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Feb 3, 2022 44 tweets 16 min read Read on X
Una de las cimas del Renacimiento no está en Italia. Está en la provincia de Jaén.
Un palacio que nos pertenece a todos y donde hay una de las ventanas más formidables de la historia de la arquitectura.

En #LaBrasaTorrijos de hoy, el Parador de Úbeda y el hueco infinito

HILO 👇 ImageImageImage
(Se recomienda la lectura del episodio de hoy acompañada de la siguiente banda sonora. Hasta el final).

open.spotify.com/track/1bF1jyzz…
En 1916, a la edad de 18 años, un joven universitario granadino fue de viaje de estudios a las ciudades de Baeza y Úbeda.

Se llamaba Federico García Lorca.
Allí conoció al poeta Antonio Machado y también paseó por lugares únicos que, pese a estar a apenas cien kilómetros de Granada, le eran casi desconocidos.

Dos conjuntos que son joyas del Renacimiento. ImageImage
Sabemos, porque así lo diría, que la amistad que surgió con Machado como la visita a Baeza y Úbeda marcaron el futuro de Lorca decantándole por la literatura y, al fin, por la poesía.

Es fácil imaginarle paseando por el patio de la Universidad de Baeza. Image
O levantando la vista al Palacio Vela de los Cobos o a las Casas Consistoriales, en Úbeda. ImageImage
Pero seguro que detuvo su paseo unos minutos, con un brote de aire, cuando llegó a un espacio de proporciones delicadas y precisas. Delimitado por siglos de piedra y métrica.

La plaza Vázquez de los Cobos; para mí, uno de los entornos urbanos más bellos que existen. Image
Y siendo como era Lorca un joven curioso y sensible, es probable que, en ese atardecer de Úbeda, prestase atención, a la izquierda, a una ventana muy especial.

A una ventana que parece no pertenecer al tiempo pero que es uno de los artefactos más maravillosos del Renacimiento. Image
(Pero, ¿qué es el Renacimiento?)
odos sabemos que el término «Renacimiento» "se utilizó reivindicando ciertos elementos de la cultura clásica griega y romana, y se aplicó originariamente como una vuelta a los valores de la cultura grecolatina y a la contemplación bla bla bla zzzzZZZzzz".
Sí, todo eso es cierto y, en arquitectura, se definió como una vuelta a la métrica ordenada y a los órdenes clásicos. Image
Pero, en realidad, eso no es el legado más importante de la arquitectura renacentista.

El legado, y el reflejo, más importante del Renacimiento es la arquitectura civil. El palacio. Image
Ya existían los castillos, claro, pero eso era más bien construcción.

El Renacimiento entiende que no es arquitectura solo la arquitectura religiosa. Que los edificios civiles también son dignos de ser comprendidos como objetos arquitectónicos y, en el fondo, artísticos. Image
A mediados del siglo XVI, Francisco de los Cobos, a la sazón Secretario de Estado y mano derecha de Carlos V ordenó construir una casa para el Deán de la Sacra Capilla del Salvador, cuya construcción estaba finalizando. Image
El encargo del Palacio del Deán Ortega recayó en el arquitecto de la corte Luis de la Vega y en un arquitecto de posible origen flamenco (aunque esto no tiene por qué ser cierto, y lo dejaremos para otro hilo).

Se llamaba Andrés de Vandelvira. Image
Vandelvira es, sencillamente, uno de los mejores arquitectos del Renacimiento español. Y si me apuráis, del Renacimiento mundial.

Es el artífice de la formidable Catedral de Jaén... Image
Y también, entre otras muchas, de la mencionada Sacra Capilla del Salvador de Úbeda.

Su mano se nota especialmente en la complejísima esquina de acceso a la Sacristía. Un prodigio de cirugía escultórica y arquitectónica.

Algo casi (casi) barroco. ImageImage
En el Palacio del Deán Ortega, Vendelvira fue más sobrio. Más ordenado. Más pulcro.

Tan pulcro, ordenado y sobrio, tan canónicamente renacentista que, contemplando la fachada, se diría que uno está en Florencia. Image
Pero no, claro. Estamos en España y, de hecho, en Andalucía.

