En 1936, en el Madrid de la Guerra Civil, el inventor, poeta y editor gallego Alejandro Finisterre, quedó sepultado durante un bombardeo.
Fue trasladado a Montserrat, donde se trataba a los mutilados. Allí concebiría uno de los mayores inventos de la cultura popular española
🧶
En Montserrat, Alejandro observaba que los mutilados miraban a otros compañeros jugar al fútbol con nostalgia. Las expresiones de pena de aquellos jóvenes fueron la inspiración para desarrollar el primer prototipo de un juego que acabaría en bares y universidades de toda Europa.
Alejandro se encargaría de diseñar un juego de mesa que replicara el fútbol, y al que pudieran jugar los mutilados. El carpintero Francisco Javier Altuna , se haría cargo de su construcción. A finales de 1936, conseguirían la madera para el primer prototipo.
Los entendidos dicen que, entre finales del s XIX y principios del s XX ya se veían juegos similares en Alemania e Inglaterra. También hay quien dice que a principios de los años 30, Broto Wachter y el francés Lucien Rosengar (Citroën) mejoraron el mecanismo.
Sin embargo, fue Alejandro Finisterre quien inventó el futbolín español (la versión más popular), y quien más contribuyó a su propagación por todo el mundo.
Alejandro había combatido para el bando republicano, así que tuvo que exiliarse a Francia, y, posteriormente a America Latina. Allí se dedicó al negocio editorial, y comenzó a fabricar futbolines con maderas de la zona.
Finisterre no descubrió hasta 1976, cuando pudo regresar a España, la popularidad que había alcanzado su invento.
Había creado uno de esos productos que cualquier diseñador sueña construir. Trascendió edades generaciones, capas sociales, gustos y aficiones. Había sido capaz de crear un rito, un momento. Que alguien diga que no es fantástico.
Me hace gracia cuando Facebook quiere conectarnos con un Metaverso. ¿Evadirnos del mundo real? Vamos hombre, ¡aparta de mí los píxeles coloridos! Yo solo quiero escuchar el barullo del bar, reírme con mis amigos y marcar un gol por la escuadra. getrevue.co/profile/heylib…
Dice mi madre que aquello que disfrutas, si lo compartes, se disfruta el doble. Considera compartir esta historia con quien creas que le ha gustado ❤️
Puedes suscribirte gratis, y recibir todos los domingos una historia como esta, pulsando el botón que aparece en mi perfil🤓
Antes de contar las tres decisiones que tomé, adelanto que, efectivamente, Twitter en términos de crecimiento es una salvajada. Sobre todo contando con profesionales como José Luis, que lo han apoyado desde el principio.
No obstante Twitter es efímero. A los 3 días se pierde. Si no lo ves cuando lo lanzo, probablemente no llegues a leerlo nunca. La newsletter permite crear vínculo. Le hablo a quienes me leen semana tras semana. Puedo usar referencias utilizadas en ediciones anteriores (…)
La historia de El Casco es de reconversión. Durante los primeros años del recién estrenado siglo XX, sus fundadores se habían dedicado a la producción de armas. Esa misma precisión milimétrica, acabarían dedicándola para producir objetos que conquistarían el mundo entero.
🧵
En 1920, Juan Solozabal y Juan Olave, extrabajadores de la firma de armas Orbea, fundaron en Eibar la empresa El Casco.
Primero, se dedicaron a la fabricación de revólveres de alta calidad, y tuvieron un éxito rotundo en el mercado de armas premium dentro y fuera de España.
El final de la Primera Guerra Mundial en 1918 había hecho caer las ventas de armas, así que los dos industriales debían buscar un nuevo producto que relanzara la recién creada empresa.