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Jun 23, 2022 46 tweets 16 min read Read on X
En Burdeos hay una obra maestra de la arquitectura. Una casa flotante diseñada para alguien que no podía caminar.

Pero quien más la conoció no fue su dueño, fue una mujer extremeña que llevaba una fregona.

En #LaBrasaTorrijos de hoy: ¿Quién limpia la arquitectura moderna?

🧵⤵️ ImageImageImage
(Se recomienda la lectura del episodio de hoy acompañada de la siguiente banda sonora).

open.spotify.com/track/2zW3TVxN…
La modernidad nos ha regalado algunos de los espacios más formidables de la historia de la arquitectura.

Todos nos extasiamos antes las vistas sobre Los Ángeles de la Casa Stahl o el delicadísimo interior a doble altura de la Casa Fisher. ImageImage
Sí, es perfectamente normal que estas obras nos flipen a los arquitectos.

Ahora bien, no es infrecuente que ante este tipo de fotos, alguien diga: "Sí, sí, muy bonito, pero ¿esto quién lo limpia?"

Y ese alguien tiene razón. Tiene toda la razón.
(También es cierto que en las visitas al Palacio de Versalles casi nadie se pregunta quién lo limpia, pero esa es otra historia que quizá contaremos en otra ocasión).
El caso es que hay algunas obras en las que el arquitecto sí ha pensado en las personas que van a limpiar su edificio.

Lo hizo Oiza con las pasarelas exteriores de la torre del BBVA que, además, construyen estética de fachada y generan el carácter del edificio. Image
Pero otras veces ha habido que hacer "remiendos", como la pasarela externa que los últimos dueños colocaron a la Casa Stahl, porque si no, no había manera de limpiar esos preciosos vidrios que miran sobre L.A. Image
Y también hay obras maestras donde lo de limpiar, pues, en fin, se ha quedado como cosa platónica flotando en el limbo.

Es el caso de la Casa en Burdeos de Rem Koolhaas / OMA. Image
Terminada en 1998, la Casa en Burdeos es un prodigio.

Una planta superior con los dormitorios, muy compartimentada y muy "pesada", que flota con todo ese peso sobre una planta totalmente diáfana.

Abajo, una planta semienterrada que abre al jardín. Image
Para que, efectivamente, esa planta intermedia del salón sea completamente libre y sin pilares, la estructura se sujeta en solo tres soportes.

Uno es exterior y otro está camuflado en la escalera de caracol, que además es excéntrica, así que la planta superior "volcaría". ImageImageImage
Así que para que no vuelque, Koolhaas no coloca un cuarto soporte, sino que sujeta el vuelco con un tirante anclado al suelo.

Y como el cable es muy fino, desde la planta principal no hay ninguna interrupción visual. Solo hay vistas. ImageImageImage
Además, los pequeños ojos de buey abocinados de la planta superior no son azarosos, sino que están calculados para ofrecer vistas desde las camas y otros puntos clave de la planta, como se ve en este dibujo.

(Un poco como la ventana desde la cama de Felipe II en El Escorial). Image
Y en el centro de todo, una máquina. Una habitación de 9m2 elevable mediante un mecanismo hidráulico.

Porque eso no es un ascensor.

Es un estudio, un despacho y hasta un dormitorio que recorre de arriba a abajo y de abajo a arriba TODO EL ESPACIO DE LA CASA. Image
En la planta baja forma parte de la cocina-comedor.

Cuando se posa en la principal forma parte del salón.

En la planta superior se convierte en un patio intrínsecamente unido al dormitorio principal. ImageImage
¿Y por qué esta voluptuosidad arquitectónica? ¿No era suficiente con las escaleras?

No, porque como adelanté en el primer tuit, el dueño de esa casa era un hombre que iba en silla de ruedas. Esa casa se construyó A MEDIDA y esa habitación elevable era el centro de su mundo. Image
Esa habitación que se deslizaba a lo largo de la enorme biblioteca vertical era su estudio. Era el lugar donde recibir a sus amigos.

Era un patio para tomar el sol de la mañana cuando se despertaba. Image
Sí, la Casa en Burdeos es una obra maestra de la arquitectura.

Quizá la mejor obra de Rem Koolhaas y una de las últimas grandes obras del siglo XX. Image
Pero ni la Casa en Burdeos ni Rem Koolhaas son los protagonistas de esta historia.
La protagonista de esta historia es una mujer nacida en un pueblo de Badajoz que pasó siete años recorriendo la casa cada día con una fregona, una aspiradora y bayetas.

