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Sep 9, 2021 51 tweets 20 min read Read on X
¿Sabíais que hubo un parque temático mucho más grande que los de Disney?

Facturaba millones, tenía el tobogán más grande del mundo y su jefe fue un predicador que acabó encarcelado.

Y estaba dedicado nada menos que a JESUCRISTO

En #LaBrasaTorrijos de hoy, Heritage USA

HILO 👇
El 14 de octubre de 1989, el capataz llamo a los obreros que estaban trabajando en la obra de un edificio de 21 plantas y 65 metros de alto en Fort Mill, Carolina del Sur.

Les dijo, sencillamente, que debían irse a casa.

El edificio no iba a terminarse.
Los cerca de treinta trabajadores que estaban en la obra soltaron literalmente sus herramientas y se largaron.

Era el abrupto fin de una historia que había durado casi 30 años.

Una historia de amor.
Porque esta es una historia de amor.

La historia del amor de Jim Bakker y Tammy Faye LaValley, la historia de amor de Jim y Tammy Faye a Jesucristo y la historia de amor de Jim y Tammy Faye al dinero.

Al dinero de otras personas, concretamente.
En 1960, Jim Bakker conoce a Tammy Faye LaValley en una universidad cristiana de Minneapolis. Jim y Tammy Faye se gustan, se casan, se mudan a Carolina del Sur y montan un imperio de la telepredicación que no sé como lo haría Jesucristo para que pasasen por el ojo de una aguja.
Efectivamente, en 1974, Jim y Tammy Faye fundaron un programa de televisión llamado “El Club PTL”, donde las siglas significaban “Praise The Lord” (Alabado sea el Señor) pero también “People That Love” (Gente Que Ama).

Todo muy amoroso.
Al principio emitían desde un almacén abandonado pero, como pronto empezaron a sacar pasta, se cambiaron enseguida a un plató y luego construyeron todo un complejo para dar cabida a las oficinas, las salas de conferencias donde impartían sus seminarios-espectáculo.
Además, los programas se grababan con un cada vez más multitudiario público en directo.

De hasta miles de personas, de hecho.

Parece algo exagerado, si tenemos en cuenta que, al principio, el programa consistía básicamente en Jim sermonendo y Tammy Faye cantando.
Pero, amigos, con la popularización de la televisión, los 70 fueron los años del despegue de los telepredicadores y el Club PTL llegó a facturar más de 120 millones de dólares anuales.

Los Bakker estaban en la cresta de la fama.
Para poder compatibilizar lo de ser multimillonarios con lo de del rico y el camello, los Bakker predicaban una suerte de “Evangelio de la Prosperidad” que les venía muy bien para pasar olímpicamente de los preceptos de pobreza cristianos.
Ese "Prosperity Gospel" era un espectáculo de brilli-brilli mezclado con el conservadurismo capitalista característico de la era Reagan.

Alabad al señor, pero alabadle dándonos vuestro dinero. Amén.
Y sin embargo, a Jim y Tammy Faye no les debía parecer suficiente con la morterada que sacaban de la telepredicación porque, en 1978, decidieron acometer la empresa definitiva que demostrase su verdadero amor a Jesús: construir un parque temático dedicado al susodicho.
Si somos sinceros, la arquitectura religiosa europea lleva bastantes tiempo siendo un parque temático. O nos vamos a creer ahora que toda esa gente que va en verano a la Basílica de San Marcos o a Notre Dame de París lo hace por fervor cristiano...
Lo que pasa es que en USA no hay iglesias antiguas que disneyficar, así que lo Jim y Tammy Faye hicieron fue una genuina Disneylandia con temática evangélica. No lo llamaron Jesuscristolandia porque quedaba un poco feo, pero era un poco sustituir a Mickey por Jesús, más o menos.
El parque se llamó Heritage U.S.A, cuya traducción vendría a ser “Legado de los Estados Unidos de América” porque, aparentemente, lo de que las tribus americanas llevasen allí varios miles de años era una chorrada; el verdadero legado yanqui era el cristianismo de derechas.
El caso es que Dios es grande, y su parque temático hecho era gigantesco. Casi 10 000 hectáreas entre rutas a caballo, toboganes acuáticos y anfiteatros capaces de acoger a miles de personas con el ánimo perfecto para ser sermoneadas.
En su apogeo, Heritage U.S.A. llegó a ser diez veces más grande que Disneyland en California y veinte veces más grande que Disney World en Florida.

