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Feb 27, 2022 46 tweets 12 min read Read on X
Apocalypse Now es una obra maestra del cine. Un viaje al corazón del horror basado en la novela de Joseph Conrad.

Pero, ¿y si también fuese el remake de una peli FAMOSÍSIMA, y Copolla nos lo hubiera enseñado a la cara sin que nos diésemos cuenta?

Acompañadme a descubrirlo 🧵⬇️
A principios de los 70 (con la guerra en marcha), John Milius escribió un guion adaptando la novela "El Corazón de las Tinieblas" de Joseph Conrad, en el que trasladaba la acción del centro de África a la guerra de Vietnam.
En el 74, Francis Ford Coppola compró los derechos del guion y, en el 76, comenzó la filmación en Camboya.
El rodaje duró más de dos años, multiplicó por 5 el presupuesto inicial y volvió loco a la mitad del equipo.
Más allá de esas, ejem, "cosillas", la peli es una obra de arte y adapta de manera más o menos fiel fiel a la novela de Conrad.
El protagonista de Apocalypse Now es el Capitán Willard: un hombre harto de todo, alcohólico y con tendencias suicidas al que le encomiendan la búsqueda del Coronel Kurtz, un desertor enloquecido que ha montado un mini-imperio sangriento en lo alto del río Nùng.
Willard llega a su misión montado en una tempestad de napalm propulsada por Wagner y los helicópteros del 9º Regimiento de Caballería, al mando del Coronel Kilgore.
Una vez aterrizado en la desembocadura del río, Willard conoce a los compañeros que le acompañáran en su viaje.

Lance, un campeón de surf que no se atreve a surfear con el tarao de Kilgore entre las bombas, aunque luego se pone a hacer esquí acuático en medio del río.
Mr. Clean, un soldado jovencísimo y algo descerebrado que se pone a bailar el Satisfaction de los Stones en medio de la barcaza.
Chief, el alma de la misión y capitán de la patrullera en la que viajan. Adora a su barco aunque, en realidad, es poco más que cuatro latas en medio del río.
Y Chef, un veterano cuyo corazón ya no resiste lo que le rodea y está constantemente horrorizado.
Tras una travesía terrible en la que se encuentran con emboscadas y desvíos bastante lisérgicos, Willard llega a ese pequeño imperio que ha montado el Coronel Kurtz, ya al otro lado de la frontera con Camboya.
Y allí descubre, que ese semidios que se suponía que era Kurtz, en realidad, solo es un hombre destruido por el horror de la guerra.
(Espera).
(No, en serio. Espera, espera un momento).
Un protagonista harto de todo, que llega montado en una tempestad, al que acompañan un descerebrado, un campeón cobarde pero no, un tipo con corazón y otro con alma que vive dentro de una lata.

Que van en busca de un hombre muy poderoso, pero en realidad solo es un hombre...
...que vive en una ciudad de color verde esmeralda...
...a la que han llegado
por
un
camino
amarillo.
Exacto.
(Pausa).
La tempestad de El Mago de Oz y la tempestad de Apocalypse Now.
El descerebrado.
El campeón cobarde (pero no)
El hombre de hojalata que, en Apocalypse Now sería la fusión de tres personajes: Chief, Chef y el barco.
Ah, y Dorothy.
Por cierto, que las similitudes entre Dorothy y Willard no se quedan en los personajes.
Martin Sheen era alcohólico cuando rodó Apocalypse Now y Judy Garland ya era adicta a los barbitúricos durante el rodaje de El Mago de Oz.

Y eso que solo tenía 17 años.
(Adicción que comenzó con solo 10 años, obligada por sus padres y los estudios de Hollywood para "conservar su peso". Luego también acabó siendo alcohólica).
Y hablando de ser muy joven, Mr. Clean era *realmente* joven. Larry Fishbourne solo tenía 14 años cuando se presentó al casting (mintió sobre su edad) y terminó el rodaje con 18 recién cumplidos.
Por cierto, aunque no está claro y nadie lo dice así, me pregunto si el Coronel Kilgore es la Bruja del Este. Por posición en la cronología de la peli y enloquecimiento generalizado, podría serlo perfectamente.
Ah, y aunque ambas pelis recibieron seis candidaturas (incluída Mejor Película), ambas ganaron solo dos premios Óscar.

Entre ellos a Vittorio Storaro por la deliciosamente artificial fotografía que convierte el horror de la guerra en un espectáculo lisérgico e imposible.
(Y sí, se escribe *Coppola*. Mi dislexia tampoco sabe surfear).
Ale, ya sabéis, si os ha gustado esta historieta extra, acordaos de darle RETUIT al hilo, y así os contaré más historietas extra los domingos (o al menos, algunos domingos 😬).

