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#DomingodeResurrección. He recordado la peregrinación a Roma de tía Adelita para celebrar la Pascua cerca del Santo Padre, a la sazón Juan XXIII, al que tío Ramón llamaba Juan Quinielas por lo del equis, equis, uno, uno, uno, con enorme escándalo de su pobre hermana. Va hilo. 👇
La cuestión es que tía Adelita,tras enviudar del bueno de tío Indalecio, se implicó aún más en infinidad de congregaciones religiosas en las que su arrolladora personalidad se hacía notar de un modo evidente. Aquel remolino de mujer no paraba quieta. Todo el día organizando cosas
A la vuelta de su Viaje de Novios, mis padres no paraban de contar maravillas de Londres, París, Viena… y Roma. Y claro, a tía Adelita, después de ver las fotos de mis padres en una Vespa -mi madre es muy de «Vacaciones en Roma»-con San Pedro al fondo, pergeñó una visita romana
con todas sus amigas de no recuerdo que asociación piadosa para ver al Papa y celebrar junto a él la Semana Santa.
-Va a ser maravilloso, queridas. Fabuloso. Será ideal…
-No vayas a liarla, Adelita. Que nos sacan en el parte de Radio Nacional. Le dijo tío Ramón al enterarse.
Pero ella, inasequible al desaliento, organizó una peregrinación de señoras maduras que, en palabras de tío Ramón a mi abuelo eran «una escuadra de momias enlutadas. Menos las tres enfermeras que llevan, unos bombonazos de licor. Estoy por apuntarme y enfermar nada más llegar».
Tía Adelita pensó que sería maravilloso llevar una cámara de fotos para inmortalizar el viaje. Así que mi abuelo le dejó su Agfa Ambiflex–Pentaprisma, le compró media docena de carretes de color y le explicó el funcionamiento de la cámara la tarde antes de salir de viaje.
La acompañaron todos a la estación de tren desde donde partieron a Madrid. Allí embarcaron en un avión y directas a Roma. Nada más llegar intentó llamar a casa de mis abuelos desde la Residencia en la que se alojaba. Como en aquella época había que pedir conferencias, y más
si era desde otro país,decidió enviar telegramas.Hubo días de tres y cuatro. Se ve que tendría cerca alguna oficina de la Poste Italiane.Todos eran de este tenor «Roma bellísima. Unida en la Fe. Adelita»;«Hemos orado en San Pedro. Pido por todos. Adelita»;«¡Viva el Papa! Adelita»
Rogelio, el cartero, le pregunto a mi abuelo, al segundo día, si doña Adelita iba a estar mucho en Roma, porque él parecía ya el «motorista de El Pardo», de Correos a casa de mis abuelos y vuelta. «Sólo la Semana Santa». «Bendito sea Dios, don Luis, eso si que es un consuelo».
Envió ni se sabe cuantas postales. En todas escribía Roma, la fecha, una de estas tres palabras «maravilloso», «fabuloso» o «ideal» y su firma. Y a volar. Rogelio volvió durante una semana más entregando postales, todas iguales, la Vía della Conciliazione y San Pedro al fondo.
Ya de vuelta, llegó a Córdoba como en olor de santidad. Bajó del tren con una cadencia etérea, como deben los ángeles bajar del cielo. Aunque al final, dio un traspiés en el último escalón y si no es por mi abuelo se deja el aura en el andén número dos de la Estación Central.
-Vengo imbuida de una espiritualidad distinta, María del Carmen. Soy otra. He sentido la fe en mi corazón. Ha sido una experiencia intensa. Como aquel día en que siete ángeles me quisieron consagrar a la meditación.
Al ángel Ramón se le escapó la risa. Ustedes recordarán, supongo
-Y además, he visto al Papa, queridos míos. Al Santo Padre.
-Tampoco es ningún mérito, Adelita. Pepe lo ve cada dos por tres.
Era tío Ramón rompiendo la magia del momento.
