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En tiempos de pandemias y cuarentenas es preciso recordar una enfermedad que acabó con un tercio de la población europea. Y que mató a más de 60 millones en Asia y África. En el Siglo XIV muchos pensaron que el fin del mundo estaba cerca con la PESTE NEGRA.
Abro hilo⬇
#COVID2019
La Peste Negra es hasta el día del hoy la peor pandemia de la que se tiene registro. La Gripe Española y las constantes epidemias de viruela, malaria y sarampión causarían más muertes, pero ninguna de estas tuvo la letalidad de “la Gran Muerte”.
Las epidemias no fueron algo desconocido para nuestros antepasados. Por entonces había otras enfermedades endémicas que azotaban constantemente a la población, como la disentería, la gripe, la tuberculosis, el sarampión y las dos más temidas: la viruela y la lepra.
Por ejemplo, en el año 430 A.C una epidemia de fiebre tifoidea en Atenas, que se encontraba sitiada por espartanos, mató a un tercio de sus habitantes, incluido al famoso político Pericles. @PericlesPnyx
Entre el año 165 y 180, la peste Antonina rondó por todo el Imperio Romano. Traída por tropas que asediaron la ciudad de Seleucia, fue descrita por Galeno de Pergamo, y se cree que se trató de viruela. Mató a cinco millones de personas, incluido al coemperador @LucioVeroHD
La Peste Cipriana azotó al Imperio Romano desde el año 249 al 262, y se llama así porque el obispo Cipriano de Cartago la relató en detalle. Llegada a Egipto desde Etiopía, se dice que alcanzó a matar 5000 personas al día en Roma. Las posibles causantes: viruela o sarampión.
La plaga de Justiniano devastó al Imperio Romano de Oriente, matando entre 25 a 50 millones de personas en África, Asia y Europa. Llegada de la actual Tanzania, presentó los mismos síntomas que los relatados en la Peste Negra, así que se se trató de peste bubónica.
Esta plaga afectó al mundo entre el año 541 y 543, e incluso puso en riesgo la vida del emperador @JustinianoI483, aunque logró sobrevivir según relata el historiador Procopio de Cesarea. Un rebrote de esta peste mataría al Papa Pelagio II en 590.
Volviendo a la Peste Negra, según creía el historiador árabe Ibn al-Wardi, pudo tener origen en el «País de la Oscuridad», el kanato de la Horda de Oro, en territorio del actual Uzbekistán.
Aunque aun se especula con su origen, se cree que la peste surgió en el desierto de Gobi, entre Mongolia y China. Después de causar estragos en China llegaría a Europa transportada por nómadas de la estepa que usaban la Ruta de la Seda.
Y en los puertos del mar Negro barcos genoveses y venecianos llevarían la enfermedad a todo el mediterráneo. No solo sufrió Europa, grandes zonas de Egipto, Siria, Gaza, Asia Menor y Arabia quedarían devastadas.
Durante siglos su origen no estuvo claro, hasta que una enfermedad similar azotó Hong Kong en 1894. Los franceses enviaron al médico franco-suizo Alexandre Yersin, que descubriría, simultáneamente con el médico japonés Kitasato Shibasaburō, el patógeno causante de la enfermedad.
Ambos descubrieron que la misma bacteria estaba en los enfermos y en los cadáveres de ratas muertas. Yersin bautizó a la bacteria causante como Pasteurella pestis, que solo hasta 1970 se le denominó Yersinia Pestis.
Hoy sabemos que la Yersenia Pestis, que se encuentra de forma natural en ratas y otros roedores, se puede contagiar por medio de la pulga de las ratas (Xenopsylla cheopis) a los humanos a través de picaduras, ya que estas contienen en su sistema digestivo los bacilos infecciosos.
La Peste Negra era, pues, una zoonosis.
Y en 2016 investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (en Jena, Alemania) encontraron el material genético de la bacteria en la pulpa de los dientes de 5 individuos exhumados en una fosa común de la época de la peste en Inglaterra.
El contagio era fácil porque ratas y humanos estaban presentes en graneros, molinos y casas, lugares en donde se almacenaba o se transformaba el grano del que se alimentan estos roedores, circulaban por los mismos caminos y se trasladaban con los mismos medios, como los barcos.
La Yersenia Pestis puede causar tres enfermedades en los seres humanos: la peste bubónica, la peste pulmonar y la peste septicémica. La primera tiene un 80% de mortalidad, las dos últimas un 100% salvo la utilización oportuna de antibióticos, creados apenas en el siglo XX.
Ya sabemos el causante de la enfermedad, ahora vamos por el contexto histórico. Aunque muchos han denominado a la Edad Media como una época oscura, en realidad fue una época de grandes descubrimientos, intercambio comercial y explosión demográfica.
No comenzó muy bien, con la caída del Imperio Romano de Occidente, las guerras entre tribus barbarás que darían forma a nuevos estados, y los intentos de Imperio de Oriente por retomar los territorios perdidos.
En el año 536 una erupción volcánica en Islandia sumió a todo el hemisferio norte en una oscuridad de 18 meses, que provocaría la década más fría en 2300 años. Cosechas enteras se perdieron y llegaron hambrunas.
