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Nov 24, 2022 33 tweets 15 min read Read on X
El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida es un lugar fuera del tiempo. Un espacio radicalmente moderno y, a la vez, un prodigio de respeto y diálogo con el pasado y la memoria.

Porque es, sencillamente, el último edificio romano.

Os lo enseño en #LaBrasaTorrijos de hoy.

🧵⤵️ Dos imágenes del interior del MNAR. Una general y otra de d
(Se recomienda la lectura del episodio de hoy acompañada de la siguiente banda sonora)

open.spotify.com/track/3oz50kNi…
No creo que os esté descubriendo demasiado pero lo suyo es dejarlo claro desde el principio: caminar por Mérida es caminar por Augusta Emerita.

Es decir, caminar por Roma. Teatro romano de Mérida/ Lmbuga CC BY-SA.
El Templo de Diana, el Acueducto de los Milagros, el teatro, el anfiteatro, el circo...Mérida cuenta con uno de los conjuntos de arquitectura romana más notable y mejor conservada/restaurada del mundo. 1. Templo de Diana. A M Felicisimo CC BY 2. Acueducto de los
Por eso, cuando en 1980 se le encarga a Rafael Moneo el proyecto de un museo para mostrar las imponentes colecciones arqueológicas que la ciudad llevaba más de cien años atesorando, el joven arquitecto navarro se encontró con un reto colosal.
Por un lado, se trataba de construir un edificio nuevo en una ciudad con semejante historia y patrimonio, lo cual *debía* tratarse con gran cuidado y delicadeza.

Pero es que, además, no se trataba solo de un diálogo intelectual entre la modernidad y la antigüedad romana...
...es que el solar donde se iba a levantar el nuevo museo estaba ocupado por restos de acueductos, peristilos de casas romanas, cimientos de patios renacentistas, cisternas, atarjeas e incluso restos de una iglesia paleocristiana. VonRalph CC BY-SA
Como diría el propio Moneo en la memoria del proyecto, había que construir sobre lo construido.

Construir sobre la memoria.

Y Moneo enseguida entendió que la ciudad y la historia le habían dejado una única opción: construir un edificio romano. Nave interior del MNAR: un conjunto de arcos de ladrillo sep
Pero no podía ser una arquitectura de arcos y frontones de mentira, un poco de cartón-piedra y bastante hortera, como la que estaba de moda en ese momento y hacían unos cuantos arquitectos americanos en USA...
Moneo iba a construir en una ciudad genuínamente romana. De hecho, iba a construir al lado de un teatro y un anfiteatro que tenían dos mil años de antigüedad.
Pero tampoco podía construir un edificio que *imitase* a los edificios romanos. Moneo era un arquitecto radicalmente moderno.

¿Qué hizo? Pues lo que hacen los genios: copiar.

Copió la proporción y la escala de uno de los monumentos más querido de la ciudad. El arco de Trajano. 1. Arco de Trajano. Jose María Colomo CC BY-NC-ND 2. Interi
Así, lo primero que hizo en la cripta del edificio, fue "flotar" sobre las ruinas en una serie de soportes y arcos que sortean los restos arqueológicos sin tocarlos. 1. Planta de la cripta del museo. 2. Foto de esa misma cript
Y luego, en la planta principal, el edificio se compone de una serie de muros conformados por arcos de medio que toman como referencia precisa el Arco de Trajano. 1. Plano de la planta principal. 2. Imagen del espacio centr
Y, precisamente por tomar como referencia al Arco de Trajano, Moneo puede ser completamente moderno, porque el Arco es desnudo, no tiene volutas ni estrías ni frontones.

Y eso es lo que es el MNAR: espacio y escala romana pero con voluntad de estricta modernidad. Tres fotos del interior 1. Javier del Castillo CC BY-SA 2. V
De hecho, Moneo solo se permite ciertas licencias miméticas en un exterior que, por lo demás, es extraordinariamente discreto. No alberga ninguna voluntad de competir. Dos fotos del exterior. 1. Cortesía Marta Domínguez. 2. Co
En cambio, en el interior, una vez que cruzamos la pasarela que flota sobre las ruinas de la cripta y atravesamos el portón de acceso... 1. Cortesía Turismo de Extremadura. 2. Heribert Bechen CC B
...llegamos a una espacio que es, en sí mismo, un monumento.

No hay volutas ni hojas de acanto ni frontones. No hay decoración ni imitación. Es desnudo, estrictamente moderno.

Y sin embargo, no sabemos por qué, está ahí, flota.

Augusta Emerita.

Roma. Héctor Gómez Herrero CC BY-SA
Un espacio que entiende perfectamente la escala del camino y la escala de la mirada. 1. senza senzo CC BY 2. Guzmán Lozano CC BY.
Un espacio de pantallas recortadas contra el cielo, cuya luz abraza el interior deslizándose entre las juntas brevísimas del ladrillo que lo construye todo. 1. senza senzo CC BY  2. Benjamín Núñez González  CC BY-
Y ahí está la otra decisión que convierte al Museo Nacional de Arte Romano de Mérida en un edificio tan cariñoso con la memoria.