-No te consiento que llames Pepe a su Eminencia Reverendísima Don José Cardenal Ruiz de Almodóvar, Ramón.
Tío Pepe era el mayor de los hermanos de mi abuela y fue consagrado Cardenal de la Santa Madre Iglesia por Pío XII. Recuerdo que les hablé de él en una ocasión.
-Pepe será Cardenal, pero es mi hermano y lo llamo Pepe. O Su Pepinencia Ruizalmodovarísma.
-Eres imposible, Ramón.
Llegados a casa de mis abuelos, tía Adelita no paraba de hablar emocionada del viaje, de las iglesias visitadas, de las oraciones, de los Oficios y de la Vigilia Pascual.
-Pues ya veremos esas fotos. Dijo mi abuela.
-Ay, sí. Consuelito, trae la máquina de hacer fotos de mi cuñado
Y allí que aparece Consuelito con una funda negra -la de mi abuelo era marrón-que llevaba dentro una Voigtländer Bessamatic Deluxe,que hoy adorna mi biblioteca
Imaginen la cara de mi pobre abuelo
-Esta cámara no es la mía,Adelita
-Ya se lo dije yo don Luis. Pero ya sabe cómo es
Tía Adelita se quedó de piedra. Y calló. Lo que ya era difícil en aquel momento.
-Bueno, ¿y los otros carretes?
-¿Qué carretes, Luis? -dijo tía Adelita.
-¿Sólo habéis hecho uno?
-No, hemos hecho miles de fotos.
-Pues eso, ¿y los carretes? Para llevarlos a revelar Adelita.
-¿Qué son los carretes, Luis? No me pongas más nerviosa de lo que ya estoy.
-¿Te acuerdas que te dí unos tubitos de plástico?
-Si. ¿Esos? Tiré lo que llevaban dentro que eran como unas latas y los usé para guardar pétalos de flores de los adornos de San Pedro. Tráelos, Consuelito
Y ahora viene Consuelito con seis tubitos negros con una etiqueta pegada cada uno. Luis, María del Carmen, Luis F-E, Pilarín y Jacobito. Uno para cada uno.
-¿Y el que te puse dentro de la cámara?
-Lo tiré. No se podían hacer fotos con eso dentro, Luis. No corría la palanquita esa
Bueno esa no, la de la otra máquina. Entonces,¿cuándo podremos ver las fotos?
-Es que no hay fotos, Adelita. Y estas no son ni tuyas.
-A ver, -dijo tío Ramón- lo mismo hay suerte… -empezó a reírse- y esa es la cámara con la que fotografiaron a Anita Ekberg en la Fontana di Trevi
-Ramón, eres un sátiro.
Le grito tía Adelita mientras le lanzaba agua bendita a la cabeza con una botellita que sacó del bolso.
La pobre se quedó sin fotos de aquel viaje maravilloso, fabuloso e ideal. Pero al menos, se trajo diez docenas de rosarios que repartió por toda Córdoba
Tío Ramón se empeñó en revelar el carrete y se apostó con mi padre dos mil pesetas a que salía alguna rubia despampanante. Ni ampliando las fotos la encontraron. El pobre se llevó un disgusto de campeonato. Y mi padre ganó dos mil pesetas, claro.
Lo que si se encontraron fue una colección de señoras ancianas enlutadas portando velas entre las que destacaba una con un bigotazo con el que no hubiera desentonado un sargento de carabineros. Una pena, según tío Ramón.
Tío Ramón se empeñó en revelar el carrete y se apostó con mi padre dos mil pesetas a que salía alguna rubia despampanante. Ni ampliando las fotos la encontraron. El pobre se llevó un disgusto de campeonato. Y mi padre ganó dos mil pesetas, claro.
Lo que si se encontraron fue una colección de señoras ancianas enlutadas portando velas entre las que destacaba una con un bigotazo con el que no hubiera desentonado un sargento de carabineros. Una pena, según tío Ramón.
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