Pero a partir del año 800 la temperatura aumentó, aumentando también las cosechas. Esta etapa, conocida como optimo medieval, duró 500 años y permitió el cultivo de uvas en Inglaterra, de cereales en Groenlandia y la llegada de vikingos a Islandia, Groenlandia y Canadá.
La mejora de los cultivos, con cambios como el empleo de caballos, la utilización de arado con reja de hierro y la división de la tierra en 3 cultivos en vez de 2 (cultivo de alternancia trienal), permitió la mejora en la nutrición de las personas y el aumento de la población.
Pero a partir del año 1300 comenzó lo que se conoce como la pequeña edad de hielo. Con la abrupta caída de la temperatura llegarían de nuevo las hambrunas, las sequías y las inundaciones. Se extendieron las plagas de langostas y la mayor parte de la población sufría malnutrición.
Ahora veamos los territorios afectados y su contexto político. La mayor parte de Asia fue conquistada por Gengis Khan y sus descendientes.
El Imperio Mongol se había desintegrado en varios grandes estados que debían obediencia, al menos nominal, a gran Khan. En China fundaron la dinastía Yuan después de vencer a los Jin, al Imperio Tangut y a los Song, unificando el país.
La Horda Blanca y Chagatai dominaban Asia central, mientras que la Horda de Oro controlaba el anterior Rus de Kiev, incluyendo la península de Crimea. El Ilkanato, ubicado en territorios que pertenecieron al Califato Abasida, se fragmentó en estados de menor importancia.
El Sultanato de los Mamelucos dominaba Egipto, Palestina, Siria y Arabia.
Europa estaba conformada por estados poderosos. Francia e Inglaterra estaban a punto de romper lanzas e iniciar la guerra de los 100 años.
El Sacro Imperio Romano-Germánico controlaba las actuales Alemania, Austria, República Checa y parte de Italia, y el rey Carlos IV trajo cierta estabilidad a un territorio inmerso en disputas dinásticas y políticas.
Aragón era potencia marítima, controlando Sicilia, Cerdeña y amplios territorios en Grecia. Castilla también era potencia naval, con mucho comercio en el Atlántico Norte, en especial de lana. Granada era el último reino musulmán en la península Ibérica.
Al este de Europa el Imperio Romano de Oriente, o Bizantino, aun era un estado de importancia que luchaba con los otomanos al este y con serbios y búlgaros al oeste. Hungría era un importante reino de fieros guerreros.
Italia estaba dividida. El Sur era dominado por el Reino de Nápoles, el centro por los estados Pontificios, y al norte estaban grandes ciudades-estado como Venecia, Génova, Milán, Florencia y Pisa.
Eran los venecianos y genoveses los que dominaban el comercio marítimo en el mediterráneo. Y las mejoras en la ingeniería naval hicieron que el transporte de mercancías fuera más seguro y las distancias pudieran ser recorridas en menor tiempo.
La Ruta de la Seda permitía el constante intercambio comercial entre Europa y China, y era protegida por los mongoles, que aunque dominaban grandes estados nunca dejaron su vida nómada.
Y ahora si comienza nuestra historia. Se cree que a causa de edad de hielo los roedores dejaron sus apacibles pastizales para aventurarse a zonas más pobladas. En 1331 China fue azotada por la peste, causando 25 millones de muertes (un tercio de la población).
Otros creen que en la campaña militar de Möngke Khan, nieto de Genghis Khan, a Indochina en 1252, su ejército pudo traer a Mongolia ratas infectadas con una variante de la peste, y sus pulgas expandieron el bacilo entre los roedores de Mongolia.
Aunque generalmente se acusa a las ratas de iniciar la peste, se cree que otro roedor, el gerbilino o gerbillo, fue el responsable. Las marmotas también eran huéspedes de las pulgas, y las tribus nómadas usaban sus pieles como abrigos, llevando la enfermedad a Occidente.
Se sabe que los habitantes de la región de Manchuria evitaron la peste por la creencia de que las marmotas transportaban el alma de los muertos. Se las podía matar pero no usar como alimento. Esta restricción religiosa les ofreció una cierta protección frente a las epidemias.
Los investigadores sugieren otra víctima: los camellos. Claves en las rutas comerciales que atravesaban el foco original, las caravanas con los animales infectados se reunían en los caravasares, convirtiendo estas paradas en multiplicadores de la enfermedad.
Se sabe que entre 1338 y 1339, la Peste se hallaba en la meseta central asiática. En lenta marcha hasta el oeste, viajaba desde los lagos IssyKakoul y Baljash, pasando por Samarcanda, hasta las costas del mar Caspio, los ríos Volga y Don.
En 1346 se registran brotes de peste en Astrakan y Saray, estaciones de caravanas del bajo Volga. Durante 1347 y 1348, el erudito y viajero árabe Ibn Battuta, de regreso de la India, refiere en sus escritos la existencia de algunos casos de peste en la Ruta de las Especias.
Así llegamos a Caffa, actual Feodosia, en la península de Crimea. Gracias a Gabriele de Mussis, notario de la ciudad de Piacenza, sabemos detalladamente los hechos que permitieron la llegada de la peste a Europa.
