My Authors
Read all threads
#CosasQuePasanEnLaGuardia #100. Ocho y algo, recién termina el pase y entran por la entrada de ambulancias a una chica que se agarra el abdomen y vomita. La madre asegura que es el apéndice a los gritos. Le indico a mis compañeros que vayan a desayunar algo, (+)
(-) que yo me ocupo, y las hago pasar al consultorio tres en que una anciana demenciada y algo agresiva –a la que anoche tuvieron que sedar–, espera desde hace catorce horas, acompañada por su hija de unos sesenta años que teje una bufanda azul y celeste a rayas –recostada (+)
(-) en una reposera en la que dudo que haya podido dormir mucho–, a la ambulancia de PAMI que la llevará al geriátrico en el que vivirá de ahora en adelante –y en el que espero que no se contagie coronavirus– ya que la hija refirió que “ya no puede con ella”. (+)
(-) La mujer de la bufanda sonríe y vuelve a lo suyo. La anciana ronca, grita y se duerme de nuevo. La chica del dolor abdominal, desde su adolescencia tardía o juventud temprana, la mira con algo de miedo. Le indico que se siente en la camilla y, para hacerlo, se suelta (+)
(-) unos segundos la panza. Sube sin dificultad ni quejidos, pero, una vez arriba, se acuesta de costado con las rodillas dobladas hacia el abdomen y lloriquea nuevamente de dolor. Le pregunto qué le anda pasando, y la madre es la que contesta:
(+)
(-)
–Es el “péndix”, dotora, toy segura. Se lo tienen que sacar, dotora, por favor. Yo no quiero que termine como mi hijo, el más grande de los dos, que casi se me muere de la “peritonitis complicada” –la voz le sale aguda, chillona diría. Sus chillidos están llenos de miedo.
(+)
(-)
Sus raíces castañas asoman por encima del pelo teñido de rubio tirando a anaranjado. No tiene más de cuarenta años y me pregunto a qué edad habrá comenzado a formar una familia. Pienso en mis óvulos tirando a añejos, en mi menstruación que, ciclo a ciclo, (+)
(-) temo que me abandone, y en que, a pesar de eso, todavía no me siento lista para ser madre (igualmente, tampoco tendría con quién serlo si lo estuviera). La mujer se tapa la boca con ambas manos, tras pronunciar ese diagnóstico que se nota que le provoca terror, y se (+)
(-) le caen un par de lágrimas. Intento calmarla, que no tiene por qué ser el caso, que primero necesito revisar a su hija y que me respondan un par de preguntas. Sube y baja la cabeza mientras aspira los mocos hacia arriba. Le ofrezco una gasa y se suena la nariz. (+)
(-) Arranco por el interrogatorio. Tiene diarrea y vómitos, sin fiebre. Anoche comió cuatro milanesas fritas –la madre remarca que su hija es de buen comer, aunque no se le note– con dos huevos fritos y helado de postre. Cuando le pido que me marque con un dedo (+)
(-) dónde le duele más, lo hace con la palma abierta y recorre en torno al ombligo y hacia afuera formando un remolino. Le indico que se acueste para revisarla. Lo hace, pero mantiene las rodillas flexionadas hacia el abdomen. Se las estiro de a poco y le prometo (+)
(-) ser suave. Recién ahí se afloja algo. Primero le apoyo el estetoscopio: es un mar de ruidos, gases y su diarrea. Paso a la palpación: el dolor es difuso y no está aumentado precisamente en la ubicación del apéndice. Le explico a la madre que, por suerte, no parece (+)
(-) ser más que una gastroenteritis, solo el atracón que se pegó. Ella, en vez de mostrar alivio, tensa los rasgos de la cara.
–Otra vez lo mismo. Usté al final es como los que atendieron a mi hijo, que me dijeron lo mismo, mismo, (+)
(-) y así era el péndix nomás. Son todos iguales, nos quieren mandar de vuelta pa' la casa como sea –se la nota realmente preocupada.
Miro hacia el pasillo. La guardia parece calma.
(+)
(-)
–Mire, yo no estuve en el caso de su hijo como para saber qué fue lo que pasó –arranco–, pero estoy acá y lo de su hija es una inflamación del estómago y del intestino que nada tiene que ver con el apéndice.
–Claro. Sí. Seguro. Igualito, igualito –casi que me ladra.
(+)
(-)
–Vamos, ma –la hija le tironea del sweater mientras hace que no con la cabeza. También se la ve preocupada.
