Steven Goldberg: La inevitabilidad del patriarcado (1973). Capítulo 4: La agresión masculina y la conquista de poder, autoridad y posición. Resumen:
Las diferencias biológicas hormonales entre hombres y mujeres, en tanto determinan una mayor agresividad masculina, son suficientes para explicar la inevitabilidad del patriarcado, el dominio masculino y su conquista de los roles de alto estatus social.
No implica que las hormonales sean las únicas diferencias biológicas determinantes entre hombres y mujeres, aunque sí son las únicas que pueden ser justificadas con pruebas biológicas directas y no hipotéticas aunque sean convincentes.
No tienen mayor estatus social los roles masculinos «porque» son los hombres los que definen ese estatus para sus propios roles, sino «porque» la ventaja biológica de la agresividad favorece que estos alcance buenas posiciones.
Esta ventaja no se manifiesta en sociedades primitivas relativamente homogéneas, con roles económicos muy similares para ambos sexos por razones de supervivencia, sino especialmente en sociedades complejas, individualistas, burocráticas y democráticas como las modernas del
presente, con posiciones de muy diverso estatus y movilidad social relativamente libre de barreras tradicionales para promocionarse. E.g., hubo más mujeres jefes de Estado en los 2 1os tercios del s. XVI que en los 2 1os del XX.
Los niños y niñas son realmente mentalizados para desempeñar roles de género masculinos y femeninos respectivamente, pero la socialización no cumple el objeto de apartarlos de su disposición biológica sino que se limita a reconocerla y enfatizarla.
E.g., no se mentaliza a las mujeres, y sí a los hombres, para alcanzar las posiciones de alto estatus social porque se reconoce que «de hecho» son menos las mujeres que ocupan estas posiciones; al enfatizarlo, se hace más difícil que una mujer excepcional las alcance.
Las energías agresivas masculinas no van dirigidas «contra la mujer», sino a conseguir las posiciones deseadas (sea a costa de mujeres o de otros hombres); el hecho de que una mayoría de mujeres salga perdiendo en esa lucha competitiva es secundario a esa función primaria.
Si se considera que una sociedad es sexista y tiránica hasta que no haya el mismo número de hombres que de mujeres en cada posición de poder y alto estatus, todas las sociedades del mundo serían sexistas y tiránicas tanto ahora como siempre en el futuro.
Sto. Tomás: Suma teológica. Parte primera. Cuestión 3: Sobre la simplicidad de Dios. Resumen:
De algo que se sabe que existe [es] falta por averiguar «cómo es» [su modo de existencia] y después «qué es» [su esencia]. De Dios no se puede saber «qué es», sino sólo «qué no es»; luego hay que tratar no «cómo es» sino «cómo no es» (compuesto, mudable, etc.).
ARTÍCULO 1: DIOS, ¿ES O NO ES CUERPO?
Dios no es corpóreo, y ello por tres razones: 1. Porque todo cuerpo que mueve a otro es a su vez movido. Pero Dios es inmóvil. 2. Porque todo cuerpo está en potencia en tanto divisible. Pero Dios es acto puro.
Steven Goldberg: La inevitabilidad del patriarcado. Capítulo 5: Las manifestaciones societarias de la agresión masculina. Resumen:
Ninguna sociedad ha dejado nunca de diferenciar roles sexuales; hay elementos biológicos que se manifiestan inevitablemente en todas ellas, y es por tanto imposible que se llegue a desarrollar una sociedad que no los establezca.
No es por el contrario inevitable el estatus social mayor o menor atribuido a los roles masculinos y femeninos correspondientes, ni que se considere superior o inferior al hombre o a la mujer.
S. Freud: Tres ensayos sobre teoría sexual (1905). Primer ensayo: Las aberraciones sexuales. Resumen:
El concepto de «instinto sexual» explica las necesidades sexuales del hombre así como el concepto de «instinto de nutrición» explica sus necesidades alimentarias. La libido es al instinto sexual lo que el hambre es al instinto de nutrición.
Digo «objeto sexual» a la persona de la que parte la atracción sexual; y digo «fin sexual» al acto hacia el cual impulsa el instinto sexual. Existen importantes desviaciones de la normalidad sexual tanto en el objeto como en el fin que hay que analizar.