Los genoveses, con permiso mongol, la convirtieron en un enclave comercial. Fue un gran puerto, muy relacionado con Tana, ciudad genovesa en la orilla del rio Don. Tana a su vez tenía rutas de caravanas unidas a Sarai, capital de la Horda de Oro, y desde allí al Lejano Oriente.
Tanto Tana como Caffa eran ciudades prosperas con una población cosmopolita. Caffa en su muro interior tenía 6000 casas y 11000 en el exterior, con una población que incluía genoveses, venecianos, griegos, armenios, judíos, mongoles y turcos.
El comercio genovés de esclavos turcos, eslavos y tártaros que vendían al sultanato mameluco, causó que Caffa fuera varias veces sitiada por los mongoles, y en algunos casos quemada por sus defensores. Caffa ya había resistido un asedio en 1344, venciendo a los mongoles.
Estos volvieron dos años después. En 1346 los tártaros, al mando de Djam Bek o Jani Beg, la asediaron. Pero consigo llevaban la peste que diezmaba sus tropas. A punto de levantar el asedio decidieron arrojar los cadáveres a la ciudad mediante catapultas. Unos pillos.
Un claro ejemplo de guerra biológica, aunque no el primero. Los hititas enviaban carneros enfermos con tularemia a sus enemigos, y el historiador Heródoto relata que arqueros escitas solían infectar sus flechas sumergiéndolas en una mezcla de cadáveres putrefactos de víboras.
En el siglo III a. C., el famoso comandante militar Aníbal atacó la flota enemiga (perteneciente al rey Eumenes II de Pérgamo) con ollas llenas de serpientes venenosas. @AnbalBarca7
En su infructuoso asedio de Carolstein, Bohemia, en 1422, tropas lituanas arrojaron los cuerpos de sus soldados asesinados a la ciudad, así como 2.000 carros de excrementos. Un gran número de los defensores fueron víctimas de la fiebre causada por el hedor.
El último registro de cadáveres arrojados a una ciudad para enfermar a sus defensores ocurrió en 1710, cuando el ejército ruso lanzó cuerpos a las murallas de Reval, actual Tallin (capital de Estonia), en ese momento en poder de los suecos.
Volviendo a la historia, posiblemente Caffa ya estaba sufriendo por la peste, que fue empeorada con las montañas de cadáveres arrojadas a ella. Con la plaga a sus anchas varios genoveses zarparon en dirección a su patria. No sabían que en los barcos llevaban un patógeno mortal.
12 galeras se dirigieron a Messina, en Sicilia. No serian la única vía de contagio, posiblemente otros barcos atracarían en Constantinopla y Alejandría expandiendo la peste a Grecia y Egipto. Las 12 galeras llegaron con la mayor parte de su tripulación muerta o moribunda.
En Génova los barcos fueron recibidos con flechas ardientes, pues sabían de los rumores sobre la peste. Así que se dirigieron al puerto de Marsella, deteniéndose en noviembre de 1348. Desde allí, la peste alcanzó el interior del país, matando la mitad de la población de Provenza.
Las ciudades más afectadas fueron las portuarias, como Marsella y Albi, donde murió más del 60% de sus habitantes. El cronista parisino Guillem de Nugiaco dice que la mortalidad fue tan alta, que se sepultaban más de 500 cuerpos diarios en el Cementerio de los Inocentes.
Poco después algunos barcos llegaron a Barcelona. La península Ibérica, según un censo, pasó de 6 millones de habitantes a 2.5 millones, con lo que habría muerto el 60 % de la población. La zona más afectada fue Cataluña, donde se estima que llegó al 70% de mortalidad.
La Toscana, perdió entre el 50 y el 60 por ciento de la población: Siena y San Gimignano, alrededor del 60 por ciento; Prato y Bolonia algo menos, sobre el 45 por ciento, y Florencia vio como de sus 92.000 habitantes quedaban poco más de 37.000.
En enero, la peste llegó a Pisa y luego a Venecia. En esta ciudad ocasionó, cada día, 600 muertes. Desde allí se extendió hacia toda Europa. Brujas, Bruselas y Amberes vieron con horror como gran parte de sus gentes morían en medio de terribles dolencias.
Aún Escandinavia, alejada del mediterráneo, sufrió una altísima mortalidad; en algunas regiones falleció más del 50% de la población.
Así lo lamentaba Magnus II Eriksson de Suecia: “Dios, por los pecados del hombre, ha dado al mundo este gran castigo de muerte súbita. Por Él, la mayoría de nuestros conciudadanos han fallecido”
Entre los años 1349 y 1350 la peste se introdujo en Alemania, azotando con especial crueldad el norte del país. En la ciudad de Lübeck parece que ni el 5% de sus habitantes llegó a sobrevivir. Desaparecieron, en sólo cuatro años, unos 200 pueblos y pequeñas localidades.
Bohemia, actual República Checa, pareció tener cierta resistencia a la Peste, al igual que Polonia, que solo tuvo pequeños focos. Muchos judíos escaparon allí, y sobre sus sinagogas abandonas se construyeron iglesias, como la de Nuestra Señora de Núremberg.
