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¡Ya somos más de 2.000 por aquí, muchas gracias por estar al otro lado! 👏🏻👏🏻 Como agradecimiento a tener la paciencia de leerme, he preparado una breve historia en la que os hablaré de algunas de las curiosidades de la burbuja tecnológica del 2.000. Dentro HILO. 👇🏻👇🏻
Todo se fraguó en la década de los 80. Por aquel entonces, existía una compañía tecnológica muy rentable que se hacía llamar Microsoft. Salió a Bolsa en marzo del año 1.986, a un precio de 21$ por acción.
Durante años, Microsoft se paseó por delante de las narices de muchos inversores que infravaloraron la era tecnológica que se les venía encima. Microsoft acabó multiplicando por diez su valor en Bolsa cada año, con varios splits de por medio (¡sí, una ten-bagger anual!).
Aquel fue recordado como uno de los mayores errores por omisión de la historia, en el que incluso el mismísimo Peter Lynch admitió haber caído. Así lo confesó en su admirado libro “One up on Wall Street”.
Y entonces, llegó el agosto de 1.995. Una compañía que se llamaba Netscape Communications salía a cotizar al parqué americano. Era la creadora del primer navegador comercial en la historia de Internet: Netscape, engendrado por los conocidos Marc Andreessen y Jim Clark.
Los inversores, especialmente aquellos que habían dejado pasar la oportunidad de tener un pedacito de Microsoft desde sus inicios, veían cómo los mercados les concedía una segunda oportunidad. Y no estaban dispuestos ni mucho menos a perdérsela. Vaya si no lo estaban.
Netscape salió a cotizar a un precio inicial de 28$, cerrando la primera sesión por encima de los 58$, aunque llegó a alcanzar los 75$ en su máximo intradía. Acabaría cerrando el año en los 175$ (6-bagger en tan sólo seis meses).
Netscape acabaría siendo destruido por el Internet Explorer de Microsoft. Pero… ¿era algo inesperado? En el annual report de 1.995 (sí, el mismo año del 6-bagger) la propia compañía reconocía que tarde o temprano esto podría acabar sucediendo.
Así, aquel 9 de agosto de 1.995, Netscape Communications daba por inaugurada la burbuja económica más alocada que se recuerda en la era moderna (foto: portada del Time de febrero de 1.996, con Marc Andreessen como protagonista).
Años más tarde, Marc Andreessen sería conocido por reinvertir sus beneficios en startups como Twitter y Facebook, de la que incluso figura como Director Cofundador. Pero, como diría el bueno de Michael Ende, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Pasado un año, Yahoo también saltaría a la Bolsa. Y en mayo de 1.997, haría lo propio Amazon, de la mano de Jeff Bezos, que presentaba al mundo una compañía que sólo vendía libros, con dos años de vida, pocos ingresos y con pérdidas.
Cada vez que sus ingresos aumentaban, las pérdidas eran todavía mayores. Sin embargo, en su estreno se disparó más de un 30%. Por su parte, Ebay se estrenó en el parqué americano en septiembre de 1.998, y en su primera sesión se revalorizó más de un 175%.
A medida que la historia de estas exitosas salidas a Bolsa daba a conocerse, se produjo el efecto llamada, atrayendo a decenas de imitadores. Estudiantes y emprendedores de todo el mundo comenzaron a trasladarse a Silicon Valley, que lanzaban startups como si fuesen golosinas.
La economía tradicional había muerto. Ya no era necesario comprar una fábrica y contratar a decenas de trabajadores. Simplemente bastaba con un ordenador, un poco de talento y alguien dispuesto a apostar por ti. Nadie pensaba en las ganancias. Los números ya no importaban.
Pero nadie cayó en la cuenta de que Microsoft era una de las pocas compañías tecnológicas que nunca había dejado de ser rentable, y que pocas había como aquella. Sin embargo, todo el mundo quería apostar por proyectos que podría haber engendrado el mismísimo Bill Gates de 1.992.