Y en el interior, las columnas del patio, esbeltas como junquillos recuerdan tanto a Italia como a las columnas nazaríes de Granada. Image
Porque la arquitectura española, también la del Renacimiento, siempre ha sido híbrida, compleja y mestiza.

Y el Palacio del Deán, actual Parador de Úbeda, es un símbolo renacentista, pero también tiene columnillas y fuentes y celosías que filtran el mundo... ImageImageImage
Y huecos que dejan que el cielo se interne como de puntillas dentro de ellos... Image
Y una ventana que desafía al tiempo.

Un hueco infinito. Image
(La ventana. La ventana que miró Federico García Lorca).
El hueco suroeste del Parador de Úbeda no es solo un ejemplo precioso de uno de los artefactos del renacimiento español más característicos que existen: la ventana en esquina.

Aquí vimos muchos y todos magníficos.

Lo que distingue a este hueco es que Vandelvira produjo tal sofisticación que, ni siquiera pertenece al Renacimiento.

El aire entra y sale y, en medio, una columna. Pero una columna de mármol blanco que nos está diciendo que esa fracción de aire es OTRA COSA.

Que no es fachada. Image
Esa distinción tan radical entre fachada y estructura es tan renacentista como barroca.

Pero es que, en realidad, la columna de mármol blanco seguramente ni siquiera sostiene carga.

Es posible que solo sea decorativa.

Esto es abrumador. Image
Pero es que, mirada desde el acceso a la plaza, mirada desde donde la miró Lorca, mirada desde DONDE SE TIENE QUE MIRAR, el hueco entra y sale y distingue la fachada de piedra de la fachada privada de enfoscado. Image
Esta distinción de lo que es fachada de lo que es *solo* cerramiento. Y el hecho de que nos lo enseñe DIRECTAMENTE anticipa conceptos que llegarían tres siglos y medio después.

Conceptualmente es arquitectura moderna.

Es un hueco fuera del tiempo. Image
(Y el tiempo. Tres siglos y medio de tiempo).
En 1929, más de tres siglos y medio después de su construcción el Palacio del Deán Ortega pasó a manos del Estado.

Fue inaugurado como Parador de Turismo el 10 de diciembre de 1930.

Pasaba a ser propiedad de todos. Image
Es el tercer Parador más antiguo de la cadena y, al principio, solo tenía 15 habitaciones y solo 7 con baño.

Y en realidad, era un hotel reservado a gente muy pudiente.
Hasta los años 60, con la ampliación general, no fue un establecimiento más popular.

(Aunque en los 60, el recién nacido veraneante popular prefería más la playa que un palacio renacentista).
No fue hasta el 86, ya en plena democracia, que el Parador de Úbeda se reformó de forma integral incorporando aire acondicionado (y baño, claro) a todas ellas.
A fecha de hoy, el Parador de Úbeda, antiguo Palacio del Deán Ortega, cuenta con 36 habitaciones.

Algunas tienen 4 metros de altura libre y desde su balcón casi se puede tocara fachada del Salvador.

(La foto está tomada desde allí). ImageImage
Y en otras te puedes asomar a un hueco infinito para escuchar a los mil gorriones que, como un altavoz del universo, se posan cada noche en el ciprés que hay enfrente, para dormir. Image
Y con estas cuatro fotos que resumen muy bien el episodio de hoy, vamos a despedirnos del Palacio del Deán Ortega, del Parador de Úbeda, de los gorriones y de #LaBrasaTorrijos de hoy.

Si os ha gustado, hacedme RTs, FAVs, follows o leedme un poema de Lorca! ImageImageImageImage
El episodio de #LaBrasaTorrijos de hoy es una colaboración con @paradores y, lo vuelvo a decir, ha sido un placer y un orgullo.

Porque, para mí, Paradores es una empresa fundamental para el patrimonio arquitectónico de España.
Y es una empresa fundamental porque hace lo mejor que se puede hacer para conservar el patrimonio: darle un uso.

Y el Parador de Úbeda no es solo Bien de Interés Cultural, es que forma parte del conjunto de Úbeda y Baeza declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2003.
Y es una de las escasos lugares donde uno tiene la oportunidad de dormir en un edificio que es Patrimonio de la Humanidad.