Inglaterra vio severamente devastadas las ciudades de Bristol, Exeter y Plymouth. Winchester, en el sur del país, observó con angustia como los cementerios se llenaban, hasta el punto de tener que enterrar sus muertos en una fosa común, fuera de los muros de la ciudad.
La plaga llegó a Londres en el otoño de 1348 causando una peste neumónica durante el invierno. Desde febrero hasta abril de 1349, más de 2000 cadáveres fueron enterrados en un solo cementerio. La peste duró hasta 1350 y su balance fue desastroso: falleció el 40% de las gentes.
La Muerte Negra tomó el rumbo norte de Europa utilizando los cauces de los ríos para llegar hasta los centros urbanos y la Francia septentrional. En Caen y Ruan la peste causó la mortalidad de casi el 50% de la población.
París no escapó de su suerte. Durante los meses de mayor crisis (noviembre y diciembre) se constató que perecían aproximadamente 800 personas por día.
El Imperio Bizantino, que había sufrido un terremoto apenas un par de años antes, sufrió sobremanera la peste, que devastó la capital y los Balcanes.
El mundo musulmán también fue gravemente afectado. Egipto (Alejandría y El Cairo), Gaza, Siria (Damasco), Bagdad y La Meca se llenaron de muertos.
La mortandad era terrible. Cuando la peste atacó las grandes ciudades, las personas escapaban a las villas y campos, y sin saberlo llevaban la enfermedad a los desprotegidos poblados, que terminaban vacíos.
Huir lejos de las ciudades se consideraba el mejor remedio. Se hizo conocida la locución latina “Cito, longe, tarde”, abreviatura de “Cito longe fugeas, tarde redeas” que significa “Huye rápido y lejos, regresa tarde”.
Las zonas rurales tenían poblaciones de ratas más pequeñas y más sensibles a la peste. Éstas perecían más rápidamente y la peste saltaba más rápido a los humanos. La peste no se transmitía más rápido en zonas densamente pobladas, sino en las zonas rurales.
La peste bubónica comenzaba con fiebre alta (provocaba escalofríos y delirios), cefalea, tos con sangre e inflamación de los ganglios linfáticos de las ingles, axilas o cuello, llamados “bubos”. El periodo de incubación parecía ser bastante largo, de ahí su capacidad de contagio.
La peste bubónica podía expandirse a los pulmones y contagiar por medio de la tos. La peste pulmonar era 100% mortal y atacaba rápidamente. Hay relatos de personas que “enfermaban en el día y morían en la noche”.
La peste neumónica tiene su sintomatología específica: disnea (insuficiencia respiratoria), dolor torácico, tos y hemoptisis (esputos sanguinolentos). Podía ocasionar sangrado por cualquier orificio del cuerpo y necrosis en la punta de las extremidades. Surgió lo de muerte negra.
La peste septicémica se expandía por medio de la sangre. Era raro su contagio y afectaba a los que trataban enfermos. Incluía dolor abdominal, hemorragias en piel y órganos que desencadenaban hipotensión y colapso circulatorio en forma de visibles manchas oscuras en la piel.
Historiadores creen que la modalidad mayoritaria fue la peste pulmonar, debido a su transmisión a través del aire. Pero cuando se afectaban los pulmones la muerte se producía de forma segura y en un plazo de horas, a menudo antes de que se desarrollara la tos expectorante.
Otros creen que las pulgas de los humanos (pulga común o Pulex irritans) e incluso los piojos se convirtieron en parásitos huéspedes de la bacteria, y esto causó una mayor velocidad de contagio, superior a la provocada por las pulgas de las ratas.
La propagación por vía marítima podía alcanzar unos 40 kilómetros diarios, mientras que por vía terrestre oscilaba entre 0,5 y 2 kilómetros, con tendencia a aminorar la marcha en estaciones más frías o latitudes con temperaturas e índices de humedad más bajos.
La nobleza también resultó afectada, y reyes como Alfonso XI de Castilla (en un asedio a Gibraltar) y Juana II de Navarra (recluida en un castillo en Francia a causa de la peste) fallecieron.
También Felipa de Lancaster, la reina consorte de Juan I de Portugal, cuando este preparaba sus tropas para una campaña militar a Ceuta.
Así como Margarita de Luxemburgo, reina consorte de Luis I de Hungría. Luis emprendió en 1347 una campaña al reino de Nápoles después del asesinato de su hermano Andrés, acusando a la reina Juana de ser parte del complot. Coincidió con el estallido de la Peste y fue suspendida.
Los húngaros regresaron a casa, llevándose consigo la enfermedad, cobrando muchas vidas, como la de la propia esposa del rey húngaro. Parece que no le importó mucho al Luis I, pues en los años siguientes y a pesar de la peste prosiguió su campaña de venganza.
Francia e Inglaterra comenzaron una guerra por la sucesión del trono francés. A pesar de las victorias inglesas en La Esclusa, Crecy y Calais, ambos reinos suspendieron la guerra debido a la peste. Se dice que Juana, hija de Eduardo III de Inglaterra, también murió de peste.
Muchos años después, un brote de peste cobraría la vida de Margarita Valdemarsdotter, poderosa reina de Dinamarca, Suecia y Noruega.
