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Hablemos de hagiografía, de ruptura de roles de género e incluso de realidades trans medievales que se mostraban a través de las imágenes y de las historias de la cultura popular. Y todo ello además en el contexto de la severidad de un monasterio de la orden cluniacense.
Realmente, hasta los siglos finales de la Edad Media no contamos con mucha información sobre el funcionamiento de estos talleres, siendo muy difícil, por ejemplo, encontrar datos fiables en los siglos del románico.
Para ello nos vamos a trasladar al siglo XI, a una pequeña localidad alavesa llamada Batxikabo, conocida por su interesante templo renacentista y por su magnífico retablo fingido descubierto en una restauración reciente.
Posiblemente no conozcáis a Jantipa, y es que sólo ha pasado a la historia como una nota a pie de página dentro de la biografía de uno de los más importantes pensadores del canon de la Filosofía. Y es que Jantipa fue la esposa de Sócrates.
Uno de los tópicos más extendidos en torno al románico es la culpabilización de los cuerpos femeninos representados en este estilo. Parece que cada vez que una mujer se muestra en piedra o pigmento en una iglesia se interpreta automáticamente como el pecado o el mal.
Cuando se le pidió una declaración, ella explicó: “He intentado destruir la pintura de la más bella mujer en la historia de la mitología como una protesta contra el Gobierno por destruir a la Sra. Pankhurst, quien es la persona más hermosa de la historia moderna”.
En primer lugar veamos a qué se suele llamar la “Paz de Dios” en el románico. Se trata de una escena recurrente en algunos capiteles de iglesias en los que se representan dos caballeros cuya lucha es detenida por una figura mediadora que para a los contendientes en su ataque.
El cronista Esteban de Garibay (s.XVI) se refiere al s. XV como “el siglo de las mujeres improvisadoras”, y es uno de los primeros historiadores que nos habla de este arte de hacer poesía de las damas vascas.
Esta dama pariendo es una de las representaciones que nos encontramos en las célebres pinturas de Alaiza, en las que se nos muestran escenas de la vida cotidiana de la nobleza local del siglo XII.