Por cierto, la teoría de El Mago de Oz, no es solo mía, ha aparecido en algún texto y crítica más, y el propio Coppola la cita en el documental que rodaron para la versión Redux en 2001.
De hecho, hay un corto de 2006 llamado Apocalypse Oz, que hibrida las dos historias.

imdb.com/title/tt080182…
Y ahora, unas pequeñas notas sobre el propio hilo (no sobre la historia).

1. He hecho tres trampas (en realidad, cuatro, pero la cuarta no la voy a revelar).
He retocado la temperatura y el tono de la imagen del esquí náutico y el campamento de Kurtz para llevarlas a mí terreno. (Las originales no son ni tan amarilla ni tan verde).
Y la tercera trampa está en el primer tuit del hilo.

Esta imagen no es de Apocalypse Now. Es un montaje moderno bastante artificial.
¿Por qué he usado un montaje artificial en vez de, por ejemplo, el cartel de la peli?

Pues porque este rojo del original tiene menos que ver con el verde y amarillo de mi historia (y con el verde y amarillo del Technicolor de El Mago de Oz).
Además, ese montaje del primer tuit también habla de la artificiosidad de esta historia. Porque, aunque Coppola la cita y varios la recogemos, en realidad no deja de ser un camino por el que, los que contamos una historia, queremos llevar quienes la leen.
Porque las historias son siempre caminos creados. Caminos artificiales. Y en Tuiter, cuando los creamos, esos caminos permiten hacer lo que se quiera con ellos.

También escribir una frase en la que cada palabra es un tuit.

Al fin y al cabo, un hilo no es más que un camino de tuits.

Y los tuits son sus baldosas (amarillas).
Ah, una última corrección, Apocalypse Now se rodó en Filipinas, no en Camboya.

Aparentemente, Coppola pensó en rodar en Camboya inicialmente pero al final, por razones obvias, se rodó en un sitio más tranquilo.
(Por lo visto, también se rodaron escenas en la República Dominicana, pero yo no sé identificar cuáles son).

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Feb 1
En 1990, unas inundaciones asolaron Japón. Murieron 14 personas.

El país no podía arriesgarse a que se repitiesen en una zona urbana tan poblada como Tokio, así que construyeron una maravilla: La Catedral de las Tormentas.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos.

🧵⤵️ Image
Como habréis podido comprobar, llevamos un mes largo con varios episodios de lluvias. Lo "bueno" es que las lluvias de invierno suelen ser sostenidas y no torrenciales.

Como desgraciadamente sabemos, las jodidas son las torrenciales, las que descargan mucho en poco tiempo.
Idealmente, la mejor solución para absorber este tipo de inundaciones sería tener unas ciudades más porosas. Que permitiesen un drenaje más eficaz y más natural.
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Jan 16
¿Creéis que vuestro casero es chungo?

Pues en la Irlanda del XIX hubo un casero TAN CHUNGO que su apellido se convirtió en un verbo que significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".

Os lo cuento en #LaBrasaTorrijos
🧵⤵️ Image
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En 1854, un joven inglés llamado Charles Cunningham se trasladó a la isla de Achill, al oeste de Irlanda. Hijo de familia pudiente, salía de una carrera militar fallida y llegaba a las verdes tierras de Éire dispuesto a ser un hombre rico y de provecho. Image
En esa época, Irlanda vivía una situación bastante peluda: acababa de salir de la Gran Hambruna del 45, que había diezmado a la población, bien llevándola a los camposantos, bien obligándola a emigrar.

Por tanto, las verdes tierras de cultivo eran un bien muy preciado. Image
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Jan 9
El Helicoide de Caracas es un resumen construido de la historia de Venezuela.
Un centro comercial nacido para un futuro motorizado y voraz, que se recorrería en coche —sin bajarse de él— pero acabó convertido en prisión.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos 🧵⤵️ Image
Hay edificios que nacen con vocación de sistema. Aspiran a ser algo más que contenedores de actividad humana y se comportan como diagramas del mundo, como máquinas ideológicas disfrazadas de hormigón.

El Helicoide nació con esa aspiración.
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Un laboratorio del petróleo que parecía querer ahogar el miedo pisando el acelerador. Literalmente. Image
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Dec 7, 2025
El Cementerio de los Ingleses es un pequeño recinto tapiado frente a los acantilados de Camariñas, en A Coruña.

