Hilo 2: Análisis tradicional. Sujeto y predicado. Verbo como núcleo del predicado. Sintagmas. Valencias verbales.
La unidad de análisis de la sintaxis es la oración.
Sus hijos podrán estudiar en colegios católicos, pero, cuando hablamos de oración, no hablamos de un Padre Nuestro (como muchos de mis alumnos piensan al principio del curso).
Dejando de lado el contexto religioso, cuando les pregunto a mis estudiantes qué es para ellos una oración, siempre me dan las mismas tres respuestas:
1. La oración es un conjunto de palabras con sentido completo.
No. Las oraciones no tienen que tener necesariamente sentido completo. Muchas oraciones tienen sentido completo, pero no es lo que caracteriza a una oración.
Las oraciones muchas veces son como la política, no tienen mucho sentido.
El sentido se lo dejamos a los enunciados.
La oración y el enunciado son unidades distintas. En pragmática solemos hablar de enunciados, en sintaxis de oraciones.
Siento que sueno como Daniel Habif cada vez que digo «oración», perdón.
En este nivel, no nos interesa analizar el significado de cada una de las palabras que componen una oración ni tampoco qué quiere decir el hablante.
Nos interesa analizar las funciones de los elementos de la oración como estructura.
2. La oración son estructuras formadas por dos o más palabras.
No. Hay oraciones que se componen de una sola palabra, ¿ven? («Ven» es una oración, ge, ge, ge).
3. Las oraciones tienen una curva entonativa. En cada oración hay una pausa antes y otra después.
No. Esto lo podríamos decir de los enunciados. Las oraciones subordinadas, por ejemplo, no tienen esa cualidad.
Ahora que ya sabemos lo que no es una oración, les voy a explicar qué es una oración según la gramática tradicional.
La oración será la cadena compuesta/dividida por/en sujeto y predicado.
Peeero, para la gramática tradicional, lo que realmente nos dirá que una oración es una oración es la presencia de un verbo conjugado.
Toda oración debe tener un verbo conjugado, en cualquier tiempo verbal: juego, leíste, amará, vamos, han jugado.
Incluso en los tiempos verbales inventados en Dark porque en esa vaina no solo hay presente, pasado y futuro, a mí no me engañan.
Si analizamos un texto con 3 800 000 verbos conjugados, tenemos que analizar 3 800 000 oraciones.
Los verbos en su forma no personal (infinitivo: comer, gerundio: comiendo, participio: comido) no serán, por el momento, tomados en cuenta.
Entonces, el primer paso que tenemos que dar para analizar una oración será buscar el verbo conjugado.
TOOODO girará en torno al verbo. TODO. El verbo es tóxico, si no le prestamos atención, nos hará la vida miserable.
Ajá, Miliber, pero... ¿usted no dijo que la oración se dividía en sujeto y predicado?
Sí. El núcleo del predicado es el verbo conjugado.
¿Eso quiere decir que el verbo es el predicado?
No del todo. El verbo es el NÚCLEO del predicado. El predicado puede ser larguísimo, puede haber muchos otros elementos.
Sin embargo, para saber cuál es el predicado, debemos saber primero cuál es el sujeto.
Hasta ahora solo sabemos que para analizar una oración debemos buscar un verbo conjugado.
Ok, después de encontrar el verbo conjugado, buscamos el sujeto.
¿Por qué no lo hacemos al revés? Porque nos estaríamos complicando (más) la vida. Ya tenemos suficiente con la cuarenta y les dije que les haría la vida más fácil. Masoquistas.
En todos mis cursos, les pregunto a mis estudiantes qué entienden por sujeto.
Y siempre me dan la misma respuesta:
«El sujeto es el que realiza la acción».
Pero esto no es así, porque hay sujetos que ni riilizin ninguini icciín. Son vagos. No hacen nada. «Viven» de la mortadela que le da el gobierno.
Otros se centran en el orden y dicen que el sujeto es el primer elemento de una oración.
Peeero, aunque el español tenga una estructura SVO (sujeto, verbo, objeto), el sujeto no siempre encabeza la oración.
Así que no tiene nada que ver ni con el orden ni con la acción que realiza.
¿Y cómo podemos saber cuál es el sujeto?