La tenéis delante. A M Felicisimo CC BY.
Porque cuando pensamos en las grandes obras de la antigüedad clásica, siempre nos imaginamos construidas con grandes sillares de piedra.

Y sí, la piedra era uno de los materiales nobles con los que construían los romanos.
Pero había otro mucho más humilde y, en realidad, mucho más eficaz, porque permitía formas y dimensiones que no permitía la piedra. Un material que ha cruzado dos mil años y que Moneo enseguida entendió que era el material con el que construiría todo el museo.

El ladrillo. Guzmán Lozano CC BY.
Y no solo el ladrillo es un material romano, también los son los sistemas de construcción con los que se levantó el museo. Y están allí, a la vista de todos: arcos de medio punto y arcos diafragma.

Igual que hace dos mil años. 1. Guzmán Lozano CC BY 2 2. José Luis Filpo Cabana CC BY-S
Y así, acariciado por el sol, ese espacio delimitado por muros diafragma y por arcos de descarga, brilla en mil tonalidades ocres y doradas.

Porque el ladrillo convierte cada muro en una historia.

En una historia de la Humanidad. Cortesía Turismo de Extremadura.
Si os ha gustado el episodio de hoy, hacedme RT al hilo, FAVs, follows o llevadme al cine a ver "Espartaco"!

El episodio de hoy de #LaBrasaTorrijos es una colaboración con @Extremadura_tur, a quienes quiero agradecer la confianza en el proyecto.

Y además me han permitido hablar de la tierra de mi madre.

Porque Extremadura es un sitio precioso que merece mucho la pena ser visitado. 1. Casco histórico de Cáceres. Lorenmart CC BY-NC 2. Palac
Por ejemplo, y hablando de romanos, en el Parque Natural de Cornalvo, también en Badajoz, se puede ver unas de las pocas presas romanas que se conservan. Cortesía Turismo de Extremadura.
Y si os aburrís de ver cosas bonitas (que no), podéis tomaros un plato de prueba ibérica o unas migas o un poco de torta del casar..., que también tenemos una gastronomía magnífica, colegas!

Todo esto y muchas cosas más, las tenéis en la web oficial: turismoextremadura.com Torta del Casar. MollySVY CC BY
Todas las imágenes del hilo de hoy están acreditadas en la descripción de la primera fotografía de cada tuit. Todas se han usado bajo su correspondiente licencia.
Recordad que si os molan los hilos de #LaBrasaTorrijos y no queréis perderos ninguno, suscribíos a mi newsletter, donde os avisaré cada vez que haya uno nuevo:

getrevue.co/profile/pedro_…
#LaBrasaTorrijos se escribe en directo todos los jueves desde el soleado barrio de Villaverde.

(Fin del HILO 💚🤍🖤🧱🌞)
LAS CODAS, LAS CODAS!

1. En este pequeño hilo enlazado tenéis unas cuantas curiosidades MUY chulas del museo (como la del pie romano del ladrillo, que yo no la conocía y es 🤯)

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More from @Pedro_Torrijos

Feb 1
En 1990, unas inundaciones asolaron Japón. Murieron 14 personas.

El país no podía arriesgarse a que se repitiesen en una zona urbana tan poblada como Tokio, así que construyeron una maravilla: La Catedral de las Tormentas.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos.

🧵⤵️ Image
Como habréis podido comprobar, llevamos un mes largo con varios episodios de lluvias. Lo "bueno" es que las lluvias de invierno suelen ser sostenidas y no torrenciales.

Como desgraciadamente sabemos, las jodidas son las torrenciales, las que descargan mucho en poco tiempo.
Idealmente, la mejor solución para absorber este tipo de inundaciones sería tener unas ciudades más porosas. Que permitiesen un drenaje más eficaz y más natural.
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Jan 16
¿Creéis que vuestro casero es chungo?

Pues en la Irlanda del XIX hubo un casero TAN CHUNGO que su apellido se convirtió en un verbo que significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".

Os lo cuento en #LaBrasaTorrijos
🧵⤵️ Image
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En 1854, un joven inglés llamado Charles Cunningham se trasladó a la isla de Achill, al oeste de Irlanda. Hijo de familia pudiente, salía de una carrera militar fallida y llegaba a las verdes tierras de Éire dispuesto a ser un hombre rico y de provecho. Image
En esa época, Irlanda vivía una situación bastante peluda: acababa de salir de la Gran Hambruna del 45, que había diezmado a la población, bien llevándola a los camposantos, bien obligándola a emigrar.

Por tanto, las verdes tierras de cultivo eran un bien muy preciado. Image
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Jan 9
El Helicoide de Caracas es un resumen construido de la historia de Venezuela.
Un centro comercial nacido para un futuro motorizado y voraz, que se recorrería en coche —sin bajarse de él— pero acabó convertido en prisión.

Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos 🧵⤵️ Image
Hay edificios que nacen con vocación de sistema. Aspiran a ser algo más que contenedores de actividad humana y se comportan como diagramas del mundo, como máquinas ideológicas disfrazadas de hormigón.