Pero ¿y si allí estuviese enterrado Jack el Destripador? (Y no, no es descabellado).

Esta es una historia de naufragios y patrimonio, en #LaBrasaTorrijos
🧵⤵️
Plymouth, 8 de noviembre de 1890. Un hombre sube al "HMS Serpent" como quien acepta una sentencia cuyo contenido desconoce pero cuyo peso reconoce al instante. Image
@DACTurismo El nombre que dio —Arthur, James, William, el que fuese— quedó casi disuelto en la humedad del muelle porque lo pronunció demasiado bajo, evitando el cruce de miradas con el oficial que anotaba en un registro ya curvado por la lluvia. Image
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Dec 1, 2025
Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ.

Pero también esconden una historia. Una historia de amor por los servicios públicos, por las infraestructuras públicas, por la gente que las construye y por la gente que las usa cada día:

La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil.

Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista?

La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana.

Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo.

Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes.

Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.Image
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La línea azul es el ejemplo más evidente. Basta bajar desde T-Centralen para entenderlo: la bóveda, pintada de azul profundo, conserva la piel rugosa de la roca. Tiene algo de caverna prehistórica, pero intervenida con brochazos gigantes. Parece la obra de un pintor expresionista que hubiera vivido aquí encerrado con un cubo de acrílico y demasiadas horas de invierno.

Además, en esa bóveda aparecen siluetas de obreros: un homenaje directo a los trabajadores que construyeron la red hace 75 años y que la mantienen cada día.

Tres cuartos de siglo de ciudad subterránea.
Sigue uno bajando por la línea y llegas a Solna Centrum, la estación más fotografiada de Suecia (y probablemente una de las más fotografiadas del mundo). Un túnel rojo, intensamente rojo, un rojo que no te abraza sino que te engulle.

Parece una bajada al infierno, sí, pero es un infierno con una intención: el mural, pintado en 1975, denuncia la deforestación sueca. El rojo del cielo frente al verde de los bosques como un aviso urgente en un país que hoy presume de sostenibilidad, pero que lleva décadas pensando en estas cosas.

Estando allí me pregunté si hoy ese mural se lee de otra manera. Si ya no habla solo de árboles sino del planeta entero.
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Nov 27, 2025
Estoy en Estocolmo, moviendo las manos porque hace tres grados bajo cero, y esto que tengo detrás es el ayuntamiento, el Stadshuset.

Visto así, con su ladrillo rojo, su torre alta y esta logia abierta al agua, parece un edificio medieval, casi un híbrido entre castillo nórdico y palacio veneciano. Podría colar como gótico italiano, o como algo que te encontrarías entrando en la plaza de San Marcos por la puerta equivocada.

Pero la gracia es precisamente que no es medieval en absoluto.
Es un edificio del siglo XX: se construye entre 1911 y 1923, lo diseña el arquitecto Ragnar Östberg y es uno de los grandes ejemplos del Romanticismo Nacional sueco, una arquitectura que mezcla referencias históricas con una idea muy moderna de lo que debe ser un edificio público.

Por eso está aquí, pegado al agua. Si esto fuera de verdad un ayuntamiento medieval, lo lógico es que estuviese bien adentro del casco antiguo, protegido por murallas, alejado de cualquier ataque por mar. Pero, en los años veinte, Suecia ya no está pensando en cañones y asedios: está pensando en democracia, administración y ciudad abierta.

El Stadshuset se coloca en la punta de Kungsholmen, justo donde el lago Mälaren se abre hacia el archipiélago que conecta con el Báltico. Es un gesto urbano clarísimo: el poder municipal se asoma al agua porque el agua es lo que organiza Estocolmo.
El patio donde estoy tiene ese aire muy veneciano: arcos de medio punto abajo y esa sensación de plaza porticada que se abre directamente al embarcadero. Te giras y podrías estar esperando que aparezca una góndola, pero lo que llega son ferris y hielo.

La torre, además, está claramente emparentada con el campanile de San Marcos, solo que coronada por las Tres Coronas doradas de Suecia, para que no haya dudas de quién firma el skyline.

Y luego está la obsesión material. El ayuntamiento está construido con unos ocho millones de ladrillos rojos, de los cuales cerca de un millón se hicieron a mano, precisamente para conseguir esta textura vibrante, nada uniforme, que ves en fachada: el típico ladrillo de monasterio nórdico, colocado alternando testas y tizones para que el muro nunca sea del todo plano ni del todo predecible.

Ragnar Östberg era bastante maniático con la textura: quería que el edificio, visto de cerca, tuviera una piel casi viva, con pequeñas variaciones en cada pieza.
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