Bueno, lo que nos va a decir que un sujeto es un sujeto es la concordancia. La concordancia marca relaciones gramaticales.
El sujeto concuerda en persona y número con el verbo. Así, si el verbo está conjugado en tercera persona del singular, debemos buscar en la oración un elemento que también esté en tercera personal del singular.
Por ejemplo: El niño come peras.
Mejor: El niño enchufado come peras.
Ok. En esa oración, vemos que hay un verbo conjugado (come). Vemos que «come» está en tercera persona del singular.
En la oración hay dos elementos más: el niño y peras. Vemos que «el niño» concuerda en persona y número con el verbo.
Así que «el niño» es el sujeto.
Pero, Miliber, usted dijo que la oración tiene sujeto y predicado. No solo sujeto y verbo conjugado.
Bueno, después de buscar el sujeto, todo lo que nos sobre será predicado. El verbo conjugado forma parte del predicado.
Quedaría así:
¿Y ven que el orden no importa?
Les dije que el sujeto no siempre realiza la acción o al menos eso no es algo que lo define, pero puse un ejemplo donde sí está haciendo algo (muy bien, Miliber). Entonces, busquemos una oración donde el sujeto no esté haciendo nada.
«Me gusta el chocolate» (de verdad, me gusta el chocolate, pueden darme los que quieran).
Ok, el verbo conjugado de esta oración es «gusta» que está en tercera persona del singular. Ahora, buscamos el sujeto.
Si buscamos a alguien que realice una acción, estamos fuñidos porque aquí nadie está realizando nada.
Cuando ustedes me regalen chocolates, sí estarán realizando una acción. Una muy buena acción.
Tenemos que buscar un elemento que concuerde en persona y número. Sé que muchos escogería «me», pero, a menos que alguien se llame «Me», «me» jamás podrá ser sujeto.
JAMÁS.
Entonces, ¿cuál elemento de la oración concuerda en persona y número con el verbo?
El chocolate.
Si no me creen, hagamos otro ejercicio.
Vamos a cambiar el verbo que está en tercera persona del singular por el mismo verbo en tercera persona del plural. Así que, en lugar de «gusta», ponemos «gustan».
La oración quedaría así:
Me gustan el chocolate.
¿No les suena raro?
De bolas que suena raro. Si yo cambio el verbo a plural, automáticamente el sujeto me cambia a plural. Así que la oración sería:
Me gustan los chocolates.
Y ahí nos damos cuenta que, definitivamente, «el chocolate» es el sujeto.
Un cambio en el verbo obligó a que se realizara un cambio en el sujeto.
Ya después de que sabemos cuál es el verbo y cuál es el sujeto. Podemos dividir nuestra oración en sujeto y predicado:
muchos escogerían*
Los otros elementos de una oración también tienen nombre y son parte el predicado.
Dependiendo de su función puede ser «objeto directo o complemento de objeto directo», «objeto indirecto o complemento de objeto indirecto»...
... «objeto preposicional», «objeto concordado» y
«complemento circunstancial».
Para analizar cada uno de ellos, primero tenemos que conocer la valencia del verbo.
Todo verbo tiene valencias, también llamados «argumentos verbales».
La valencia de un verbo funciona como en química. Así como en química todo elemento tiene su valencia (un número determinado de electrones que puede compartir para formar un compuesto).
Todo verbo también tiene su valencia (un número determinado de argumentos que completan su significado).
Las oraciones son una especie de rompecabezas y vamos armando las piezas. La pieza del medio; es decir, la más importante es el verbo.
Todo debe encajar en el verbo.
No todos los verbos tienen la misma valencia. Hay verbos que tienen tres valencias, otros tienen dos, otros una y otros NI SIQUIERA TIENEN VALENCIA (ni Caracas, ge, ge, ge).
Vamos a ver todos los verbos como una obra de teatro de bajo presupuesto y vamos a buscar solo los elementos necesarios para que el verbo pueda representarse.
Por ejemplo: comer.
Yo siempre pienso en comida, perdón.
Comer se define como «ingerir alimentos» y no tendría...
... mucho sentido si no existiese alguien que coma y algo para comer.
Decimos «Miliber come una pizza» o «Un perro come carne». Siempre tiene que haber ALGUIEN que coma ALGO. Así, «comer» es un verbo que requiere dos valencias: algo y alguien.