Que la limpiaba y ordenaba de arriba a abajo.

Una mujer que conoció esa casa como nadie la ha conocido.
Esa mujer se llama Guadalupe Acedo.

Guadalupe emigró a Francia en los 60 junto a su marido Vincent, hijo de exiliados republicanos. Ambos eran del mismo pueblo: Esparragosa de la Serena.

Tras ser guardeses y empleados de mantenimiento en un castillo de la zona, en 2001 comenzaron a trabajar en la Casa en Burdeos.
Vincent se encargaba de los enormes jardines y el estanque y Guadalupe limpiaba y aspiraba y fregaba los cacharros y planchaba y ordenaba los muebles y los libros todas las semanas de lunes a viernes.

En esta imagen podemos verlos a los dos. Image
Por supuesto, nadie habría conocido a Guadalupe si en 2008, los cineastas Ila Bêka y Louise Lemoîne no hubieran estrenado el documental "Koolhaas Houselife", posiblemente la mejor película que se haya hecho jamás sobre arquitectura. Image
Y es la mejor no porque cuente la Casa en Burdeos, sino porque la cuenta en los ojos de Guadalupe.

Y a través ojos nos damos cuenta de que no hay manera de recoger esa preciosa cortina que separa la casa del exterior, así que Guadalupe se las apaña con un cinturón viejo... ImageImage
...que con un cubo de la fregona y la aspiradora NO SE CABE POR LA ESCALERA DE CARACOL.

Solo con la aspiradora. ImageImage
Y cuando ya has aspirado, tienes que bajar la aspiradora a la planta baja y coger la fregona y hacer equilibrios en esos peldaños triangulares tan bonitos PERO SIN BARANDILLA. Image
Y que el hormigón de la escalera expuesta está empezando a abrirse y ve la ferralla. Y que en el intersticio entre dos dormitorios se cuela la lluvia. Y que por los huecos del hormigón hay fugas y SE HA TENIDO QUE INVENTAR UN CAÑO CON UN VASO DE PLÁSTICO PARA QUE NO DAÑE EL MURO. ImageImage
Y que para ordenar los libros de esa preciosa estantería que cruza todo el espacio vertical, hay que subirse a la habitación-ascensor y ordenarlos EN MARCHA.

En serio.

Cuando preguntaron a Rem Koolhaas por el documental dijo que chocaban dos sistemas: "una concepción platónica de la limpieza con una concepción platónica de la arquitectura".

No me jodas, Rem. No me jodas.
Vale que en la casa hay un montón de destilaciones del ideal arquitectónico, pero lo de la concepción platónica de la limpieza se lo dices a Guadalupe cuando veas que no cabe por la escalera con una fregona y una aspiradora.
Directamente emparentado con "Mi Tío" de Jacques Tati (a quien rinde un claro homenaje), Koolhaas Houselife es divertidísima y, aunque no es explícitamente reivindicativa, reivindica algo que para mí es capital.

Que la arquitectura *no existiría* sin las personas que la limpian.
Que las casas, los edificios, las ciudades, la sociedad. Nada existiría sin todas esas personas que limpiamos nuestro baño y pasamos la aspiradora por nuestra casa, por supuesto.

Pero tampoco sin todas esas personas que limpian y hacen las camas de los hoteles.
Nada existiría sin las personas que limpian los vidrios de los rascacielos y las que aspiran los museos y las que reparan los ascensores y las que riegan los parques y podan los árboles.

Porque todas esas personas son la primera línea de defensa por la belleza de nuestro mundo. Image
Porque quien mejor conoce su casa no siempre es quien tiene su nombre en la escritura de propiedad.

La persona que conoce de verdad una casa es quien la recorre cada día. Quien la limpia, quien la guarda. Como dicen en inglés: the caretaker.

La persona que la cuida. Image
Si os ha gustado el episodio de hoy, hacedme RT al hilo, FAVs, follows o compradme un robot para los cristales, que he visto que los hay!

Y si os gustan las historias como esta, TERRITORIOS IMPROBABLES es el libro de #LaBrasaTorrijos, y allí me he guardado las mejores.