La Peste Negra también fluyó por las rutas de peregrinación, como el Camino de Santiago de Compostela. Muchos viajeros y ermitaños fueron vistos con recelo e incluso atacados por considerarse que expandían la enfermedad. La peste también utilizaría las ferias para expandirse.
Eran tantos los muertos, tantos los enfermos, y tanto el miedo a contagiarse, que sacerdotes les administran a los moribundos sacramentos como la absolución y la comunión desde lejos, usando largas espátulas para entregarles la Hostia consagrada.
En los ritos fúnebres, ante la gran cantidad de muertos que deben ser enterrados cada día y ante las prisas por no ser contagiados por un cadáver infestado, se dejan de lado los velatorios y los esmerados cuidados que se les hacen a los difuntos en condiciones normales.
Muchas veces, las tumbas no dan abasto para efectuar enterramientos individuales, apilándose cuerpos por montones, siendo enterrados todos juntos y cubiertos con cal en fosas comunes cercanas a iglesias y monasterios.
Eran tantos los muertos y tantas las dificultades para sepultarlos, que el Papa Clemente VI, residente en Aviñón, tuvo que consagrar el rio Ródano para que la gente pudiera arrojar a los muertos en sus aguas.
Finalmente, se cree que murieron entre 25 a 30 millones de habitantes de los 80 millones que se estima habían en Europa. Mientras que en Asia y África morirían entre 40 y 60 millones de personas. Una salvajada.
¿Qué pensaba el hombre medieval sobre la enfermedad y su contagio? Muchos pensaban que la plaga fue un castigo divino por los pecados cometidos por la humanidad.
Atribuir las plagas a la ira de Dios es una idea muy difundida en esta época, siendo frecuentes las analogías con lo ocurrido en Sodoma y Gomorra. Multitudes llenaban iglesias para pedirle perdón a Dios, algo que solamente ayudaba a expandir la peste.
Algunos cronistas, como el inglés Knigton, atribuían el castigo divino a algunas conductas inmorales y pecaminosas, criticando a las mujeres por su vestimenta ostentosa y por portar dagas como los hombres.
La medicina no estaba muy avanzada, aunque había instituciones prestigiosas como la Universidad de Bolonia o la de Sorbona en París. Y aun tenía relevancia la Escuela de Medicina de Salerno, que recogió durante siglos todo el saber de maestros clásicos, árabes y judíos.
La mayoría eran administradas por órdenes religiosas, y se mantenían a base de donaciones, donaciones que aumentaron con el azote de la peste. Allí los médicos debían además estudiar teología para titularse.
La influencia de la astrología se intensifica en los estudios científicos de la época. Por ejemplo, en la Universidad de París, será muy influyente en las investigaciones encargadas por Carlos VI en abril de 1348 debido al rápido avance de la epidemia.
Creían que la Peste fue provocada por la conjunción de Saturno, Júpiter y Marte bajo el signo de Acuario en 1345. Además, antes de la conjunción hubo un eclipse de sol y otro de luna. Según los astrólogos esto trae mortandad, mientras que el influjo de Marte trae la pestilencia.
También se le atribuyó responsabilidad a los seísmos, idea tomada por alemanes como Konrad von Megenberg. Descartaban las explicaciones astrológicas, atribuyendo la peste al terremoto de 1348, que permitió la salida de humos corruptos, algo que también planteó Alfonso de Córdoba.
Y había teorías aun más disparatadas. Como la de un médico de Montpellier, que planteó que la Peste se contagiaba con el aliento o incluso con la mirada: el sólo mirar a los ojos a un enfermo podía contagiar a una persona sana.
Médicos árabes como Ibn Jatima e Ibn Al-jatib creían que la peste era una alteración en la composición del aire, y se debía a causas astrológicas o a una acumulación de materia putrefacta y que habían influido los cambios climáticos ocurridos en los años anteriores.
El médico granadino Ibn Al-jatib estableció que aquellos que tenían contacto con el afligido cogían la enfermedad, mientras que los que no estaban en contacto permanecían sanos. Para él la enfermedad se transmitía a través de prendas, vasijas y pendientes.
Mientras que el médico Ibn Jatima de Almería, adelantado a su época, afirmó que la enfermedad la producían organismos minúsculos que pasaban de un cuerpo a otro, y a parte de brebajes recomendaba rociar el cuerpo con aguas de rosas, vinagre y limón.
Los médicos medievales que escriben tratados loimológicos, se basaron en autores clásicos como Hipócrates y Galeno. Otros se basaron en el árabe Avicena, que en el siglo XI había reparado que, antes del inicio de una peste, las ratas comenzaban a morir en las calles.
Los seguidores de Hipócrates y Galeno creían que la corrupción del aire suponía la ruptura del equilibrio de los cuatro humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla) y sus cualidades. Equilibrio que debe tener un ser humano para estar sano.
Cuando este equilibrio se rompe, adquiriéndose unas características patológicas especiales, pasa a llamarse pestilencia. Y el médico recetaba para ello una serie de medidas tendientes a restablecer el equilibrio perdido, con fármacos, dietas o flebotomía (extracción de sangre).
La peste era la condición universal del aire, que podía sufrir un cambio contranatural, en su sustancia que provocaba su corrupción y con ella el consiguiente contagio de todas las cosas vivas. Y debido al olor que producían los bubos al supurar se le llamo pestilencia.