De hecho, en 1986, la creación de Jim y Tammy Faye fue el parque temático más visitado de USA. Más que los del ratón animado.
Su eslogan era “El Parque que Inspira a Toda la Familia” y tenía de todo: una Main Street U.S.A (otro día hablaremos de este clásico del pueblo potemkin), el King's Castle, El King's Arena, trenes, coches y hasta caballitos.
También había un enorme parque acuático con un tobogán de 50 metros de altura y la piscina de olas más grande del mundo donde se realizaban espectáculos de "natación cristiana". Sí, eso.
Para acoger a los casi seis millones de visitantes que recibía anualmente, Heritage U.S.A. disponía de un extenso camping , pero también había un hotel de lujo con 501 habitaciones, cuyo vestíbulo interior simulaba una calle con tiendas y restaurantes y donde SIEMPRE ERA DE DÍA.
También comenzaron la construcción de una torre de 21 plantas y 65 metros de alto destinada a jubilados ricos que quisieran vivir lo más cerca posible del ministerio de Jim y Tammy Faye.
El sitio estaba destinado a ser: "Un lugar especial para el pueblo de Dios", así que entre sus otras atracciones se incluía una versión a tamaño natural del Cenáculo (la habitación donde tuvo lugar la Última Cena).
Además, también había una tienda que supuestamente reproducía la experiencia de ir de compras a un mercado de Jerusalén y una enfervorecida obra de teatro que representaba la vida y muerte de Jesucristo, con la ayuda de humo y espejos, espectáculos de luces y efectos especiales.
Tanto con la tienda de Jerusalén como con el Cenáculo, el parque ofrecía una versión dulcificada de Tierra Santa, que fuese aceptable para los cristianos americanos conservadores. Es decir, mucho cartón piedra y pocas moscas, poco calor y poco desierto.
De hecho, en 1986, Jim Bakker expresó deseo que el parque algún día incluyera una "réplica a gran escala de Jerusalén tal y como era en la época de Jesús".

Mientras siguiese corriendo el dinero, por qué no.
Pero el dinero dejó de correr. De golpe.
A principios de 1987, se hizo público que Bakker había pagado casi 300 000 dólares a Jessica Hahn, modelo y secretaria de Jim Bakker, para comprar su silencio.

Esta joven.
El 19 de marzo de ese mismo 1987, Bakker admitió públicamente que había tenido un encuentro extramatrimonial con la señorita Hahn en 1980 y, acto seguido, dimitió de su puesto al frente de PTL.
Pero la dimisión sirvió de muy poco porque Hahn no era una simple aventura; Hahn había acusado formalmente a Jim Bakker y a su copresentador, el también pastor John Wesley Fletcher, de haberla drogado y violado, cosa que Bakker negó rotundamente, alegando que todo era una trampa.
Las acusaciones nunca llegaron a juicio, pero aceleraron la caída de Jim Bakker.

En un memorable programa especial del Club PTL, compareció junto a Tammy Faye para dar su versión de los hechos.

Las caras yo no eran tan amorosas.
Aprovechando la situación, se produjeron varios intentos de compra hostil de Heritage U.S.A por parte de telepredicadores rivales que vieron flaquear a Bakker.
Porque esto tenía menos que ver con la palabra del Señor y mucho con operaciones empresariales de colmillo retorcido.
Pero hubo otras acusaciones que sí llegaron a un tribunal. Las de fraude y estafa organizada, que acabaron con los huesos de Jim Bakker en prisión durante cinco años, desde 1989 hasta 1994.

Y eso que la condena fue a 45 años, nada menos.
Al parecer, y según demostró el Gran Jurado, un porcentaje no desdeñable de los 126 millones de dólares que ingresaba PTL cada año procedían de un esquema piramidal en el que el telepredicador era como un Robin Hood chusco y robaba el dinero de los ricos para dárselo a sí mismo.
En cuanto al parque, una vez que todas las acusaciones se hicieron públicas en 1987, la afluencia a Heritage U.S.A. cayó en picado. Además, Hacienda decidió revocar la exención fiscal del parque, alegando —y con razón— que eso no era un actividad religiosa sino un negocio.
En vista de que la compañía estaba sin presidente, el también telepredicador Jerry Fallwell montó un espectáculo emitido en directo en el que se deslizó por el tobogán vestido de traje y corbata, para después anunciar que tomaba el control de PTL.
A los pocos días, Falwell declaró a Heritage U.S.A. en bancarrota.
Y, como si toda esta historia fuese un relato bíblico en vez de de un entramado de delincuencia económica (y quizá sexual) en medio de edificios de cartón piedra, en 1989, el huracán Hugo azotó las costas de Carolina, causando daños severos a varios edificios del parque.
Tras la tormenta, Heritage U.S.A cerró para siempre.

Con la Heritage Tower a medio terminar.

A día de hoy, en el recinto donde se encontraba Heritage USA solo funciona el hotel y el Cenáculo, que aún se usa para dar misas de tanto en vez.