Por eso nos pertenece a todos.
Si no queréis perderos ningún episodio de #LaBrasaTorrijos, suscribíos a mi newsletter, para que os avise cuando haya uno nuevo: getrevue.co/profile/pedro_…

Y si queréis leer los capítulos antiguos, están
todos archivados en este hilo de hilos de hilos:

Las imágenes del capítulo de hoy son de:

Jose Luis Filpo Cabana, Otiñar, Zarateman, Codex, Paradores y unas cuantas bastantes de Pedro Torrijos (un servidor).
Ah, y la frase del ciprés y los gorriones está inspirada en una frase de @JoseAntonio_BG, a quien quiero agradecer que dejase usarla.
#LaBrasaTorrijos se escribe en directo todos los jueves desde el soleado barrio de Villaverde.

(Fin del HILO 🏛️🐦🌲🪟⏰)
(Y en el episodio de la semana que viene, que se escribirá desde Alicante, vamos a viajar a un laberinto que se abre al cielo y al Mediterráneo). Image

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Feb 1
En 1990, unas inundaciones asolaron Japón. Murieron 14 personas.

El país no podía arriesgarse a que se repitiesen en una zona urbana tan poblada como Tokio, así que construyeron una maravilla: La Catedral de las Tormentas.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos.

🧵⤵️ Image
Como habréis podido comprobar, llevamos un mes largo con varios episodios de lluvias. Lo "bueno" es que las lluvias de invierno suelen ser sostenidas y no torrenciales.

Como desgraciadamente sabemos, las jodidas son las torrenciales, las que descargan mucho en poco tiempo.
Idealmente, la mejor solución para absorber este tipo de inundaciones sería tener unas ciudades más porosas. Que permitiesen un drenaje más eficaz y más natural.
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Jan 16
¿Creéis que vuestro casero es chungo?

Pues en la Irlanda del XIX hubo un casero TAN CHUNGO que su apellido se convirtió en un verbo que significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".

Os lo cuento en #LaBrasaTorrijos
🧵⤵️ Image
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En 1854, un joven inglés llamado Charles Cunningham se trasladó a la isla de Achill, al oeste de Irlanda. Hijo de familia pudiente, salía de una carrera militar fallida y llegaba a las verdes tierras de Éire dispuesto a ser un hombre rico y de provecho. Image
En esa época, Irlanda vivía una situación bastante peluda: acababa de salir de la Gran Hambruna del 45, que había diezmado a la población, bien llevándola a los camposantos, bien obligándola a emigrar.

Por tanto, las verdes tierras de cultivo eran un bien muy preciado. Image
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Jan 9
El Helicoide de Caracas es un resumen construido de la historia de Venezuela.
Un centro comercial nacido para un futuro motorizado y voraz, que se recorrería en coche —sin bajarse de él— pero acabó convertido en prisión.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos 🧵⤵️ Image
Hay edificios que nacen con vocación de sistema. Aspiran a ser algo más que contenedores de actividad humana y se comportan como diagramas del mundo, como máquinas ideológicas disfrazadas de hormigón.

El Helicoide nació con esa aspiración.
Venezuela, años 50. Con el dictador Pérez Jiménez al mando, el país rebosaba gasolina, dólares, silencio cívico y la sudorosa sensación de que todo iba a durar para siempre.
Un laboratorio del petróleo que parecía querer ahogar el miedo pisando el acelerador. Literalmente. Image
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Dec 7, 2025
El Cementerio de los Ingleses es un pequeño recinto tapiado frente a los acantilados de Camariñas, en A Coruña.

Pero ¿y si allí estuviese enterrado Jack el Destripador? (Y no, no es descabellado).

Esta es una historia de naufragios y patrimonio, en #LaBrasaTorrijos
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Plymouth, 8 de noviembre de 1890. Un hombre sube al "HMS Serpent" como quien acepta una sentencia cuyo contenido desconoce pero cuyo peso reconoce al instante. Image
@DACTurismo El nombre que dio —Arthur, James, William, el que fuese— quedó casi disuelto en la humedad del muelle porque lo pronunció demasiado bajo, evitando el cruce de miradas con el oficial que anotaba en un registro ya curvado por la lluvia. Image
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Dec 1, 2025
Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ.