Levanto la mano con los dedos extendidos y las freno.
–Les ofrezco una cosa si les parece –las miro como pidiendo permiso.
Ellas posan sus ojos algo más abiertos (+)
(-) sobre los míos.
–Lo que puedo hacer es pedirle un análisis de orina y otro de sangre –me dirijo a la madre–. Vos te comerías un pinchazo que en realidad no necesitás –giro hacia la hija–, pero que, si las deja más tranquilas, lo podemos hacer, si les parece, eso y una placa.+
(-)
La mujer me abraza. Recién ahí caigo en que no me puse la máscara facial ni las antiparras, y ruego que ninguna de ellas vaya a tener covid. En cuanto al abrazo, como ya me lo dio, lo continúo y hasta lo agradezco para adentro. Les hago las órdenes para todo (+)
(-)y vuelvo al estar. Me pongo alcohol en gel al entrar, me lavo las manos y, por las dudas, hasta la cara. Tomo café de un trago largo. Lo trajo una suplente colombiana que está viniendo hace un par de guardias. Es de su país y está riquísimo. El petiso ya tomó medio vaso (+)
(-) y ahora habla con el orientador sobre un paciente con la pierna podrida que acaba de llegar. Alza el vaso cual brindis con un “era demasiado bueno para ser verdad”, hace fondo blanco, y salen. Yo tomo mi café con dos galletitas de agua y lo sigo. La suplente viene conmigo.(+)
(-)
Llamo a una mujer con una parálisis facial que se pegó el ojo cerrado con cinta de papel. Cuenta que su vecina ya tuvo y le dijo que tenía que mantener cerrado el ojo. Le explico acerca de lo que le está pasando, los remedios a tomar y cómo hacer con su ojo. Agradece y se va+
(-) A la colombiana le toca un agusanado y yo pienso en que hace bastante que no venía ninguno. Lo hace pasar y yo busco éter, que de milagro hay. Lo ponemos sobre la pierna al hombre, esta vez sí con la protección correspondiente (nunca se sabe). (+)
(-) Para cuando terminamos con el último gusano y lo vendamos, la chica del dolor abdominal parece estar mejor, aunque no la mediqué aún. Tiene la placa en la mano que no muestra nada demasiado raro. El sedimento urinario también es normal. Vuelvo al (+)
(-) estar y hablo un rato con el petiso sobre su primo al que hisoparon y mandaron a un hotel. Dice que era una faringitis bacteriana nomás, pero que nadie le había mirado la garganta. No critico, y él solo lo hace en parte. Ambos entendemos el miedo. (+)
(-)
Llegan los resultados de sangre de la paciente. Son normales, así que asumo que tanto no vomitó. Se los muestro a ambas y le pregunto si tolera el agua. Contesta que sí, que solo la comida le da asco, y me pregunto si habrá vomitado realmente en algún momento. (+)
(-)
Escribo la medicación que tiene que tomar y cómo hacerlo, y le hago otro papel con la dieta a seguir. Les doy pautas de alarma y remarco en qué casos sería importante que vuelvan pronto. Se van ya sin caras de enojo y casi que parecen contentas o, por los menos, conformes.+
(-)
Llamo al último en la lista. Es un hombre que viene para un control de dengue. Tiene las plaquetas de anteayer algo bajas y le mandaron controles cada cuarenta y ocho horas. Le pido el laboratorio con hemograma (para ver sus glóbulos blancos, rojos y plaquetas) y (+)
(-) hepatograma (quiero saber cómo anda su hígado, que también venía algo chocado). Dejo las órdenes y el enfermero, que toma mate solo, me informa que enseguida va.
–Desayuná tranqui. Es un control de dengue que puede esperar unos minutos.
(+)
(-)
Baja la cabeza y se come un bizcocho de grasa. Me ofrece y me lavo las manos para agarrar uno. Termino llevándome tres para el estar y le doy uno a la colombiana y otro al petiso. Hablamos sobre un señor que llegó muy mal y que falleció hace una semana; (+)
(-) resulta que sí, era covid. El emergentólogo nos muestra fotos de la tomografía que yo no había visto: es terrible lo que se ve. Unos minutos después el enfermero dueño de los bizcochos entra al estar. Me pregunta si el hepatograma era realmente necesario porque (+)
(-) se le pasó. Le explico que sí y se excusa con que no sabía que era necesario en los controles de dengue y que mandó al paciente a aguardar el resultado en la sala de espera. Le digo que no se preocupe y salgo a llamar al paciente. Me encuentro con la madre del (+)
