, 36 tweets, 7 min read Read on Twitter
¿Entre 20-30 tweets para componer un cuento para #veranoderelatos? ¡Me apunto! Nunca he hecho algo así, pero seguro que resulta entretenido.

En mi caso, se titula 'El fugitivo' y bebe los vientos de la séptima imagen. ¡Allá vamos!
—¿Por qué no nos dejan en paz? ¿Cuándo dejarán de perseguirnos?

Peter Linklater murmura al volante de su coche. Las gotas de sudor le caen por la frente mientras conduce a trompicones fruto de los nervios por una sinuosa carretera. Sin embargo, en su loca carrera no marcha solo.
En el asiento del copiloto le acompaña Charles Howard, amigo íntimo del conductor desde que ambos coincidieron en la academia militar. Destinados a la Guerra de Irak, ambos tuvieron la fortuna de regresar con vida, pero lo que sufrieron en el conflicto les marcó para siempre.
—Cada vez se acercan más. Charles, te juro que no tendré problemas en estrellar el coche contra ellos como sigan incordiando.

Ambos ya han llegado a la autovía y circulan a gran velocidad. Pero eso no ha terminado con la conducción temeraria de un Peter cada vez más alterado.
No soporta el ruido de las sirenas, menos aún las voces de su cabeza. Su ángel particular le pide que pare aunque el demonio le exige que acelere. Él, que estuvo cerca de entregar su vida por su país, no concibe ser tratado como un criminal. Es más, es un héroe nacional.
Presiona el pedal del acelerador. Sujeta con firmeza el volante aunque es incapaz de mantenerlo recto. Su vista se centra en el horizonte y espera ver alguna salida para escabullirse por ella. Los kilómetros pasan y no hay señales, por lo que los nervios van aumentando.
—Déjame un momento, Charles. Voy a abrir la guantera para coger la pistola. Si se ponen en el punto de mira les dispararé sin dudarlo.

De forma torpe, Peter extiende la mano para desplegar el compartimento. En el interior del compartimento se encuentra una Beretta M9.
A casi 110 millas por hora, el conductor logra coger el arma automática para comprobar si está cargada. De las quince balas que esta pistola puede albergar, quedan seis. No es una cifra muy alta, pero sí la suficiente para detener en un momento dado al vehículo perseguidor.
—¡Hazlas callar! ¡Dile a las voces que me dejen tranquilo! —exclama Peter a la par que dirige su mirada a Charles.

Le cabrea saber que van tras él, sobre todo porque Peter solo salió a recoger a su amigo de la base militar en la que se encuentra.
No le gusta que Charles continúe ligado al ejército debido al poco tacto que tuvieron con ellos, pero sí le agrada que su amigo tenga un trabajo estable como coronel. Por su parte, Peter se apartó por completo de la carrera militar y se metió de comercial de medicamentos.
El desesperado conductor mira por el retrovisor izquierdo y observa otros dos coches más que se han unido al vehículo principal. Desde uno de ellos le exigen que pare inmediatamente su rumbo o, si no, que se atenga a las consecuencias.
—¡Jamás pienso parar! ¡Vosotros no sois nadie para exigirme nada!

Peter habla con furia y golpea con virulencia el volante mientras pronuncia estas palabras. Cada vez está más alterado y se acerca a un estado de enajenación mental.
No suelta la pistola de su mano e incluso la saca un par de veces por la ventana para intimidar a los perseguidores, lo que hace que estos dejen algunos metros más de separación. No le gusta tener que cargar con el arma, porque le trae malos recuerdos.
Peter desconoce el número de enemigos que mató, pero está seguro que supera la decena. Aún tiene pesadillas por las noches, sobre todo acordándose del temible sonido de un disparo. Es justo ese momento en el que no hay vuelta atrás y la vida de una persona queda sentenciada.
Pone la radio para intentar tranquilizarse:

“En estos momentos la policía trata de detener a un peligroso fugitivo, el cual se encuentra armado. Las autoridades piden precaución a los vehículos que circulen por la autovía”

¿Fugitivo? ¿Un héroe nacional como él?
El cabreo de Peter aumenta al poner la radio. Acelera y la velocidad asciende a las 130 millas por hora. El motor ruge con fuerza. Pero los tres vehículos policiales se mantienen a su estela y siguen cerca del coche de Peter y Charles.
El conductor del vehículo no sabe qué hacer, lo que le recuerda a su vuelta de Irak. Atormentado, supo que debía abandonar el ejército. Buscó trabajo por todas partes hasta que tuvo la fortuna de encontrar una farmacéutica que le ofreció vender sus productos.
Si bien su contrato tenía letra pequeña, puesto que además de ofrecer los medicamentos y encontrar posibles compradores, Peter también debía participar en ensayos clínicos. Pero el sueldo lo compensaba con creces.
—¡Detenga el vehículo! ¡Estamos dispuestos a abrir fuego!

Un policía asoma su cabeza por la ventana y a través del megáfono espera revocar la actitud de Peter. No obtiene la respuesta que espera. Dos disparos resuenan, aunque no impactan contra ninguno de los coches policiales.
A lo lejos se ven luces rojas y azules. También llega el sonido de unas sirenas. Peter se da cuenta de que hay un control en medio de la autovía y que no le va a quedar más remedio que detenerse o saltárselo a la fuerza. Pensativo, se rasca la cabeza y cavila sus opciones.
Quizá parar e intentar explicar qué ha ocurrido sea la mejor de ellas. Puede que al que busquen sea realmente a Charles y él sea un mero acompañante.

