Me van a salir un montón de haters por este hilo, pero me da igual.
El #coaching es peligroso (peligro mortal) y os voy a explicar por qué.
🧵 Dentro hilo
La mayoría de la gente solo busca ayuda profesional cuando ya está muy mal. A veces tienen un problema de ansiedad, de depresión o de conductas adictivas, o un trastorno de conducta alimentaria que lleva años escalando y empeorando.
La gente no tiene por qué saber qué es lo que le pasa al principio, solo saben que sufren, y muchas veces no saben a qué tipo de profesional acudir. Los coaches se aprovechan de la ignorancia y desesperación de las personas que sufren para venderles su solución mágica
La mayoría de coaches usan los mismos clichés y estereotipos, se hacen copia-pega unos a otros. Prometen soluciones muy simples para problemas ultra-complejos (como cualquier secta o vendehumos). Pero para la persona que está sufriendo, esas mentiras son muy dulces
Un "life coach" no está regulado de ninguna forma, es solo un intrusista que usa etiquetas como "desarrollo personal" o "autoconocimiento" para sugerir que hace el papel de un psicólogo, pero sin ser psicólogo. No tiene formación (algún cursillo de unas horas, o algun libro)
Si te pones a trabajar con una persona con sufrimiento psicológico sin tener formación, la vas a cagar. Porque ya es bastante difícil hacer psicoterapia bien hecha teniendo formación en psicología, ahora imagínate para alguien que no tiene ni p*ta idea de lo que está haciendo
Y ahora alguien soltará "pues los psicólogos también se equivocan y cada uno es libre de blablabla".
Claro que los psicólogos nos equivocamos también, somos humanos. Pero nos equivocamos muchísimo menos que una persona sin formación. Para eso está la formación, paleto
Si necesitas que te arreglen las tuberías de la casa, siempre va a ser más inteligente llamar a un fontanero con formación que a cualquier cuñado. Porque el fontanero se puede equivocar, pues claro, pero se equivocará mucho menos que alguien que no tenga ni idea de fontaneria
El coach típico hace un frankenstein de técnicas y métodos que lee por ahí, con 0 consistencia y sin evidencia científica alguna. Que hoy te suelta frases motivacionales, luego eneagrama y constelaciones, luego alguna técnica que habrña robado a un psicólogo, pero sin entenderla
Y lo vuelvo a repetir: la persona que sufre psicológicamente es una víctima de estos sinvergüenzas. Porque si te sueltan un montón de frases estúpidas y clichés tipo "necesitas creer en ti" o "cambia tu actitud y el univero te dará todo el éxito que pidas", no mejoras.
Y esa es la peor parte: si vas a un coach y sus tonterías no te ayudan (¿sorpresa?), la culpa se la va a llevar la víctima. La gente sale de estos vendehumos pensando que "somos responsables de todo lo que nos pasa", así que, obviamente, concluyen que su sufrimiento es culpa suya
Ahora tienen 2 problemas. El primero era el sufrimiento psicológico que los llevó al coach. El segundo problema es la culpabilidad e indefensión de pensar "si no he mejorado es porque no tengo remedio". Y la persona deja de buscar ayuda y solo le queda empeorar.
La gente suele pensar "si un profesional tan caro (tan "bueno") no ha sido capaz de ayudarme es que ha sido culpa mía y no tengo solución, soy débil, soy..."
Si una persona son sintomatología depresiva e ideación suicida termina yendo a un coach... puede haber una tragedia. Porque la persona solo va a empeorar, y además se va a llenar la cabeza de ideas que no solo no le ayudan, sino que pueden empeorar las cosas
Los Colegios Oficiales de Psicólogos se limpian el culo con esto. No solo no persiguen el intrusismo (y peligro sanitario) que son los coaches, sino que hasta ganan dinero promocionando y vendiendo formaciones de coaches de desarrollo personal
Y quienes defendéis el coaching solo sois cómplices de todo el sufrimiento que generan esos irresponsables, sois parte del problema.
Gracias por leer hasta aquí. Agradezco cualquier retweet, ayúdame a que esto llegue a más gente y contribuyamos a proteger la salud mental de la población.
Y si quieres más reflexiones e historias psicológicas, puedes suscribirte a mi canal de Youtube. Ahí entrevisto a otros psicólogos y hablo de salud mental y adicciones.
Cuando te dejan, tu cerebro hace una jugada sucia: convierte un hecho puntual (se acabó una relación) en una condena personal (no valgo una mierda). Y como duele, parece verdad. Pero no lo es.