Por ahora, quedaría así:
No odien mi letra, ¿ok?
Dejando a un lado los verbos impersonales, la primera valencia de los verbos siempre será el sujeto.
Hay verbos que necesitan de tres argumentos (valencias): Mi hermano me regaló una computadora.
Es solo un ejemplo, yo quiero mucho a mi hermano, pero computadoras no me regala.
El verbo «regalar» tiene tres valencias: ALGUIEN regala ALGO a ALGUIEN.
El verbo «caminar», por ejemplo, solo necesita que alguien camine, pero el verbo no requiere más información más, así que caminar sería un verbo monovalente (una sola valencia). Eso no quiere decir que no existirán oraciones con otros elementos:
Miliber camina en el parque.
Pero la única valencia del verbo sigue siendo la persona que camina: Miliber. El resto no es considerado valencia.
Así como hay verbos con tres, dos o una valencia; hay verbos que no tienen ninguna. Estos verbos son llamados cerovalentes. La mayoría designan fenómenos meteorológicos y no necesitan de ningún otro elemento para que su significado esté completo: llueve. NI SIQUIERA TIENE SUJETO.
Ajá, Miliber, ¿usted no dijo que las oraciones tienen que tener sujeto y predicado?
Sí, pero toda regla tiene su excepción. Además, les dije que todo giraba alrededor del verbo, así que solo con el hecho de que haya un verbo conjugado, podemos definirla como oración.
No me gusta dejar muchos espacios en blanco. Así que les resumo:
Lo primero que haremos es buscar el verbo conjugado. Luego, vemos cuál es la valencia del verbo. Ya sabemos que, salvo en los verbos impersonales, la primera valencia del verbo es el sujeto...
... y el sujeto concuerda en persona y número con el verbo.
Todo lo que no es sujeto es predicado y viceversa.
Buscamos el resto de las valencias y a los elementos que nos sobran los llamaremos: complementos circunstanciales.
Ya saben, sujeto concuerda en persona y número con el verbo y su jeta... es la que tiene que cerrar si le molestan «las bromitas» en estos temas.
En esta página pueden brindarme un cafecito. Todo con cafeína es más ameno, sobre todo la sintaxis:
La pantalla de mi teléfono quedó negra. Al parecer enciende, pero no me da ninguna imagen. Está totalmente negra. Además, estos últimos días no me dejaba enviar notas de voz y no podía contestar llamadas sin usar audífonos.
¿Alguien sabrá qué puede ser?
La mala suerte y la pobreza me están respirando aquí en la nuca, Marce.
Esta semana lo llevo a que lo arreglen o lo boten a la basura, vamos a ver.
Diario de investigación. Entrada 1. Estoy por embarcarme en uno de los más grandes retos de mi carrera lingüística científica: enseñar sintaxis en Twitter.
Le llamaré «proyecto gorila». Los sujetos (y no me refiero al sujeto gramatical solamente) parecen estar descansados y entusiastas, la ignorancia los hace felices.
Ustedes no entienden algo muy importante y yo me voy a encargar de recordárselo hasta el día de mi muerte y, después de ahí, me encargaré de repetirlo en todos sus sueños. Me llamarán Miliber Krueger porque yo necesito que entiendan algo:
Las lenguas que conocemos hoy en día no crecieron en los árboles, coño. Se los digo mil veces y mil veces escucho:
«Ay, pero si el español es tan rico (¿lo probaron? ¿a qué sabe?), ¿por qué decimos "delivery" y "no reparto a domicilio"».
A ver, es muy común que se adopten elementos de otras lenguas cuando estamos en contacto con ellas. Estar en contacto no quiere decir que tengamos que vivir en territorio anglosajón. El hecho de que el 98% de las series que vemos esté en inglés, nos mantiene en quinticti.
El 6 de enero, cuatro hombres asesinaron a Geraldine Quintero. Le dispararon y la metieron en el maletero de un carro. Cuando se dieron cuenta de que seguía con vida, la golpearon con una piedra y la quemaron viva.
En tres horas es la audiencia preliminar. No hay perdón.
Dos semanas después de su muerte, su padre murió de depresión.
No hay perdón.
Tiene que hacerse justicia.
Geraldine tenía dieciséis años. La asesinó su exnovio junto a sus amigos.