—¿Qué has hecho Charles? ¿Tienes que contarme algo? ¿Eres un puto delincuente?
Peter eleva la voz y empuja a su amigo, pero este no responde. El silencio de su amigo durante toda la persecución exaspera a Peter. Los nervios han ido a más en él, pero ve impasible a su colega. Puede que ahí esté la respuesta y el culpable de su situación sea Charles.
Sigue empujándole, pero Charles ni siquiera se inmuta ante sus violentas embestidas. Peter le mira de arriba abajo y no comprende cómo es posible que no reaccione, que tenga la cabeza ladeada hacia su derecha. ¿Y si…? No, no puede ser. Niega con la cabeza.
Peter empieza a entender qué ocurre. La sangre que salpica el cabecero del asiento derecho procede de Charles. Ve un imponente agujero en la parte izquierda de la cabeza de su amigo. Está muerto.
Peter se mira en el retrovisor central y la imagen que devuelve el espejo le asusta. Despeinado, con ojeras pronunciadas y barba descuidada, lo que más le choca son las manchas rojas que luce en el lado derecho de su cabeza. La cordura empieza a aparecer en su memoria.
El desesperado conductor fue a buscar a su amigo a la base militar, pero algo debió pasar hasta que se metieron en el coche y se lanzaron a la fuga. No es consciente de qué ocurrió, pero ahora sabe que el culpable probablemente sea él.

—¿Qué he hecho? ¿He matado a Charles?
Peter habla en voz alta. Mueve la cabeza hacia delante y atrás continuamente. No quiere creerlo. ¿Ha matado a su amigo? ¿Cómo? ¿Cuándo? Las preguntas le retumban en su mente. ¿Pasó algo en la base militar? ¿Por eso me persiguen? El exsoldado no entiende nada.
El control policial está cerca y el sonido de las sirenas es más atronador. Peter aminora hasta que se detiene a unos metros de la barrera que han establecido las autoridades. Abre la puerta y sale del coche lentamente. Ya de pie, observa al frente y a su espalda. Está rodeado.
—¡Suelte la pistola y ponga las manos en la cabeza!

Aunque la exigencia policial llega a escasa distancia, a Peter le parece proceder desde muy lejos. Mira su mano derecha y comprueba que está sujetando la pistola. Levanta la cabeza y mira ambos frentes. Hay agentes apuntándole.
La misma voz que le habló anteriormente le exige que libere al coronel Howard. Peter atiende y bordea el coche, a pesar de que los mismos agentes le piden que se esté quieto. Sus movimientos pausados sirven para que lo dejen actuar.
Cuando llega a la puerta del copiloto, la abre y el cuerpo de Charles cae al asfalto.

—¡Suelte el arma y deponga su actitud! ¡Póngase de rodillas y con las manos en la cabeza ahora mismo! ¡Es una orden!
La voz suena más nerviosa tras ver el cadáver de Charles. Peter nota que los agentes han ajustado su punto de mira y le tienen totalmente cercado. Calmado, pregunta a los agentes qué ha pasado. Él es el primer sorprendido de que se haya llegado a esta situación.
—¡Abriste fuego en la base militar y has matado a cuatro soldados! ¡Secuestraste al coronel y también lo has matado!

Peter frunce el ceño y se deja caer de rodillas sobre el asfalto. Se ha convertido en un asesino y solo recuerda haber apretado en dos ocasiones el gatillo.
—No compliques las cosas, Peter. Entrégate y te ayudaremos. Todavía tienes una salida.

En esta ocasión la voz suena más tranquila, incluso con tono paternal. Los ojos se le empapan en lágrimas al entender todo lo que ha pasado.
Se levanta y murmura suavemente: “lo siento”, repite Peter sin cesar. Observa la pistola que sujeta. Apunta a su sien derecha y cierra los ojos. «Todavía tienes una salida», resuena en su interior. Amaga una, dos, tres veces.
Visualiza en su mente la imagen de Charles con un agujero en su cabeza. Peter vuelve a apoyar la pistola en su testa y esta vez sí se decide a apretar el gatillo.

—A todas las autoridades, la persecución ha terminado. El fugitivo se ha suicidado.

FIN
Missing some Tweet in this thread?
You can try to force a refresh.

Like this thread? Get email updates or save it to PDF!

Subscribe to Alberto Val Calvo
Profile picture

Get real-time email alerts when new unrolls are available from this author!

This content may be removed anytime!

Twitter may remove this content at anytime, convert it as a PDF, save and print for later use!

Try unrolling a thread yourself!

how to unroll video

1) Follow Thread Reader App on Twitter so you can easily mention us!

2) Go to a Twitter thread (series of Tweets by the same owner) and mention us with a keyword "unroll" @threadreaderapp unroll

You can practice here first or read more on our help page!

Follow Us on Twitter!

Did Thread Reader help you today?

Support us! We are indie developers!


This site is made by just three indie developers on a laptop doing marketing, support and development! Read more about the story.

Become a Premium Member ($3.00/month or $30.00/year) and get exclusive features!

Become Premium

Too expensive? Make a small donation by buying us coffee ($5) or help with server cost ($10)

Donate via Paypal Become our Patreon

Thank you for your support!