Que alguien se vaya de tu vida no significa que tú valgas menos.
Significa, simplemente, que esa persona ya no quiso o no supo seguir contigo. Y sí, duele. Pero el dolor no es una prueba de que estés roto. Es una señal de que perdiste algo que tenía importancia para ti.
Lo que pasa es que, cuando te dejan, tu cabeza entra en modo búsqueda desesperada de sentido. Empiezas a repasar cada conversación, cada detalle, como si estuvieras resolviendo un crimen. Te comparas con todo el mundo.
La soledad mata. Y no en plan metafórico. Literalmente. Aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, depresión y muerte prematura.
Y no hablamos lo suficiente de esto.
Vivimos en la era más conectada de la historia, pero cada vez hay más gente que se siente sola. Solos rodeados de gente. Solos con mil conversaciones pendientes en WhatsApp. Solos aunque subamos stories sonriendo. Porque la soledad real no es solo no tener a nadie cerca.
Es no tener a quién llamar cuando te pasa algo importante. No sentirte visto. No poder ser tú sin miedo a que te juzguen o te dejen en visto.
Y no hablamos de soledad puntual, que esa la tiene cualquiera.
Poner límites a la gente no es para castigarla ni para humillarla. No es una venganza encubierta ni una forma de imponer poder. Es algo mucho más sencillo y mucho más importante: recordar que tú también mereces respeto y ser tenida en cuenta. Nada más. Y nada menos.
El problema es que muchos límites se viven como ataques. Sobre todo por quienes se han acostumbrado a no tenerlos. Cuando alguien empieza a decir “esto no”, “así no” o “por aquí no paso”, enseguida aparece la culpa. Te dicen que eres dura, egoísta o conflictiva.
Pero marcar un límite no es hacer daño. Es dejar de hacértelo a ti.
Un límite no busca cambiar al otro. No es un ultimátum ni una amenaza. Es una decisión sobre tu propia conducta. Es decir “si esto sigue ocurriendo, yo me aparto”, no “tú tienes que cambiar”.
Hay tres ingredientes que, combinados, convierten la procrastinación en un modo de vida sin que apenas te des cuenta. No aparecen de golpe. Se van colando poco a poco, hasta que posponer deja de ser algo puntual y se convierte en tu respuesta automática.
El primero es el perfeccionismo. Ese pensamiento de “si no lo hago perfecto, mejor no lo hago” es veneno puro. No porque busques hacerlo bien, sino porque pones el listón tan alto que nunca es buen momento para empezar.
Tu mente exige condiciones ideales: estar inspirado, tener tiempo de sobra, claridad mental, energía y cero dudas. Como eso casi nunca ocurre, la conclusión es siempre la misma: mañana. Y mañana se convierte en semanas o meses.
¿Por qué procrastinas aunque sepas perfectamente lo que tienes que hacer?
Porque dentro de ti no manda solo la razón. Hay una pelea constante entre dos sistemas muy distintos. Uno planifica, organiza y piensa a largo plazo.
El otro busca alivio inmediato, placer o huir del malestar. Y muchas veces, el segundo gana.
El psicólogo Piers Steel explicó esto muy bien con su Teoría de la Motivación Temporal. Lo resumió en una fórmula sencilla que, traducida a la vida real, tiene mucho sentido.
La motivación para hacer algo depende de cuatro factores: expectativa, valor, impulsividad y demora.
La expectativa es cuánto crees que puedes lograr la tarea. Si piensas que no vas a hacerlo bien, que te va a costar demasiado o que no eres capaz, la motivación cae en picado.
Byung Chul Han habla de "la sociedad del cansancio" porque, según él, vivimos en un modelo donde ya no necesitamos a nadie que nos oprima desde fuera. Ya nos explotamos solos. Y eso, psicológicamente, es devastador.
Te lo explico:
Antes el problema era la prohibición. No podías. No debías.
Ahora el mensaje es justo el contrario: puedes con todo. Sé productivo, sé feliz, sé creativo, cuídate, rinde más, mejórate, optimízate. Y claro, cuando no llegas, el fallo parece tuyo.
En este modelo no hay un jefe gritando constantemente. Hay algo peor: una autoexigencia permanente. Te conviertes en tu propio vigilante. Si estás cansado, piensas que te falta disciplina. Si no llegas, que no te esfuerzas lo suficiente. Si te hundes, que no sabes gestionarte.