Lo podéis pedir en todas las librerías y en los sitios online habituales: tap.bio/pedrotorrijos

Y es el libro perfecto para el verano! Image
❤️Ah, y también podéis pasaros por mi IG, donde estoy contando historias chulas en otro formato: instagram.com/p/CfET-5uNoMg/ ImageImage
Las imágenes del capítulo de hoy son de:

Hans Verlemann/OMA, Bêka & Lemoîne, Petra Blaisse, Julius Schulmann, forgemindarchimedia y Luis García.
#LaBrasaTorrijos se escribe en directo todos los jueves desde el soleado barrio de Villaverde.

(Fin del HILO 🧹🏡❤️)
(Y en el episodio de #LaBrasaTorrijos del próximo jueves, que será el último de la temporada, vamos a viajar a un campo de fútbol donde lo mejor es que el balón no se te vaya fuera de banda) Image
LAS CODAS, LAS CODAS!

1. Si queréis verlo, "Koolhaas Houselife" se puede alquilar o comprar en Vimeo: vimeo.com/ondemand/koolh…
2. El otro nombre de la Casa en Burdeos es "Casa Lemoine", que era es el nombre del dueño: Jean-François Lemoine...

...sí, el padre Louise Lemoine, una de las directoras del documental.

O sea, que Louise sabía perfectamente de lo que hablaba cuando hizo la peli.
3. Cuando Jean-François encargó la casa a Koolhaas le dijo: "Al contrario de lo que podría creerse, no quiero una casa simple; quiero una casa compleja, muy compleja. Porque apenas voy a poder salir de ella. Esa casa va a ser mi mundo".
4. Jean-François murió en 2002 por complicaciones derivadas del accidente que le postró en la silla de ruedas. Solo cinco años desde que inauguró la casa. Solo un año después de que Guadalupe comenzara a trabajar allí.
5. Aunque Guadalupe ya lleva siete años trabajando allí cuando se rueda el documental, y seis desde que murió el dueño, recuerda con mucho cariño a Jean-François (le messieur). "Ahora la casa es triste. Antes siempre había amigos y siempre había risas; ahora es mas triste".
El padre *DE* Louise Lemoine, que parece que era cura el señor.

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Feb 1
En 1990, unas inundaciones asolaron Japón. Murieron 14 personas.

El país no podía arriesgarse a que se repitiesen en una zona urbana tan poblada como Tokio, así que construyeron una maravilla: La Catedral de las Tormentas.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos.

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Como habréis podido comprobar, llevamos un mes largo con varios episodios de lluvias. Lo "bueno" es que las lluvias de invierno suelen ser sostenidas y no torrenciales.

Como desgraciadamente sabemos, las jodidas son las torrenciales, las que descargan mucho en poco tiempo.
Idealmente, la mejor solución para absorber este tipo de inundaciones sería tener unas ciudades más porosas. Que permitiesen un drenaje más eficaz y más natural.
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Jan 16
¿Creéis que vuestro casero es chungo?

Pues en la Irlanda del XIX hubo un casero TAN CHUNGO que su apellido se convirtió en un verbo que significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".

Os lo cuento en #LaBrasaTorrijos
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En 1854, un joven inglés llamado Charles Cunningham se trasladó a la isla de Achill, al oeste de Irlanda. Hijo de familia pudiente, salía de una carrera militar fallida y llegaba a las verdes tierras de Éire dispuesto a ser un hombre rico y de provecho. Image
En esa época, Irlanda vivía una situación bastante peluda: acababa de salir de la Gran Hambruna del 45, que había diezmado a la población, bien llevándola a los camposantos, bien obligándola a emigrar.

Por tanto, las verdes tierras de cultivo eran un bien muy preciado. Image
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Jan 9
El Helicoide de Caracas es un resumen construido de la historia de Venezuela.
Un centro comercial nacido para un futuro motorizado y voraz, que se recorrería en coche —sin bajarse de él— pero acabó convertido en prisión.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos 🧵⤵️ Image
Hay edificios que nacen con vocación de sistema. Aspiran a ser algo más que contenedores de actividad humana y se comportan como diagramas del mundo, como máquinas ideológicas disfrazadas de hormigón.

El Helicoide nació con esa aspiración.
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Un laboratorio del petróleo que parecía querer ahogar el miedo pisando el acelerador. Literalmente. Image
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Dec 7, 2025
El Cementerio de los Ingleses es un pequeño recinto tapiado frente a los acantilados de Camariñas, en A Coruña.

Pero ¿y si allí estuviese enterrado Jack el Destripador? (Y no, no es descabellado).