(-) pelo casi naranja con raíces castañas y la hija adolescente tardía. Traen un paquete que me entregan con otro abrazo mientras me cuentan que son dos docenas de facturas. Contesto que no era necesario con una sonrisa que no llegan a ver por el barbijo. Lo agarro y les (+)
(-) agradezco tres veces de forma consecutiva. Se van abrazadas y a la chica ya casi no se le nota el dolor.
Hago pasar al paciente del dengue mientras pienso en que quiero más pacientes como ellas. Le explico que hubo un problema con la muestra y que le van a tener que sacar(+)
(-) algo más de sangre.
–Suerte que no le tengo miedo a las agujas –se ríe.
Lo dejo en manos del enfermero alto –al que le indico que después venga si quiere facturas– y voy para el estar. No queda nadie en la lista y varios de mis compañeros están ahí. (+)
(-) Entro el paquete como si fuera el mejor regalo del mundo –en este momento, al menos, lo es–, mientras le canto el feliz cumpleaños a la cardióloga que cumplió en enero. El emergentólogo se suma y el petiso lo sigue. Deposito el paquete en la mesa y la (+)
(-) supuesta homenajeada larga un “gracias, gracias” mientras ladea la cara para un lado y para el otro y lo abre. Todos aplauden al ver el contenido. La colombiana pone a hacer más café y también la aplaudimos.
(+)
(-)
La charla resulta amena, casi que feliz. Nos sacamos por un momento los barbijos, comemos –yo dos cañoncitos de dulce de leche, la colombiana dos medialunas de grasa, la pelirroja solo una que parece bizcochuelo y el petiso tres facturas variadas–, tomamos ese elixir de (+)
(-)café, y nos olvidamos –al menos por unos minutos– de la pandemia y de todos los que hisopamos e internamos en estas semanas. El emergentólogo habla de una gata que hace tres días que no lo deja dormir y el pediatra de los anteojos cuadrados le pregunta si es rubia o (+)
(-) morocha. La pelirroja salta con que hay otros colores de pelo y el emergentólogo dice que seguro, que en este caso es de pelo gris.
–¿Te estás comiendo a una jovata? –lo gasta el pediatra.
–A una cachorra, será –se ríe el emergentólogo (+)
(-)mientras nos muestra fotos de una bola de pelos gris clara sumamente tierna que le entra en una mano.
Cuenta que apareció una caja con varios gatitos en la puerta de lo de una vecina del barrio cerrado al que se mudó hace no tanto, y él adoptó a esta.
(+)
(-)
–En realidad se suponía que era macho –explica–. Eso me verseó el hijo de la vecina que se hizo el que sabía, pero ahora internet dice que no, que es piba. Beba, bah.
–Una bebota –pronuncia el pediatra proyectando los labios en trompa y prolongando la “o”.
(+)
(-)
El emergentólogo se ríe.
–¿Y cómo le pusiste? –se mete la cardióloga.
–¿Covid? –se mete el petiso.
–Pobre bicho –acota la colombiana.
–Mi sobrino le había puesto Virus. Se lo mostré por video-llamada y, como está full aprendiendo sobre el “bicho que es un virus”, quedó. Pero+
(-) ahora no sé. Cuando le dije que es nena eligió “Tena”, por cuarentena, pero creo que voy a buscarle otro…
–Si lo eligió tu sobrino, se lo tenés que dejar –lo reto.
–Sí, se va a poner triste si se lo cambiás –insiste la colombiana.
(+)
(-)
La charla se prolonga en torno a nombres posibles (Corona, Stella, Nube, Pelusa, Pandemia, Bola y otros tantos) y sobre si es válido o no cambiárselo. Me fijo la hora en el celular. Vamos por lo menos treinta minutos de charla sin que hayan llegado pacientes. Miro al (+)
OTRA VEZ SE CAYÓ @CableFibertel y no me deja seguir. (Escribo esto desde el celular, tengo el hilo en la computadora), cuando lo arreglen, sigo, perdón
(-) emergentólogo: se lo nota contento pese a las quejas. Al petiso lo llaman por teléfono y se va a hablar a un rincón. Escucho un “No me digás” seguido un “qué cagada, che”. Luego pregunta qué tiene que hacer él. Apenas corta, sale.
(+)
(-)
Con la pelirroja y la colombiana atendemos a dos pacientes que llegaron. Son consultas cortas que incluyen un bicho dentro de un oído que no sale al colocarle vaselina líquida (mandamos al paciente al otorrino) y un hombre con algo que le pica que parece ser sarna.
