenía Plan B.
Cuando finalizaron las obras, compré una entrada un día de partido (yo tengo mi abono en fondo) y busqué un sitio donde dejar el bote (que escondí para que no lo encontraran en el cacheo) y las notas, pero ninguno me pareció lo suficientemente seguro.
Volví a llamar al club en varias ocasiones, pero siempre con idéntico resultado.

Mientras tanto, Luis Carlos me llamaba cada cierto tiempo para interesarse por mis avances, dándome ánimo tras cada intento fallido.
Hasta que, hace un mes más o menos, me enteré de algo: El Betis iba a cambiar las porterías.

Tuve una idea rocambolesca, una locura, pero tenía que intentarlo. Al fin y al cabo, estamos locos de la cabeza.
Tras una breve búsqueda en Internet, encontré la empresa que se dedica a fabricar e instalar las porterías de los estadios de fútbol. Chapurreando inglés conseguí explicar la historia de Don Ramiro a un tal Matthew Sullivan, gran aficionado al fútbol y trabajador de la empresa.
Quedé con él hace unas semanas y le di el bote de Lizipaina con los restos de Don Ramiro.

Dos días más tarde, me envió un vídeo introduciendo el bote en uno de los postes.

Una semana después, me envió una foto de la nueva portería instalada en Gol Norte (no pudo en Gol Sur).
El día del partido contra el Cádiz, llamé a Luis Carlos para darle la buena noticia, pero su teléfono lo cogió su hijo.

Luis Carlos había fallecido durante la noche, de forma plácida y sin sufrir. Como todos querríamos morir cuando nos llegue la hora.
Esa noche, viendo el partido, sentí que había cumplido con mi deber.

Sentía a Luis Carlos sonriendo desde el cuarto anillo, y a Don Ramiro, al fin, descansando en el Benito Villamarín.
Un Don Ramiro, por cierto, que ayudó a que el Betis no perdiera el partido, impidiendo que el Cádiz marcara... un balón que se estrelló en el palo.

En su palo.

En su lugar de descanso eterno, el Benito Villamarín.
Espero que os haya gustado este relato de ficción ;)

Viva el Betis.

#Manquepierda

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