Y entonces, la figura del accionista que invertía a largo plazo en dar vida a un proyecto ilusionante, se convirtió en la del voraz especulador que compraba y vendía acciones en cuestión de horas, alimentado por unos medios de comunicación que avivaban cada día la codicia.
Y se desató la locura. Una de las salidas a Bolsa más sonadas fue la de theglobe.com, en noviembre de 1.998. El día de su estreno en los mercados se revalorizó más de un 600%, aunque llegó a hacer un +1.000%. Fue una de las sesiones más volátiles que se recuerdan.
Básicamente, la compañía era una pequeña red social en la que sus usuarios podían suscribirse a un club e intercambiar opiniones unos con otros. En 1.998 facturaba 5 millones de dólares y presentó unas pérdidas de 17 millones. Jamás llegó a ganar dinero.
Pero eso no fue lo peor. En el propio annual report de 1.998, ellos mismos admitían que seguirían incurriendo en pérdidas ad infinitum. Al menos no faltaron a la verdad. Pero todo eso tampoco importaba.
Incluso si lees el mismo annual report en mayor detalle, te encuentras con muchas joyas. Entre otras, la compañía admite que su equipo gestor era demasiado pequeño y que no tenía la experiencia necesaria para gestionar una compañía cotizada. ¿Pero alguien se había leído aquello?
Los ingresos de las compañías continuaban creciendo, y a cambio las pérdidas se multiplicaban. En el año 2.000, theglobe.com publicaba unos ingresos de 30 millones de dólares, mientras que las pérdidas superaban ya el umbral de los 100 millones. Parecía no tener fin.
Por aquel entonces, también salió a Bolsa la compañía Red Hat, el desarrollador del software de Linux, cuyo precio de cotización se multiplicó por tres en el día de su estreno en el parqué.
En 1.999 facturaba 30 millones de dólares y perdía más de 5, mientras que en el año 2.000 sus ingresos alcanzaron los 40 millones, y las pérdidas se multiplicaron hasta los 43 millones de dólares.
Diciembre de 1.999, cuando se produciría el estreno más exitoso de la historia: VA Linux Systems, el célebre sistema operativo libre que prometía revolucionar el mercado. Se revalorizó un +698%. El que acudió a aquella IPO, vería multiplicar su inversión por 8. ¡En un solo día!
Y las IPO se sucedían sin parar. Luego vinieron Boo.com, Go.com, Pets.com, Webvan.com, Kozmo.com, E-Toys.com, Register.com y un largo ecétera. La euforia era imparable.
Todas perdían dinero y todas multiplicaban su cotización nada más hacerse públicas. ¿Pero qué importaban los números hoy? ¡El futuro era de ellas, y todo el mundo quería su pedacito de futuro!
De hecho, me descargué una base de datos del Nasdaq con todas las IPO americanas entre los años 1.999-2.000 y sólo he contabilizado un estreno negativo: Ixia, con tan sólo una caída del 1%.
Irónicamente, Ixia era una de las compañías más rentables que habían salido al mercado aquel año. De hecho, acabaría siendo absorbida por el gigante Keysight Technologies, ya en el año 2.017.
Una de las IPO más excéntricas que he encontrado fue la de Pets.com (febrero del 2.000), una compañía que básicamente vendía accesorios de mascotas por Internet. La propia Amazon controlaba el 30% de la compañía (más del 40% antes de su salida a Bolsa).
De hecho, aquello era algo de lo que Pets.com presumía mucho. En el folleto de su salida a Bolsa, la palabra Amazon se menciona hasta 211 veces. Sin embargo, la palabra Income (ingresos) sólo 39, y Revenue (beneficios) sólo 73. Datos cuanto menos curiosos.
La cuenta de resultados de 1.999 de Pets.com era tremendamente sencilla: generaban 5 millones de ingresos y tenían 60 millones en pérdidas. Tenían incluso margen bruto negativo, es decir, que vendían los productos por debajo de su precio de compra.
Eso sí, consiguieron captar más de 80 millones de dólares con su salida a Bolsa. ¿El resultado? En menos de un año, la compañía Pets.com acabaría quebrando.
