A Charlie Kirk muy probablemente lo haya matado otro militante de la extrema derecha pero de una facción distinta. En Estados Unidos operan cientos de grupos paramilitares de extrema derecha muy violentos. Algunos tienen por objetivo provocar la «RaHoWa», o «guerra santa racial»,
una guerra civil entre grupos étnicos en suelo estadounidense. Ese hipotético escenario de armagedón, descrito en la novela neonazi canónica «The Turner Diaries», les permitiría hacer una purga y tomar por las armas el poder político en algunas áreas ante el desborde del Estado.
(Nota: en la novela citada el término empleado es «Day of the Rope», que se ha traducido al español con el eufemístico «El día de la risa», una expresión reciente del argot neonazi en redes sociales. Os invito a chequearlo en el buscador de X).
Sigamos.
La hipótesis estratégica de la guerra civil racial gana fuerza al calor de la administración de Trump, que ya enfrentó la oleada de disturbios por el asesinato de George Floyd en su primer mandato.
En este segundo gobierno, Trump se ha propuesto puentear
a gobernadores de estados y alcaldes en las competencias de inmigración y seguridad ejerciendo su poder federal sobre la ICE, la Guardia Nacional, los marines y el MPD, como hemos visto durante la última campaña de deportación masiva y el despliegue policial en Washington.
En este clima de rearme autoritario y presidencialista del Gobierno federal frente a los estados y los municipios, los escuadristas y grupos paramilitares fascistas y neonazis tal vez se planteen desarrollar la clásica «estrategia de la tensión», es decir,
atentados terroristas, en ocasiones de falsa bandera (así lo han reconocido sus propios perpetradores en Italia y… Montejurra), para justificar la intervención policial y militar en la represión de un estallido social.
Este modus operandi no es nuevo: viene de la Gladio.
Acelerar las tensiones sociales hacia esos choques —que a la vista se demuestran nada espontáneos— es lo que ha buscado siempre la extrema derecha desde los pogromos por el caso Dreyfus, pasando por los linchamientos del Ku Klux Klan, hasta las cacerías racistas en Torre-Pacheco.
El asesinato de Charlie Kirk podría atender a las tesis descritas en este hilo.
Cierro con una recomendación: «Aceleracionismo y extrema derecha: Hacia una nueva oleada terrorista» (2021), un libro escrito por policías y militares sobre los grupos armados que he mencionado.
¡Vaya…!
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Ni antifa ni trans: el asesino de Charlie Kirk pertenece a los Groypers, un movimiento de extrema derecha encabezado por el propagandista Nick Fuentes, y todo apunta a que la motivación era justo lo que expliqué en mi hilo sobre el aceleracionismo.
El facherío español (como el tuitero de Vox @Espball) no ha tardado en utilizar los mensajes que Tyler Robinson escribió en los cartuchos («O Bella Ciao», «Hey fascist! Catch!») para acusarlo de antifascista y «rojo».
En este hilazo se explica su significado para los Groypers.
Los Groypers tenían en el punto de mira a Charlie Kirk y su organización, Turning Point USA, por lo que consideran diferencias ideológicas pronunciadas.
Quizá por eso mismo “La Ola” falla en advertir que el fascismo es un proceso social que se da en un periodo histórico y entre unos sujetos concretos, y no una tribu urbana juvenil que se pone o pasa de moda.
Hace dos años la vimos en clase y pensé… (hilo en el siguiente tuit)
La fascistización de la sociedad española tomará la forma de tu tía abuela Rosarito, la que manda por el grupo de tu familia un GIF de buenos días con Las Supernenas pero se deshace en una vorágine pidiendo mano dura contra m0r0s y gitanos en el grupo de Facebook de la pedanía.
Estudiar e ir a la escuela aburre porque se siente una obligación —de hecho, lo es en casi todo el mundo por ley—, pero qué distinto sería si la institución educativa no fuera la fábrica de obreros, con sus ritmos industriales, su contabilidad del tiempo, sus notas numéricas…
Fantaseo con una escuela utópica desde el total convencimiento que me da haber sufrido el sistema educativo primero como alumno y ahora como docente y concebirlo como un aparato de reproducción de orden social alienante y opresivo.
Aunque yo no lo quiera, aunque invite a mi alumnado a transformar el aula y adoptar nuevas dinámicas de enseñanza-aprendizaje, el propio alumnado me exige convertirme en el capataz de una planta industrial; es la única relación social que conocen y en la que se sienten bien.
El concepto de “settler colonialism” es clave para entender qué pasa en Gaza y Cisjordania. No es sometimiento sin más de la población colonizada para su sobreexplotación con mano de obra barata, sino su total exterminio y expulsión.
👇 Artículo donde se exponen argumentadamente las tesis que sostienen la afirmación de que el etnoestado israelí tiene como fin último la expulsión total del pueblo palestino.
Chiquita posición de mierda la de la progresía socdem ante las guarimbas cayetanas y neonazis: “Quieren ganar en las calles lo que perdieron en las urnas”. ¿Hay acaso postura más reaccionaria que la de criminalizar la movilización, la herramienta política del movimiento obrero?
Afirmar eso es, además, falso. No necesitan ganar nada en las calles, porque los sectores más reaccionarios de los aparatos del Estado nunca pierden en las urnas. Lo de Ferraz es un simulacro de rebeldía de cuatro niñatos de cole privado y sus perros de presa lumpen.
Es el “corrí delante de los grises” del facherío. Un poco de ruido y una batallita para hacerse los machos con Cova y Jime en Gunilla el jueves.
Para mancharse las manos de verdad, ya hay personajes más siniestros en la judicatura, la Guardia Civil, la Policía y el ejército.
Cada modo de producción, explica Marx, tiene sus propias leyes demográficas. La acumulación del capital produce una sobrepoblación obrera, un ejército industrial de reserva que es “condición de existencia” del capitalismo ya que proporciona “material humano explotable y siempre
disponible para las variables necesidades de valorización del capital”. Las filas de ese ejército las engrosan migrantes, jóvenes en paro, obreras precarias. La misma acumulación capitalista convierte a esas masas humanas en excedentarias.
Marx cuenta, con cierta sorna, que ni la diáspora irlandesa tras la Gran Hambruna —¡que diezmó la población absoluta la mitad!— no logró reducir, sin embargo, la sobrepoblación relativa de Irlanda, lo que contradiría las teorías malthusianas.