¿Matoneo, en serio?, ¿se va a ir @lcvelez por ese camino? Ok. Juguemos:
He visto suficientes víctimas de maltrato, “bullying” y acoso en mis 11 años de experiencia para saber lo que voy a a escribir. Perdone si le causo algún struggle.
El “bullying” es una forma de acoso que sucede dentro de un ambiente escolar, entre compañeros. Niños o adolescentes.
Ahora, el acoso es un comportamiento agresivo o violento y sistemático. El agresor, siempre en situación de poder, ataca a la víctima con la intención de intimidarla, controlarla o provocarle daño.
¿En cuál de las dos definiciones cabe su caso? En serio, ¿en cuál? Desde el 2018 he participado en el espacio de salud mental y comunicaciones del congreso nacional de psiquiatría. Y aquí, no hay acoso. Mucho menos matoneo.
Usted tiene una enorme posición de poder. No solo tiene un espacio radial en horario estelar, tiene una plataforma de redes sociales con CMs y cientos de miles de seguidores. Muy desvalido.
Es heredero, y no por esto tiene menos mérito, por supuesto, de una figura pública del periodismo en el país y es familiar político de uno de los “clanes” más poderosos del país. Un pobre hombre.
Además, se ha consolidado usted como una de las voces del establecimiento en Colombia. Un consentido de los dueños de este país. Un ser muy frágil.
Durante mucho tiempo, y valiéndose de todo lo anteriormente descrito, ha ejercido un maltrato (sí, eso sí es maltrato) contra todo aquello que no quepa en su cabeza. Es periodista, no un fanático cualquiera. Humano, sí, pero con responsabilidades diferentes.
Desinforma, y ya vimos en USA cuan grave es eso, descalifica, minimiza causas sociales, es arrogante y hostil. Y cuando su narcisismo se sale de control y lo pone en apuros, como hace un par de días, se escuda en lo que mejor le sale.
Video: rostro compungido, disminución del tono de voz, “pinta informal” con un audífono caído (como cualquier mortal), escenario iluminado...en fin, semiología pura. Y, ¿reconoce su error? No. Se victimiza.
Pone la carga de todo en quienes nos hemos sentido atacados durante años por su forma de hacer periodismo y que, quizás con algo de zafiedad algunos, hicimos un trino. Un trino on un fav. Maximo un hilo o un meme. Qué violencia.
Luis Carlos, el riesgo de montarse en un tigre es luego no poderse bajar. Usted debe hacerse cargo de las consecuencias de sus palabras por su posición de poder. “El que dice lo que quiere le toca escuchar lo que no quiere...”, escribió Marciano.
Y más decepcionante aún es ver a sus colegas, que no terminan de salir de las alabanzas al periodismo estadounidense, y ya lo están justificando a usted casi que con lágrimas en los ojos. Yo jamás dejaré pasar una falta de ética en un colega. Somos gremios, no pandillas.
Entonces no, nadie lo está matoneando ni menos acosando. Un pequeño porcentaje de la población colombiana, pequeño, simplemente le está cobrando en redes sociales su prepotencia desfachatada.
No trate, por favor, de comparar esto con la violencia que vive el país de la cual usted y muchos de sus colegas son cómplices. “La ley es la justicia del pobre”, decía Arcila, y como aquí no hay de eso, mientras tanto, un poquito de equilibrio digital no lo va a matar. Saludos.
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Hoy es viernes de contar un cuento, un cuento de esos que se me ocurren en mis ratos de ocio, traído de las ficciones de la vida diaria. Dicen por ahí, además, que cuando se cuentan las cosas, no pasan...sería bueno.
Tiene que ver con una patética, horrenda e inescrupulosa costumbre, vieja como la humanidad misma, que ha encontrado en la virtualidad de las redes sociales un aliada tenebrosa: la manipulación a través de una falsa enfermedad.
Y, ¿qué bicho me pico a mí?, ¿qué me lleva a sacarme de los pelos esta historia? Pues que la moda ahora es simular enfermedades mentales, ¡mira tú! Y con víctimas de por medio, ¡qué horror!
Claro, Petro se pasó diez cuadras con lo del COVID, de acuerdo. Pero, yo quisiera preguntar a los colegas, ¿ustedes sienten que ejercen con autonomía?
Y ojalá me respondan quiénes como yo a diario ven pacientes, a sus familias y lidian con todas las vicisitudes del ejercicio. Los que respetablemente ejercen en el papel, no van a tener los mismos elementos. Pero bienvenidos.
¿Cuántos de ustedes tienen un contrato laboral decente?, ¿a ustedes sus patrones se refieren como “colaboradores” y no “trabajadores”?, ¿Obedecen órdenes, cumplen horario pero les llaman “independientes”?
Actualmente trabajo en la unidad de salud mental más grande de Bogotá, más de trescientas camas y alta complejidad en servicios hospitalarios y ambulatorios. Un lugar con potencial ilimitado y gran talento humano.
Tenemos capacidad instalada para atender pacientes psiquiátricos y sus comorbilidades médicas básicas, un primer nivel en sentido estricto. Ante cualquier eventualidad que supere esa complejidad, remitimos.
Autorizados por habilitación, no tenemos laboratorio, no tenemos soporte para paciente entubado ni profesional capacitado en cuidado intensivo, no tenemos terapeutas respiratorios, no tenemos especialistas diferentes de los psiquiatras. Solo médicos generales 24 horas.
El caso tan sonado el día de hoy es perfecto para ilustrar la dura realidad que viven las víctimas de maltrato.
Muchos hablamos de empoderamiento pero desconocemos lo que necesita un ser humano para tener poder, peor aún, desconocemos que tan severa puede ser la destrucción del maltrato crónico.
Sin ninguna mala intención, claro está, motivamos compulsivamente a las víctimas a salir del círculo de maltrato sin saber con qué herramientas mentales cuenta.