El médico Gentile de Foligno se sintió insatisfecho con las enseñanzas de Galeno y Avicena, y decidió conocer de cerca las causas y efectos de la enfermedad visitando a los enfermos y examinando las alteraciones producidas por la peste en el cuerpo, pero esta elección fue fatal.
La postura musulmana defendía la idea de un castigo de dios. Este, al alcanzar a los infieles, les castiga por su impiedad, y al atacar a los fieles éstos deben ser considerados mártires, y nadie debe huir, ya que es la voluntad de Alá la que decide quién enferma y quién no.
Los médicos del Islam habían aprendido ya a curar las cataratas. Algunos de ellos las extraían con una jeringa. Y la oftalmología y la cirugía habían avanzado montones. Se nota que tras Al-Ghazali la ciencia en el mundo islámico estaba en pleno declive.
Pero la mayoría encontró culpables a los judíos, que fueron masacrados entre 1348 y 1349. ¿Por qué los judíos? Tal situación se debió a que entre los judíos parecían escasos los casos de muertes por la peste. Los acusaron de envenenar el agua, la comida e incluso el aire.
Vivir en barrios separados y sus hábitos de higiene, en especial el lavado de manos, hicieron que la peste no afectara tanto a las comunidades judías y también que evitaran el contagio. Además solían enterrar sus muertos en la noche y en cementerios separados.
Hasta el día de hoy, el lavado de manos constituye parte de cada celebración en su tradición. En cada festividad, ya sea en Pesaj (pascua judía) o Rosh Hashaná (año nuevo) es uno de los preceptos específicos.
El sabio judío Maimónides (Rambam), fue uno de los primeros médicos en reconocer el valor del lavado y la limpieza de las manos para mantener una buena salud. En 1199 sostenía: “Nunca olvide lavar sus manos después de tocar una persona enferma”.
Aquí un hilo con tradiciones judías de limpieza en sus celebraciones religiosas.
Los judíos además almacenaban durante el invierno más grano que otros campesinos. Durante la Pascua judía (en primavera) sacaban el grano de sus almacenes para airearlo. Esto pudo esparcir a las ratas infestadas de pulgas portadoras del bacilo de la peste.
Fue tal la matanza de judíos, antecesora de los pogromos, que a mediados del siglo XIV el Papa Clemente VI dictó una bula que exoneraba a los judíos de toda culpabilidad de la pandemia. En Alemania los judíos tuvieron que escapar a Polonia para sobrevivir.
En Basilea, los judíos fueron reunidos en una edificio al que prendieron fuego, salvándose solo los niños arrebatados y bautizados a la fuerza. En Estrasburgo reunieron a 2000 judíos y los quemaron en una gran tarima de madera.
¿Cómo intentaron curar la peste? Con remedios de la época sin ninguna efectividad: Sangrías con sanguijuelas o la punción de forúnculos, prácticas supersticiosas como la quema de hierbas aromáticas e incluso el baño de agua de rosas o vinagre recomendado por médicos musulmanes.
La quema de hierbas aromáticas eran heredadas de la medicina clásica griega, que atribuían el mal a los miasmas, es decir, a la corrupción del aire provocada por la emanación de materia orgánica en descomposición, la cual se transmitía a través de la respiración o por contacto.
Por eso, los tratamientos recetados contra la Peste Negra, se basaban en la alimentación, la purificación del aire, y la administración de brebajes a base de hierbas aromáticas y piedras preciosas molidas.
A quienes contraían la peste bubónica, los facultativos les abrían los bubos, aplicándoles sustancias para neutralizar el ‘veneno’.
El Papa Clemente VI, a recomendación de sus médicos, pasó la mayor parte de la Peste sentado entre dos fuegos que se atizaban permanentemente. También debía dormir entre ellos incluso en veranos calurosos. Sin saberlo, esto pudo alejar a las pulgas causantes de la peste.
Los médicos fueron los encargados de tratar a los enfermos, aunque muchos de estos no tenían formación sanitaria ninguna. De hecho, muchas ciudades tenían el cirujano-barbero y al médico de la peste, que era el encargado de tratar a los apestados por la plaga.
Los barberos se dedicaban a extraer dientes y a sangrar a sus pacientes, pero eran toda una suerte de curanderos ambulantes con habilidades bastante toscas y sin el menor sentido de la higiene.
Las funciones fundamentales de los médicos de la peste eran cuidar a los enfermos, enterrarlos o deshacerse de sus cuerpos, hacerles autopsias (normalmente prohibido), actuar de fedatarios públicos con sus testamentos y llevar registros de enfermos, fallecidos, etc.
Los médicos de la peste cobraban un elevado salario (en un mes, ganaban la mitad que otras profesiones en un año), cobrando un año por adelantado y tenían casa gratis. Esta era la única manera que se tenía para tener gente dispuesta a cubrir un puesto de trabajo tan peligroso.
La ciudad de Orvieto contrató a Matteo fu Angelo en 1348 por cuatro veces la tasa normal de un médico de 50 florines por año. Algunos alteraban los números de enfermos y fallecidos para recibir mayores gratificaciones, y otros cobraban para luego escapar lejos de aquel infierno.