Pero también esconden una historia. Una historia de amor por los servicios públicos, por las infraestructuras públicas, por la gente que las construye y por la gente que las usa cada día:

La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil.

Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista?

La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana.

Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo.

Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes.

Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.Image
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La línea azul es el ejemplo más evidente. Basta bajar desde T-Centralen para entenderlo: la bóveda, pintada de azul profundo, conserva la piel rugosa de la roca. Tiene algo de caverna prehistórica, pero intervenida con brochazos gigantes. Parece la obra de un pintor expresionista que hubiera vivido aquí encerrado con un cubo de acrílico y demasiadas horas de invierno.

Además, en esa bóveda aparecen siluetas de obreros: un homenaje directo a los trabajadores que construyeron la red hace 75 años y que la mantienen cada día.

Tres cuartos de siglo de ciudad subterránea.
Sigue uno bajando por la línea y llegas a Solna Centrum, la estación más fotografiada de Suecia (y probablemente una de las más fotografiadas del mundo). Un túnel rojo, intensamente rojo, un rojo que no te abraza sino que te engulle.

Parece una bajada al infierno, sí, pero es un infierno con una intención: el mural, pintado en 1975, denuncia la deforestación sueca. El rojo del cielo frente al verde de los bosques como un aviso urgente en un país que hoy presume de sostenibilidad, pero que lleva décadas pensando en estas cosas.

Estando allí me pregunté si hoy ese mural se lee de otra manera. Si ya no habla solo de árboles sino del planeta entero.
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Nov 27, 2025
Estoy en Estocolmo, moviendo las manos porque hace tres grados bajo cero, y esto que tengo detrás es el ayuntamiento, el Stadshuset.

Visto así, con su ladrillo rojo, su torre alta y esta logia abierta al agua, parece un edificio medieval, casi un híbrido entre castillo nórdico y palacio veneciano. Podría colar como gótico italiano, o como algo que te encontrarías entrando en la plaza de San Marcos por la puerta equivocada.

Pero la gracia es precisamente que no es medieval en absoluto.
Es un edificio del siglo XX: se construye entre 1911 y 1923, lo diseña el arquitecto Ragnar Östberg y es uno de los grandes ejemplos del Romanticismo Nacional sueco, una arquitectura que mezcla referencias históricas con una idea muy moderna de lo que debe ser un edificio público.

Por eso está aquí, pegado al agua. Si esto fuera de verdad un ayuntamiento medieval, lo lógico es que estuviese bien adentro del casco antiguo, protegido por murallas, alejado de cualquier ataque por mar. Pero, en los años veinte, Suecia ya no está pensando en cañones y asedios: está pensando en democracia, administración y ciudad abierta.

El Stadshuset se coloca en la punta de Kungsholmen, justo donde el lago Mälaren se abre hacia el archipiélago que conecta con el Báltico. Es un gesto urbano clarísimo: el poder municipal se asoma al agua porque el agua es lo que organiza Estocolmo.
El patio donde estoy tiene ese aire muy veneciano: arcos de medio punto abajo y esa sensación de plaza porticada que se abre directamente al embarcadero. Te giras y podrías estar esperando que aparezca una góndola, pero lo que llega son ferris y hielo.

La torre, además, está claramente emparentada con el campanile de San Marcos, solo que coronada por las Tres Coronas doradas de Suecia, para que no haya dudas de quién firma el skyline.

Y luego está la obsesión material. El ayuntamiento está construido con unos ocho millones de ladrillos rojos, de los cuales cerca de un millón se hicieron a mano, precisamente para conseguir esta textura vibrante, nada uniforme, que ves en fachada: el típico ladrillo de monasterio nórdico, colocado alternando testas y tizones para que el muro nunca sea del todo plano ni del todo predecible.

Ragnar Östberg era bastante maniático con la textura: quería que el edificio, visto de cerca, tuviera una piel casi viva, con pequeñas variaciones en cada pieza.
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