Esta es una historia de naufragios y patrimonio, en #LaBrasaTorrijos
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Plymouth, 8 de noviembre de 1890. Un hombre sube al "HMS Serpent" como quien acepta una sentencia cuyo contenido desconoce pero cuyo peso reconoce al instante. Image
@DACTurismo El nombre que dio —Arthur, James, William, el que fuese— quedó casi disuelto en la humedad del muelle porque lo pronunció demasiado bajo, evitando el cruce de miradas con el oficial que anotaba en un registro ya curvado por la lluvia. Image
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Dec 1, 2025
Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ.

Pero también esconden una historia. Una historia de amor por los servicios públicos, por las infraestructuras públicas, por la gente que las construye y por la gente que las usa cada día:

La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil.

Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista?

La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana.

Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo.

Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes.

Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.Image
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La línea azul es el ejemplo más evidente. Basta bajar desde T-Centralen para entenderlo: la bóveda, pintada de azul profundo, conserva la piel rugosa de la roca. Tiene algo de caverna prehistórica, pero intervenida con brochazos gigantes. Parece la obra de un pintor expresionista que hubiera vivido aquí encerrado con un cubo de acrílico y demasiadas horas de invierno.

Además, en esa bóveda aparecen siluetas de obreros: un homenaje directo a los trabajadores que construyeron la red hace 75 años y que la mantienen cada día.

Tres cuartos de siglo de ciudad subterránea.
Sigue uno bajando por la línea y llegas a Solna Centrum, la estación más fotografiada de Suecia (y probablemente una de las más fotografiadas del mundo). Un túnel rojo, intensamente rojo, un rojo que no te abraza sino que te engulle.

Parece una bajada al infierno, sí, pero es un infierno con una intención: el mural, pintado en 1975, denuncia la deforestación sueca. El rojo del cielo frente al verde de los bosques como un aviso urgente en un país que hoy presume de sostenibilidad, pero que lleva décadas pensando en estas cosas.

Estando allí me pregunté si hoy ese mural se lee de otra manera. Si ya no habla solo de árboles sino del planeta entero.
Read 13 tweets
Nov 27, 2025
Estoy en Estocolmo, moviendo las manos porque hace tres grados bajo cero, y esto que tengo detrás es el ayuntamiento, el Stadshuset.

Visto así, con su ladrillo rojo, su torre alta y esta logia abierta al agua, parece un edificio medieval, casi un híbrido entre castillo nórdico y palacio veneciano. Podría colar como gótico italiano, o como algo que te encontrarías entrando en la plaza de San Marcos por la puerta equivocada.

Pero la gracia es precisamente que no es medieval en absoluto.
Es un edificio del siglo XX: se construye entre 1911 y 1923, lo diseña el arquitecto Ragnar Östberg y es uno de los grandes ejemplos del Romanticismo Nacional sueco, una arquitectura que mezcla referencias históricas con una idea muy moderna de lo que debe ser un edificio público.

Por eso está aquí, pegado al agua. Si esto fuera de verdad un ayuntamiento medieval, lo lógico es que estuviese bien adentro del casco antiguo, protegido por murallas, alejado de cualquier ataque por mar. Pero, en los años veinte, Suecia ya no está pensando en cañones y asedios: está pensando en democracia, administración y ciudad abierta.

El Stadshuset se coloca en la punta de Kungsholmen, justo donde el lago Mälaren se abre hacia el archipiélago que conecta con el Báltico. Es un gesto urbano clarísimo: el poder municipal se asoma al agua porque el agua es lo que organiza Estocolmo.
El patio donde estoy tiene ese aire muy veneciano: arcos de medio punto abajo y esa sensación de plaza porticada que se abre directamente al embarcadero. Te giras y podrías estar esperando que aparezca una góndola, pero lo que llega son ferris y hielo.

La torre, además, está claramente emparentada con el campanile de San Marcos, solo que coronada por las Tres Coronas doradas de Suecia, para que no haya dudas de quién firma el skyline.

Y luego está la obsesión material. El ayuntamiento está construido con unos ocho millones de ladrillos rojos, de los cuales cerca de un millón se hicieron a mano, precisamente para conseguir esta textura vibrante, nada uniforme, que ves en fachada: el típico ladrillo de monasterio nórdico, colocado alternando testas y tizones para que el muro nunca sea del todo plano ni del todo predecible.

Ragnar Östberg era bastante maniático con la textura: quería que el edificio, visto de cerca, tuviera una piel casi viva, con pequeñas variaciones en cada pieza.
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