Ante el temor del contagio, los enfermos son examinados por los médicos intentando guardar la máxima distancia posible, se les rociaba con vinagre y aceites perfumados, para evitar que su corrupción contamine a quienes aún gozan de salud.
Incluso algunos solían usar mascaras con hierbas aromáticas en su interior como hojas de menta, pétalos de rosa y alcanfor, que servía para alejar a las miasmas y a la corrupción. Aunque el famoso traje de médico de la peste surgiría años después.
El traje surgió luego de que la plaga de Milán azotara Venecia en 1630. Se creó el “magistrato della sanitá”, como una de las primeras figuras estatales para controlar la salud y se comenzaron a idear vestimentas especiales para evitar que los médicos se contagiaran con la peste.
Los médicos terminaron usando una máscara en forma de pico de ave, que guardaba en su interior paja para cortar el mal aire y sustancias aromáticas con las que creían evitar el contagio.
Además usaban guantes de cuero, sombrero de ala ancha, lentes de cristal para proteger los ojos y un enorme abrigo.
La máscara en forma de pico se utilizó además para espantar a las aves, pues se creía en su momento que estas expandían las enfermedades. Los médicos además usaban una vara para alejar a las personas y evitar el contacto directo con infectados.
Si quieren saber más del origen y las funciones del traje del médico de la peste, aquí está un buen hilo:
Después de una actitud inicial muy negligente hacia la Peste, las autoridades procuraron limitar las aglomeraciones y fomentar medidas de higiene. Ademas tomaron medidas para reforzar la seguridad y vigilancia, ya que en tiempos de peste y crisis económica el bandidaje aumentó.
Algunas ciudades cerraron sus puertos y prohibieron el acceso de navíos. Como ya se mencionó, Génova recibió a los primeros barcos con flechas ardientes, pues sus habitantes ya sabían de los rumores sobre la peste que venia de Caffa.
Poco a poco se aprendió de la enfermedad y se ordenó quemar la ropa y pertenencias de los fallecidos. A los recién llegados a la ciudad se le daba ropas "limpias". Otras localidades pusieron en práctica las primeras treintenas y cuarentenas de las que se tenga registro.
En la Biblia ya se menciona el aislamiento como una forma de protegerse de la lepra. Y Avicena, el célebre medico árabe, fue de los primeros estudiosos en proponer la cuarentena. Pero fue la primera vez que estas teorías se llevaron a la práctica de manera masiva.
Los venecianos concluyeron que la enfermedad tenía un período de incubación de unos 12 días, seguidos de 20 días de presencia asintomática de la infección, y 5 días de afección, por lo que se ordenaba el aislamiento por 40 días, o una cuarentena, que viene de “quaranta giorni”.
Por el contrario, otros creen que la cuarentena nació en 1374, con el edicto de Reggio en Módena, Italia. En realidad fue un cordón sanitario, aplicándose un período de aislamiento a los buques que llegaban de puertos de mala fama médica.
Otros creen que el primer puerto en que se decretó cuarentena (que fue sólo treintena) fue Ragusa (hoy Dubrovnik en Bosnia-Herzegovina) en 1377. Seis años después, Marsella aumentó el plazo a los cuarenta días.
En 1476 este período de observación o cuarentena hizo nacer el lazareto, también en Marsella, lugar complementario donde los pasajeros debían permanecer en espera que pasase el período de contagio establecido. Con el tiempo llegaron a establecerse complejos reglamentos.
Según el puerto de procedencia, el barco se calificaba de patente limpia osucia". Si era sucia, los objetos debían quedar en la cubierta del barco, oreándose al sereno (período de sereinage). Los pasajeros sanos cumplían cuarentena en el lazareto y los enfermos iban al hospital.
Hilo en ingles sobre la historia de la cuarentena hasta la época contemporánea:
Muchas veces la cuarentena era sentencia de muerte. Se retratan crueles prácticas de aislamiento adoptadas en Inglaterra durante la Peste. Familias enteras eran encerradas junto a los moribundos, con guardias en la puerta. Era la visión de la cuarentena como el olvido definitivo.
Las Peste Negra finalmente comenzó a desaparecer en 1353. La cantidad de muertos que dejó a su paso significó que disminuyera su contagio, y los supervivientes desarrollaron cierta resistencia a la enfermedad
Hubo, sin embargo, más oleadas epidémicas posteriores. La de 1360 se cebó especialmente con los niños, y la de 1361 con adultos. También fueron importantes los brotes de 1362-1364 en el norte y sur de Europa, y el del Mediterráneo entre 1374 y 1376.
En España el santo al que se encomendaban las gentes contra la peste es San Roque, el 16 de agosto, en la época álgida de la canícula. San Roque fue un peregrino de Montpellier que viajó a Roma en tiempos de peste y que se dice curó enfermos y atendió a los pobres en el camino.
Hasta el siglo XVIII, la Peste continuó visitando las ciudades europeas, aunque cada vez con menor violencia, y sin la virulencia expansiva de los primeros brotes. Lo que demuestra que la Edad Moderna no fue más higiénica, aunque las cuarentenas evitaron una nueva pandemia.
