"No soy independentista, pero":
Frase clave que invalida todo el texto al que precede. Mejor pasar a otra cosa porque el autor ya nos adelanta un rosario de ciegayernos argumentales.
Tiene un uso ambiguo. Si proviene de un independentista, diálogo es sinónimo de, y sólo de, referéndum ilegal. Si de un socialista, diálogo es la contraposición a propuesta concreta, o bien el término refugio para "concesión inconfesable".
Advertencia inequívoca de que esto va de independencia, no de democracia. Y de que la legalidad en la que se sustenta la democracia no es más que un obstáculo molesto e inconveniente para quien así razona. Cuidado con estos.
Argumento desarrollado por quienes saben que es mentira, transmitido por quienes saben que es mentira y dirigido a quienes les da igual que sea mentira. Perfecto para adolescentes, acríticos, tietas y predispuestos a ser engañados.
Los chicos de secundaria y las tietas se habían leído los 50.000 folios de la causa y contrastado los 500 de la sentencia con sus conocimientos de penal y procesal en 15 minutos aproximadamente. Los que tardaron en salir a la calle.
El independentismo es una empresa. Y nadie diría que el Presidente, el jefe de mantenimiento, el contable y el repartidor no pertenecen a la misma empresa sólo porque tienen encomendadas funciones diferentes.
El tertuliano lo segura por la mañana y por la tarde te firma que el hombre indefectiblemente lleva el homicidio en los genes o que hay que ilegalizar no sé qué partido político porque unos cuantos han robado.










