Voy a hacer un hilo sobre un tema del que mucha gente habla sin conocer lo más mínimo y que cuando uno trata de explicárselo no lo lee nadie.
Y así siguen siendo ignorantes.
Para qué existen los diccionarios y qué es la Real Academia Española de la lengua.
Hay una confusión sobre qué es, qué hace y para qué sirve y para qué no la Real Academia Española (y todas las academias latinoamericanas del castellano).
El desprecio comenzó en los años 50 por el apoyo de la RAE a Franco y por su política conservadora y anticientífica.
Así como España cambió mucho luego de la muerte de Franco, también la RAE actual es otra.
Desde hace al menos 40 años, la academia de la lengua se encarga esencialmente de investigar sobre nuestro idioma, hacer el diccionario, despejar dudas de uso y de comprensión.
La RAE no legisla sobre el castellano.
Fundamentalmente no obliga a nadie a hablar de tal o cual manera (menos aún, porque así es "mejor" o suena "más bonito").
Pero mucha gente cree que la RAE es una especie de dictadura de viejos machistas (¡lo peor de lo peor!)
Es una pena que el prejuicio militante haga que muchísima gente se pierda de consultar y usar esa fuente de conocimientos sobre nuestro idioma que es la RAE.
Su gramática y sus diccionarios son excelentes. Y sus investigaciones sobre el castellano están a la vanguardia.
Una de las cosas que menos comprenden los militantes de lo políticamente correcto es el papel de los diccionarios.
Los diccionarios sirven para aclarar dudas sobre el significado de las palabras.
¿Cómo se sabe qué significa una palabra?
Por cómo se la usa, por su origen, por lo que se la hace decir según los contextos.
Todas esas variables (y otras más) están resueltas en un buen diccionario y te explican el sentido de la palabra de la que dudas.
Los diccionarios NO VALORAN los significados de las palabras.
No son tribunales ideológicos de limpieza moral.
Registran LOS USOS QUE LOS HABLANTES HACEN DE LAS PALABRAS.
Si los hablantes usan tal palabra para denigrar a un colectivo, el diccionario debe registrar ese uso (más aún, si hay mucha literatura -cientos, miles de libros- que registran ese uso).
Pero los militantes de lo políticamente correcto quieren que se eliminen los "malos" usos de los diccionarios.
Si muchísima gente (millones, cientos de millones) de los hablantes del castellano usa "puta" como insulto, el diccionario lo registra.
Lo mismo sucede con muchas otras palabras que son usadas masivamente como insultos o descalificaciones, aunque la moral imperante hoy las considere ofensivas.
El problema es que ese uso existe y además está registrado en muchísimos textos que serán consultados durante siglos.
Tomemos una novela argentina de 1969.
Leemos que entra un personaje católico a una habitación y otro de los personajes dice: "Ahí llegó el judío".
Alguien hoy lee eso y no entiende qué quiere decir.
Está leyendo que el personaje es católico.
¿Por qué se dice que es judío?
El lector que no entiende por qué a un católico se lo llama judío va al diccionario de la RAE y ve, entre otras definiciones, esta:
"5. despectivo; dicho de una persona avariciosa o usurera".
¡Qué horror!
Si es un militante de lo políticamente correcto quemará el diccionario.
Que cada uno haga lo que quiera con los diccionarios, pero para esos están: para registrar todos los significados que tiene una palabra. Nos gusten o no.
Generalmente los despectivos no nos gustan.
Pero no solo existe ese uso, sino que suele ser masivo.
No comprender para qué está un diccionario (y enojarse porque registra significados "feos") es uno de los malentendidos menores respecto de las academias del castellano.
Espero que alcance con este ejemplo y el próximo que daré.
Igual, al que no quiere comprender nada le alcanza.
Otros malentendidos graves respecto de la lengua que hablamos se centra sobre una idea que se puso de moda entre los militantes de lo políticamente correcto (en especial, los que sostienen el lenguaje "inclusivo").
"Las lenguas cambian".
"Las lenguas cambian" es un frase que hoy pronuncia toda persona que lo ignora todo sobre cómo funciona el lenguaje.
Primera ignorancia: no conoce que la lengua tiene distintos niveles (sintaxis, fonética, uso, etc).
Algunos niveles de la lengua (fonética, uso, ortografía) pueden cambiar pero otros (sintaxis) no cambian.
Nunca, bajo ningún aspecto, cambia la sintaxis de una lengua.
Hace mucho se usaban en la escritura indistintamente la v y la b. Hoy no. Mañana no sabemos.
Hace 150 años nadie conocía la palabra fútbol o astronauta o computadora o pueblo originario o afrodescenciente o diskete. Y ya diskete -muy usada en los 90- no se usa casi nunca. Ahí hay cambios. "El lenguaje cambia".
Pero -segunda ignorancia muy difundida- cuando el lenguaje "cambia" lo hace por el uso masivo inconsciente de los hablantes.
El lenguaje no cambia por ley ni por decisión de un grupo (político, cultural o lo que fuere).
Es la masa de los hablantes la que lo cambia.
Si yo logro que el Congreso vote una ley que suprima el plural o el tiempo pasado, aunque imponga pena de muerte a los que la violen no lograré que los hablantes del castellano se sometan a mi ley.