También se conservan algunas reliquias modernas de lo que una vez hubo allí.
Tanto el Castillo del Rey (que no iba ser otra cosa que una gigantesca hamburgesería Wendy's), como el anfiteatro y el parque acuático fueron demolidos la pasada década.

Solo quedan las fotos.
En cuanto a Jim y Tammy Faye...

Se divorciaron en 1992, mientras Jim cumplía condena.
Ambos rehicieron sus vidas y ambos volvieron al negocio de la predicación evangélica, aunque desde perspectivas muy diferentes.
Tammy Faye se convirtió en una de las pocas figuras de la derecha religiosa americana que abogó por los derechos del colectivo LGTBI e incluso fue objeto de un documental narrado por la drag queen RuPaul.

Murió de cáncer en 2007, a los 65 años de edad.
Jim Bakker ha continuado su particular visión megalómana del cristianismo con un nuevo programa televisivo desde el que suelta profecías apocalípticas y hace actos de contrición por su mal comportamiento del pasado.

Y ha perdido pelo.
También ha escrito varios libros, se ha visto envuelto en unas cuantas polémicas y se ha embarcado en algunas empresas.

Ninguna que se parezca a un gigantesco parque temático, gracias a Dios.

Ya hay algún otro...
Y con estas cuatro imágenes que resumen muy bien el hilo de hoy, vamos a despedirnos de Jim y Tammy Faye, de Heritage USA, de los telepredicadores y de #LaBrasaTorrijos de esta semana.

Si os ha gustado, hacedme RTs, FAVs, follows o llevadme a los coches de choque!
La historia de hoy es una adaptación abreviada a formato Tuiter de uno de los capítulos de TERRITORIOS IMPROBABLES, el libro de #LaBrasaTorrijos.

Lo podéis pedir en la librería que más os guste y también en TODOS los sitios online de este link: tap.bio/pedrotorrijos
Y para quienes os gusta #LaBrasaTorrijos y os hace feliz un ratito cada semana, podéis apoyar el proyecto en el patreon: patreon.com/pedrotorrijos

O también podéis hacer una aportación puntual en este enlace TAN fácil: paypal.me/pedrotorrijos

(Es la hora de pasar la gorra!)
Nos vemos en un nuevo capítulo el próximo jueves a la misma hora.

Si os habéis quedado con ganas de viajar a más territorios improbables, todos los episodios de #LaBrasaTorrijos están archivados en este hilo de hilos de hilos:

Las imágenes del capítulo de hoy son de:

Joe Nitz, Will and Demi McIntyre, Jacob Schipper, taybrwnj, Globephotos, URC, PTL Club, Google Street View, Emilio Flores/Getty, ABC, CNN, Chuck Burton mentalitch y IllicitOhio.
#LaBrasaTorrijos se escribe en directo todos los jueves desde el soleado barrio de Villaverde.

(Fin del HILO 🇺🇸✝️👨👩💵💵💵)
(Y en el episodio de la próxima semana vamos a viajar a Francia a conocer la historia de un edificio que giraba a 12 metros de altura para mirar al sol)

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En 1854, un joven inglés llamado Charles Cunningham se trasladó a la isla de Achill, al oeste de Irlanda. Hijo de familia pudiente, salía de una carrera militar fallida y llegaba a las verdes tierras de Éire dispuesto a ser un hombre rico y de provecho. Image
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Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ.

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La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil.

Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista?

La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana.

Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo.

Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes.

Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.Image
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La línea azul es el ejemplo más evidente. Basta bajar desde T-Centralen para entenderlo: la bóveda, pintada de azul profundo, conserva la piel rugosa de la roca. Tiene algo de caverna prehistórica, pero intervenida con brochazos gigantes. Parece la obra de un pintor expresionista que hubiera vivido aquí encerrado con un cubo de acrílico y demasiadas horas de invierno.

Además, en esa bóveda aparecen siluetas de obreros: un homenaje directo a los trabajadores que construyeron la red hace 75 años y que la mantienen cada día.

Tres cuartos de siglo de ciudad subterránea.
Sigue uno bajando por la línea y llegas a Solna Centrum, la estación más fotografiada de Suecia (y probablemente una de las más fotografiadas del mundo). Un túnel rojo, intensamente rojo, un rojo que no te abraza sino que te engulle.

Parece una bajada al infierno, sí, pero es un infierno con una intención: el mural, pintado en 1975, denuncia la deforestación sueca. El rojo del cielo frente al verde de los bosques como un aviso urgente en un país que hoy presume de sostenibilidad, pero que lleva décadas pensando en estas cosas.

Estando allí me pregunté si hoy ese mural se lee de otra manera. Si ya no habla solo de árboles sino del planeta entero.
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Nov 27, 2025
Estoy en Estocolmo, moviendo las manos porque hace tres grados bajo cero, y esto que tengo detrás es el ayuntamiento, el Stadshuset.