El Helicoide nació con esa aspiración.
Venezuela, años 50. Con el dictador Pérez Jiménez al mando, el país rebosaba gasolina, dólares, silencio cívico y la sudorosa sensación de que todo iba a durar para siempre.
Un laboratorio del petróleo que parecía querer ahogar el miedo pisando el acelerador. Literalmente. Image
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Dec 7, 2025
El Cementerio de los Ingleses es un pequeño recinto tapiado frente a los acantilados de Camariñas, en A Coruña.

Pero ¿y si allí estuviese enterrado Jack el Destripador? (Y no, no es descabellado).

Esta es una historia de naufragios y patrimonio, en #LaBrasaTorrijos
🧵⤵️
Plymouth, 8 de noviembre de 1890. Un hombre sube al "HMS Serpent" como quien acepta una sentencia cuyo contenido desconoce pero cuyo peso reconoce al instante. Image
@DACTurismo El nombre que dio —Arthur, James, William, el que fuese— quedó casi disuelto en la humedad del muelle porque lo pronunció demasiado bajo, evitando el cruce de miradas con el oficial que anotaba en un registro ya curvado por la lluvia. Image
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Dec 1, 2025
Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ.

Pero también esconden una historia. Una historia de amor por los servicios públicos, por las infraestructuras públicas, por la gente que las construye y por la gente que las usa cada día:

La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil.

Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista?

La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana.

Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo.

Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes.

Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.Image
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La línea azul es el ejemplo más evidente. Basta bajar desde T-Centralen para entenderlo: la bóveda, pintada de azul profundo, conserva la piel rugosa de la roca. Tiene algo de caverna prehistórica, pero intervenida con brochazos gigantes. Parece la obra de un pintor expresionista que hubiera vivido aquí encerrado con un cubo de acrílico y demasiadas horas de invierno.

Además, en esa bóveda aparecen siluetas de obreros: un homenaje directo a los trabajadores que construyeron la red hace 75 años y que la mantienen cada día.

Tres cuartos de siglo de ciudad subterránea.
Sigue uno bajando por la línea y llegas a Solna Centrum, la estación más fotografiada de Suecia (y probablemente una de las más fotografiadas del mundo). Un túnel rojo, intensamente rojo, un rojo que no te abraza sino que te engulle.

Parece una bajada al infierno, sí, pero es un infierno con una intención: el mural, pintado en 1975, denuncia la deforestación sueca. El rojo del cielo frente al verde de los bosques como un aviso urgente en un país que hoy presume de sostenibilidad, pero que lleva décadas pensando en estas cosas.

Estando allí me pregunté si hoy ese mural se lee de otra manera. Si ya no habla solo de árboles sino del planeta entero.
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Nov 27, 2025
Estoy en Estocolmo, moviendo las manos porque hace tres grados bajo cero, y esto que tengo detrás es el ayuntamiento, el Stadshuset.

Visto así, con su ladrillo rojo, su torre alta y esta logia abierta al agua, parece un edificio medieval, casi un híbrido entre castillo nórdico y palacio veneciano. Podría colar como gótico italiano, o como algo que te encontrarías entrando en la plaza de San Marcos por la puerta equivocada.

Pero la gracia es precisamente que no es medieval en absoluto.
Es un edificio del siglo XX: se construye entre 1911 y 1923, lo diseña el arquitecto Ragnar Östberg y es uno de los grandes ejemplos del Romanticismo Nacional sueco, una arquitectura que mezcla referencias históricas con una idea muy moderna de lo que debe ser un edificio público.

Por eso está aquí, pegado al agua. Si esto fuera de verdad un ayuntamiento medieval, lo lógico es que estuviese bien adentro del casco antiguo, protegido por murallas, alejado de cualquier ataque por mar. Pero, en los años veinte, Suecia ya no está pensando en cañones y asedios: está pensando en democracia, administración y ciudad abierta.

El Stadshuset se coloca en la punta de Kungsholmen, justo donde el lago Mälaren se abre hacia el archipiélago que conecta con el Báltico. Es un gesto urbano clarísimo: el poder municipal se asoma al agua porque el agua es lo que organiza Estocolmo.
El patio donde estoy tiene ese aire muy veneciano: arcos de medio punto abajo y esa sensación de plaza porticada que se abre directamente al embarcadero. Te giras y podrías estar esperando que aparezca una góndola, pero lo que llega son ferris y hielo.

La torre, además, está claramente emparentada con el campanile de San Marcos, solo que coronada por las Tres Coronas doradas de Suecia, para que no haya dudas de quién firma el skyline.

Y luego está la obsesión material. El ayuntamiento está construido con unos ocho millones de ladrillos rojos, de los cuales cerca de un millón se hicieron a mano, precisamente para conseguir esta textura vibrante, nada uniforme, que ves en fachada: el típico ladrillo de monasterio nórdico, colocado alternando testas y tizones para que el muro nunca sea del todo plano ni del todo predecible.

Ragnar Östberg era bastante maniático con la textura: quería que el edificio, visto de cerca, tuviera una piel casi viva, con pequeñas variaciones en cada pieza.
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