Tampoco lo harán aunque los medios y 100.000 militantes en la calle me apoyen.
Por cosas como estas (que muchos desconocen, pero en la que se basan para sostener, por ejemplo, el lenguaje "inclusivo") se odia a la RAE.
Se cree que ella es la que no quiere que la sintaxis del castellano no cambie.
¡No! Es la propia lengua que hablamos la que no lo permite.
En el castellano no podemos hablar sin plural y singular, sin tiempos verbales y sin género.
Son tres elementos de la estructura gramatical profunda de nuestro idioma con los que ya nacemos.
Estas cosas no nos las enseñan en la escuela. Las tenemos en el cerebro al nacer.
Es más: durante los siglos de analfabetismo masivo (del 98% de la población) igual los hablantes del castellano usaban los tiempos verbales, el plural-singular y el masculino-femenino.
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El Profesor de Jurisprudencia de Princeton Robert George (lo siguen en Twitter Paul Graham y Jonathan Haidt entre mucha otra gente brillante) escribió sobre los movimientos totalitarios (muchos de los cuales se ven en público como defensores de los derechos de las minorías).
"Cuando los movimientos totalitarios adquieren suficiente poder político, económico o cultural, lo usan para eliminar la disidencia.
Su primer paso es usar formas formales e informales de castigar las críticas al movimiento o a su ideología.".
"Luego recurren a las amenazas explícitas o implícitas, a veces complementadas con incentivos positivos.
Tratan de que la gente vaya más allá de solo no criticarlos: quieren que acuerden públicamente con los puntos ideológicos clave del movimiento, incluso si no creen en ellos".
Hace 1.494 años el emperador Justino declaró co-emperador y sucesor a Justiniano, quien comenzaría a reinar unos meses más tarde (ante la muerte de Justino) y cuyo reinado de casi 40 años lo convertiría en el último gran emperador romano; el último que hablaba latín, además.
Justiniano gobernó el imperio desde Bizancio porque ya hacía medio siglo que Roma había caído y se habían perdido casi todas las provincias de occidente.
Durante su largo reinado trató de volver a rearmar el Imperio Romano, y logró reconquistar varias zonas de occidente.
Justamente esta restauración parcial del antiguo Imperio Romano y su labor cómo codificador de las leyes del derecho romano, entre muchas otras intervenciones políticas, sociales y culturales exitosas, lo convirtieron en un hito del final de la Antigüedad Tardía.
Una muy moderada -y valiosa- crítica al pensamiento mágico anticapitalista, que hoy está de moda entre los ecologistas radicales a lo Greta Thunberg y los partidarios de la economía feminista.
Hay debates que hace 40 años son obsoletos: por ejemplo, la idea de que hay que repartir lo que no existe para lograr una sociedad más justa o con menos pobreza.
Sin embargo, las creencias anticapitalistas del ecologismo radical y del feminismo los volvieron a subir a escena.
Que hoy gente que tiene formación universitaria básica (aunque haya aprobado solo el CBC y con 4 y raspando) sostenga que no hay que producir más riqueza, sino distribuir la que existe es una muestra clara de que las creencias (el ecologismo, el feminismo) obnubilan la razón.
Hay gente que aun no vio El Padrino ni Apocalypse Now.
Los envidio. Pero temo que no las hayan visto porque no les interesan.
El Padrino y El Padrino II están en Amazon.
Apocalypse Now Redux está en Netflix.
Son obras maestras únicas: lo mejor de la historia del cine.
Acá hice un hilo sobre El Padrino II (anunciando que dejaba de estar en Netflix), pero reflexioné sobre la obra. Lean el hilo si les interesa pensar el film.
El volumen de ahorros en dólares que los argentinos tienen fuera del sistema argentino sextuplica el monto de divisas que hay en el Banco Central.
250.000.000.000 vs 39.500.000.000
El gran desafío sería lograr que confiemos en el gobierno e invirtamos ese dinero en el país.
Cinco décadas de ataque al bolsillo de los ciudadanos han hecho de cada argentino que tiene un pequeño o gran excedente para ahorrar un fugador serial del sistema de ahorro e inversión en la Argentina.
Perdemos el dinero que generamos porque no sabemos crear estabilidad jurídica.
Luego de varias confiscaciones estatales (desde el plan Bonex a la pesificación obligatoria de los ahorros con Duhalde), más los sucesivos cepos y otras maniobras en contra de los ahorristas, ya nadie confía en el Estado argentino.
Los atenienses de la época democrática eran optimistas sobre la inteligencia humana.
Creían que todos los temas se podían debatir en público y que cualquier persona estaba facultada para intervenir en el debate y votar en caso de que hubiera que tomar una resolución.
Sócrates (y luego Platón) no estaban de acuerdo.
Sócrates creía -y los diálogos de Platón, incluso los no-socráticos sostienen lo mismo- proponía atenerse a una aristocracia del espíritu: no los "bien nacidos" como proponía Píndaro, sino "los bien-pensantes".
Por sostener la idea de una aristocracia-experta en vez de la democracia radical que existía en Atenas es que Sócrates fue sentenciado a muerte.
Los cargos fueron "corromper a la juventud, no respetar a los dioses de la ciudad y no apoyar la elección de funcionarios por sorteo".