La competencia por hacerse un hueco entre las compañías conocidas y captar así más capital llegó a ser tremenda. Fue tal, que Pixelon, compañía fundada en 1.998, llegó a ser más conocida por su fiesta de estreno en Bolsa que por su propio negocio.
El evento, celebrado en Las Vegas, fue conocido como iBASH 99, y se calcula que tuvo un costo en torno a los 16 millones de dólares. Entre sus invitados, figuraban, entre otros, The Who y el célebre grupo de rock KISS.
Las dotcom dilapidaban también el capital en anuncios millonarios de TV. Por ejemplo, el anuncio de Pets.com de la final de la Super Bowl del año 2.000 costó más de 1,2 millones (25% de las ventas). Aquel año, la Super Bowl emitiría 16 spots de compañías dotcom.
Las IPO se contaban ya por diarias. De hecho, las IPO de compañías tecnológicas entre 1990 y 1998 ascendieron a 1.081, con un retorno medio del +22%. Entre 1999 y el 2000 llegaron a ser 585 (más de una por día), con un retorno medio por encima ¡del +80%!
Aquí otra gráfica que ilustra a la perfección la enorme euforia de aquellos dos años, cuadriplicando las salidas a Bolsa con respecto al año 2.016, por ejemplo.
Los analistas de Wall Street eran conscientes de estar viviendo una burbuja sin parangón. Admitían que muchas compañías no eran rentables, y serían pocas las que sobrevivirían cuando acabase explotando. Reconocían no saber cuáles, y por ello no podían quedarse fuera de ninguna.
Por supuesto, muchas de las otras compañías tecnológicas del Nasdaq también alcanzaron máximos históricos a los que jamás volverían a acercarse. Esto llevó al índice a pulverizar la barrera de los 5.000 puntos por primera vez en su historia.
Todo desembocó en el abril del año 2.000, en el que el Nasdaq registró las tres mayores caídas de su historia, que todavía siguen vigentes a día de hoy: el 3, el 12 y el 14 de abril. El colapso bursátil fue total.
En diciembre del año 1.999, Time había nombrado a Jeff Bezos como el “Person of the Year”.
En febrero del 2.000, el precio de Amazon llegó a superar los 80$ por acción, y sólo un año después caía hasta los 8 $. La capitalización bursátil de la compañía se había volatilizado en apenas unos meses y la compañía rozó la bancarrota.
La vorágine inversora también tocó a Microsoft. Sin embargo, a diferencia de las demás, la compañía de Bill Gates nunca había dejado de ser rentable.
En España, la burbuja tecnológica la encarnó, entre otras, la conocida Terra, que salió a Bolsa en noviembre de 1.999 a un precio de 11,81 euros, cerrando ese mismo día a 37. Los máximos históricos llegaron en febrero del 2.000, superando los 135 euros. El resto ya es historia.
Pero los largos tentáculos de la burbuja tecnológica alcanzaron también al sector de las telecomunicaciones. De hecho, el máximo histórico de Telefónica (29 euros) se alcanzó en marzo del 2.000. Hoy, las acciones permanecen estancadas por debajo de los 7 euros.
Lo que sucedió, al fin y al cabo, fue una época dorada de innovación tecnológica demasiado adelantada en el tiempo, seguida por una locura financiera que acabó en una quiebra que alcanzó a todo el sector. El Nasdaq necesitaría más de 14 años para recuperar los máximos del 2.000.
Sin embargo, no cabe duda que el reinado de las grandes compañías tecnológicas que hoy conocemos todos, se forjó sobre las ruinas de aquel alocado pero muy necesario periodo del 2.000. Muchas gracias. 🙂
Nota aclaratoria: tal como Peter Lynch comenta en su libro, Microsoft llegó a ser una 100-bagger, lo cual no significa que hubiera multiplicado por 10 cada año. En esencia es así, aunque el retorno anual exacto fue del 58,5%, que tampoco está nada mal. 😉
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