Visto así, con su ladrillo rojo, su torre alta y esta logia abierta al agua, parece un edificio medieval, casi un híbrido entre castillo nórdico y palacio veneciano. Podría colar como gótico italiano, o como algo que te encontrarías entrando en la plaza de San Marcos por la puerta equivocada.

Pero la gracia es precisamente que no es medieval en absoluto.
Es un edificio del siglo XX: se construye entre 1911 y 1923, lo diseña el arquitecto Ragnar Östberg y es uno de los grandes ejemplos del Romanticismo Nacional sueco, una arquitectura que mezcla referencias históricas con una idea muy moderna de lo que debe ser un edificio público.

Por eso está aquí, pegado al agua. Si esto fuera de verdad un ayuntamiento medieval, lo lógico es que estuviese bien adentro del casco antiguo, protegido por murallas, alejado de cualquier ataque por mar. Pero, en los años veinte, Suecia ya no está pensando en cañones y asedios: está pensando en democracia, administración y ciudad abierta.

El Stadshuset se coloca en la punta de Kungsholmen, justo donde el lago Mälaren se abre hacia el archipiélago que conecta con el Báltico. Es un gesto urbano clarísimo: el poder municipal se asoma al agua porque el agua es lo que organiza Estocolmo.
El patio donde estoy tiene ese aire muy veneciano: arcos de medio punto abajo y esa sensación de plaza porticada que se abre directamente al embarcadero. Te giras y podrías estar esperando que aparezca una góndola, pero lo que llega son ferris y hielo.

La torre, además, está claramente emparentada con el campanile de San Marcos, solo que coronada por las Tres Coronas doradas de Suecia, para que no haya dudas de quién firma el skyline.

Y luego está la obsesión material. El ayuntamiento está construido con unos ocho millones de ladrillos rojos, de los cuales cerca de un millón se hicieron a mano, precisamente para conseguir esta textura vibrante, nada uniforme, que ves en fachada: el típico ladrillo de monasterio nórdico, colocado alternando testas y tizones para que el muro nunca sea del todo plano ni del todo predecible.

Ragnar Östberg era bastante maniático con la textura: quería que el edificio, visto de cerca, tuviera una piel casi viva, con pequeñas variaciones en cada pieza.
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Nov 26, 2025
Estoy en Stortorget, la plaza central de Gamla Stan, el casco medieval de Estocolmo.
Hoy hay mercadillo navideño, con luces y turistas, pero bajo toda esta postal hubo, hace siglos, bastante menos encanto.

En esta plaza tuvo lugar la Boda Roja original:

Como sabréis por las novelas de George R. R. Martin y la serie Juego de Tronos, la Boda Roja es uno de los episodios más traumáticos de la historia. Martin lo escribió inspirándose en varios hechos históricos, uno de ellos fue el "Baño de Sangre de Estocolmo" de 1520.

Ese año, el rey Cristián II de Dinamarca conquistó Suecia y, para celebrarlo, organizó una gran coronación en el casco antiguo de Estocolmo. Tres días de fiesta, banquetes, vino caliente, diplomacia y buen rollo oficial. Hasta que, al tercer día, Cristián ordenó cerrar todas las puertas de la ciudad vieja.

Entonces empezó la matanza.
Entre ochenta y noventa personas —nobles, clérigos y ciudadanos influyentes de Estocolmo— fueron ejecutadas. Muchos fueron decapitados y sus cabezas expuestas en picas aquí mismo, en la plaza, durante semanas.

En este lugar tan bonito, tan instagrameable, con chocolates calientes y guirnaldas, a principios del siglo XVI se montó una escabechina monumental.

(Sí, ya sé que en el video digo 1580, es que me bailan las fechas más que Gene Kelly en El Pirata)Image
Hoy, Stortorget tiene otra cara.

Además del mercado de Navidad, uno de los edificios que dan a la plaza alberga la Academia Sueca, la institución que concede cada año el Premio Nobel de Literatura: el lugar soñado de Murakami, para entendernos.

Y, claro, aquí se levantan también las famosas Casa Roja y Casa Verde, dos fachadas del siglo XVII que, además de fotogénicas, son bastante tramposas.

La casa verde, por ejemplo: esas líneas blancas alrededor de las ventanas parecen molduras de piedra, pero en realidad son pintura. Querían simular nobleza, apariencia de sillería cara, pero no había presupuesto, así que resolvieron el asunto con pigmento.

En el fondo eran casas normales, con bodega abajo y almacén arriba. De hecho, la famosa ventana redonda superior no es un capricho barroco, es simplemente una forma eficaz de iluminar ese almacén.Image
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