—¡Quemen todas las copias! ¡Apresen a ese hombre!— dijo el Arzobispo de Canterbury cuando leyó por primera vez la nueva impresión de la Biblia que le acababa de presentar Robert Barker, Impresor de la Corona Británica.
Era 1631 y el asunto era MUY serio.
Habían pasado ya dos siglos desde que Gutenberg crease el artefacto más importante de los últimos mil años: la imprenta. Gracias al invento, el conocimiento podía expandirse por el mundo.
Y en esa época, el conocimiento era, sobre todo, la Biblia.
De hecho, se dice que, incluso en la actualidad, la Biblia es el libro más impreso en todo el mundo. Pero claro, en el siglo XVII, imprimir la Biblia significaba mucho más. Significaba estatus y poder.
Y también significaba mucha pasta.
Los impresores eran gente que hacía mucho dinero, más aún si se trataba de impresores con acuerdos con la Corona, pues eso les garantizaba que sus tiradas siempre se iban a agotar.
Por eso, cuando Robert Barker y Martin Lucas llegaron al cargo de Impresores Reales, sabían que su destino iba a cambiar...
...aunque no cómo ellos pensaban.
Su primer encargo desde la Corona fue una nueva impresión de la Biblia del Rey Jacobo, la Biblia autorizada por la Iglesia Anglicana.
Por supuesto, el encargo venía con muchas condiciones, la más importante era que fuese escrupulosamente fiel a la versión original de 1611.
Barker y Lucas se pusieron manos a la obra y, tras meses de durísimo trabajo, de repasar y repasar y repasar las planchas, entregaron a la Corona 400 copias de su nueva y flamante Biblia.
Pero cuando el libro llegó a los ojos del rey Carlos I, todo se fue a la mierda.
En el Éxodo 20:14, o sea, en los Diez Mandamientos, además de "No matarás", "No robarás" y otros siete habituales, el Sexto Mandamiento rezaba: "COMETERÁS ADULTERIO".
Así, a la brava.
Pero aún había más, en el Deuteronomio 5, donde debería decir: "Behold, the Lord our God hath shewed us his glory and his greatness", lo que ponía era "Behold, the Lord our God hath shewed us his glory and his great-asse"...
...o sea:
"CONTEMPLAD A DIOS NUESTRO SEÑOR EN SU GLORIA Y EN SU CULO GORDO".
Ole, además de blasfemia, cachondeito.
En realidad, ninguno de esas dos blasfemias era intencionadas, claro, eran erratas. Pero eso importó poco al rey Carlos y a George Abbot, Arzobispo de Canterbury, quienes pillaron un cabreo monumental.
(Abbot lleva las mangas del finlandés de Euurovisión)
Tan monumental que llevaron a juicio al impresor Robert Barker, acusándole de una gravísima falta de cuidado en tarea tan importante como la que se le había encomendado.
El juicio fue bastante pantomima y, al final, a Barker le retiraron la licencia de impresor y le condenaron a una multa de 300 libras (aproximadamente un millón de euros en la actualidad).
La multa era tan fuerte que Barker acabó ingresando en prisión por las deudas, donde murió en 1643.
Y mira que las erratas son algo que nos jode a los escritores y a las editoriales, pero al menos no nos llevan a la cárcel por ellas.
(¿Pero seguro que fueron erratas?)
Sí, es cierto que en esa época, las erratas eran mucho más comunes que ahora pero, si bien la de "Cometerás adulterio" es explicable porque solo faltaba la palabra "No", la del culo gordo es mucho más dudosa.
Tan dudosa que estudiosos contemporáneos creen que no fue una errata, sino un sabotaje.
Lo dije antes, ser Impresor Real era un trabajo muy lucrativo y muy codiciado, así que se cree que fue un impresor rival quien se infiltró en la imprenta de Barker y cambió las planchas.
Sea como fuere, y pese a los esfuerzos de la Corona Británica, no se destruyeron todas las copias de la Biblia Malévola (Wicked Bible), que es como se la empezó a conocer en el siglo XIX, por su historia, digamos, blasfema y malévola.
Han aparecido varios ejemplares a lo largo de los siglos, que se conservan como oro en paño y que llegan a subastarse por cantidades astronómicas.
El último de ellos apareció en Nueva Zelanda el mismo año pasado, por cierto.
Y si lo pensáis, es una putada para la memoria del pobre Robert Barker que la Biblia que acabó arruinándole y llevándole al trullo sea ahora un objeto de coleccionista que hace ricos a quienes se lo encuentran.
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(Fin del HILO 📖✝️👿)
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A la izquierda, un penne rigate. A la derecha,
una estructura de acero.
Aparentemente estas dos cosas no tienen nada que ver pero, ¿sabíais que el sabor de la pasta y la resistencia al fuego del acero se rigen EXACTAMENTE por el mismo principio?
Veníos y os lo cuento.
🧵⤵️
Todos sabemos que, en general, hay dos tipos de pasta: la pasta fresca y la pasta seca.
Pero dentro de la pasta seca hay UN HUEVO de variedades que se distinguen esencialmente por la forma: penne, spaghetti, farfalle, espirales, tallarines...you name it.
Si le decís esto a un italiano, probablemente os pegará una patada en el pecho, pero más allá de textura y dente, todas esas variedades saben igual porque tienen la misma composición.
Cuando Brunelleschi comenzó la cúpula de Santa María del Fiore en Florencia, nadie confiaba en que lo lograría. No se podía sostener, era demasiado difícil.
Tan difícil que, aún hoy, su construcción es el mayor misterio de la arquitectura.
No me suelo meter en estas movidas (eso se lo dejo a @elbarroquista 😁) pero hay MUCHAS historias de gente negra que molaría mucho ser contadas sin recurrir a anzuelos un poco chuscos como este.
Lo más probable es que Cleopatra fuese blanca, porque era Ptolemaica, o sea, de descendencia griega.
Por otro lado, el etnocentrismo estadounidense y ese intento de compensar las atrocidades que cometieron con el África Occidental hace que consideren al continente como una especie de realidad uniforme, y ya deberíamos saber todos que África no es un país.