(+)
(-)
Cuando se lo comunicamos, se enoja y se retira negándose a recibir el tratamiento correspondiente porque “él no es ningún sucio”.
Volvemos al estar. Justo entra el petiso y nos reúne.
–Aislaron a mi compañero de la clínica –empieza.
(+)
(-)
Nos quedamos calladas y lo miramos a la espera de más información.
–Tiene tos y odinofagia y atendió hace una semana, sin EPP completo, a una mujer con cefalea que terminaron hisopando para covid dos días después, no sé bien por qué, y dio positiva.
(+)
(-)
–¿Y a tu compañero lo hisoparon? –pregunta la colombiana.
–Parece que ayer a última hora –dice él –. Me llamó a la noche y yo estaba torrando y no atendí.
–Menos mal que ahora sí lo atendiste –acota la pelirroja.
(+)
(-)
–Es que no era él. Era de infecto de la clínica, dicen que tengo que aislame por las dudas hasta que esté el resultado. Allá tarda –aclara.
–Y bueno. Hablá con el jefe y andate –le larga la pelirroja dando por cerrado el asunto.
–Y avisanos cómo sigue todo –agrego.
(+)
(-)
–Es que ese es el tema… –nos frena él–. Ya hablé con el jefe y con infecto de acá. No me quieren aislar hasta que no de positivo, dicen que lo de mi compañero puede ser cualquier cosa, que no tuvo fiebre y yo que sé que más.
–Pero tal vez recién esté arrancando –digo casi(+)
(-)para adentro.
–Eso dije yo, pero me sacaron cagando… y si me voy en contra de su orden, me pueden hacer un acta o rajarme.
–Tranquilos. Seguro que no es nada. Vamos a estar todos bien –se mete la colombiana y yo envidio su optimismo.
(+)
(-)
Hago que sí con la cabeza.
–¿Vos tuviste contacto estrecho con él? –pregunta la pelirroja.
–Dormimos en la misma habitación –pronuncia el petiso y su voz resuena a una mezcla de miedo con culpa.
(+)
(-)
–Bueno, vos tranquilo. No durmieron en la misma cama. Vas a estar bien –trato de calmarlo y de calmarme–. Acá tendremos más cuidado para que no nos pase eso, y listo.
Pienso en las habitaciones en las que dormimos de a varios, en el estar médico que es (+)
(-) chico y en el comedor en el que el ancho de las mesas no supera el metro. No puedo evitar repetir en mi mente la escena del café y las facturas e intentar contar los minutos que estuvimos sin barbijo. Me prometo, desde la próxima guardia, traer comida y comerla en (+)
(-) un rincón lejos de todos, también tomar sola el café y comer rápido las medialunas. Pienso en lo mucho que voy a extrañar esos momentos compartidos fuera de la medicina y me muero de ganas de prenderme un pucho. Salgo a la entrada de ambulancias y uno de los (+)
(-)
choferes está en eso. Le pido uno y me dice que era el último. Me ofrece una pitada y casi que acepto hasta que me acuerdo del covid y, unos segundos después, de que estoy tratando de dejar. Tomo aire hondo, lejos de su humo, y le mangueo un chicle en lugar del cigarrillo.
Missing some Tweet in this thread? You can try to force a refresh.

Keep Current with Anónima me hicieron

Profile picture

Stay in touch and get notified when new unrolls are available from this author!

Read all threads

This Thread may be Removed Anytime!

Twitter may remove this content at anytime, convert it as a PDF, save and print for later use!

Try unrolling a thread yourself!

how to unroll video

1) Follow Thread Reader App on Twitter so you can easily mention us!

2) Go to a Twitter thread (series of Tweets by the same owner) and mention us with a keyword "unroll" @threadreaderapp unroll

You can practice here first or read more on our help page!

Follow Us on Twitter!

Did Thread Reader help you today?

Support us! We are indie developers!


This site is made by just two indie developers on a laptop doing marketing, support and development! Read more about the story.

Become a Premium Member ($3.00/month or $30.00/year) and get exclusive features!

Become Premium

Too expensive? Make a small donation by buying us coffee ($5) or help with server cost ($10)

Donate via Paypal Become our Patreon

Thank you for your support!