En el siglo XVI se hizo famoso Nostradamus, boticario sin título medico que trató a enfermos de peste bubónica en Aviñón y Marsella, recomendando aislamientos, dietas y vestimentas limpias. Aunque es más conocido por sus profecías de mierda.
Tenerife vio a la mitad de su población fallecer en 1582. La gran Peste de Milán causó 280.000 víctimas en Lombardía. En 1649 Sevilla fue testigo de 60.000 muertes, mientras que la Gran plaga de Londres dejó 100.000 decesos antes de desaparecer gracias a un famoso incendio.
El último gran brote de Peste bubónica en Europa ocurrió entre 1770 y 1772 en Marsella, cuando debido a la negligencia de las autoridades sanitarias se permitió el desembarco de una nave infestada. Morirían casi 50.000 personas en la región.
El último gran brote de peste bubónica en el mundo comenzó en China en 1855, desplazándose a Hong Kong e India, y causando 10 millones de muertes hasta su desaparición en 1918. Mejoras en higiene, la construcción de alcantarillados y los antibióticos disminuyeron su incidencia.
En 2017 se produjo un brote en Madagascar que provocó al menos 1200 casos y más de 100 fallecimientos Aun hoy la peste bubónica es una enfermedad endémica en China y Mongolia.
Hace poco Mongolia entró en cuarentena de una semana debido a que una pareja murió de peste al comer riñones crudos de marmota. También se han registrados casos recientes en Estados Unidos, China e India.
Entre las consecuencias socioeconómicas de la Peste destaca cómo la elevada mortandad produjo una disminución en la mano de obra, afectando todos los sectores productivos: agricultura, manufactura, comercio, etc.
Esto causó un encarecimiento en los costes de producción, por el aumento de los salarios, provocándose una inflación. Por ejemplo, el precio de los cereales, en los años inmediatamente posteriores a la Peste, aumentó en un 30%.
La Peste Negra marcó el fin de la época agraria y el comienzo del predominio de la ciudad. Se dice que mejora observada en los niveles de vida de la población trabajadora se originó con sufrimiento y la muerte prematura de millones en el transcurso de varias generaciones.
La peste contribuyó al debilitamiento del feudalismo. Muchas granjas y haciendas rurales quedaron abandonadas, y los señores feudales cayeron en desgracia al no poder cobrar las rentas de sus vasallos. La puntada final fue la Guerra de los 100 años que destruyó el campo francés.
Con esto llegaron las revueltas populares, pues los campesinos se sentían maltratados por la nobleza, y traicionados por su incapacidad de garantizar la seguridad de sus tierras según marcaba el código de la caballería y del feudalismo.
Francia vivió en el norte del país la Grande Jacquerie (1357), un estallido de odio de las clases humildes hacia los señores. Inglaterra vio también en el sur un levantamiento campesino en 1381.
Decía el cronista Froissart, en 1358: "Gentes de diversas aldeas se reunieron y afirmaron que todos los nobles del reino eran unos traidores y que sería un gran bien destruirlos a todos. Sin otro consejo y con bastones y cuchillos como únicas armas (1/2)
se dirigían a la casa del caballero más próximo, destruían la casa y asesinaban al caballero, a la dama y a sus hijos. Los rebeldes serían unos seis mil... Estas despreciables gentes robaban e incendiaban todo, mataban a cuantos nobles encontraban... como perros rabiosos (2/2)"
La despoblación y la migración a las ciudades causaron una aguda escasez de trabajadores agrícolas. La escasez de brazos y el ascenso de la burguesía fueron decisivos para el desarrollo de la técnica, una de las señas de identidad del Renacimiento.
La Peste Negra provocó una profunda crisis económica en su momento, y grandes familias de banqueros medievales, como los Buonsignori de Siena, los Scali, los Bardi o los Peruzzi de Florencia, quebraron en el siglo XIV.
La mortandad provocó diversas reacciones entre la población: los que pensaban que la peste era un castigo divino, procuraron llevar una vida virtuosa. Otros fueron influidos por grupos que defendían estos principios llevándolos al extremo, como los flagelantes y los fraticelli.
El movimiento de los flagelantes surgió un siglo antes de la Peste Negra, retomando fuerza con ella. Suponían que al azotarse cruelmente durante horas iban a obtener el perdón divino y a conquistar la salvación eterna fuera del rito oficial de la iglesia.
El movimiento terminó degenerándose, y en los tiempos de la peste sus miembros, hombres y mujeres semidesnudos, asaltaron aldeas y atacaron a los judíos. El Papa los condenó en 1349 en su bula "Inter sollicitudines", declarándolos herejes.
Los fraticelli fueron una secta que se separó de la Orden franciscana debido a disputas sobre la pobreza. Defensores extremos del gobierno de San Francisco de Asís, consideraban escandalosa a la riqueza de la Iglesia. Fueron condenados en 1323 pero resurgieron con la peste.
Otros, al ver que la conducta intachable no acababa con la peste, decidieron disfrutar de la vida más que nunca, conscientes de que en cualquier momento podían enfermar y morir, entregándose con desenfreno a todo tipo de placeres. Aumentaron así los vicios y la promiscuidad.
Con la Peste surgirían las primeras Juntas de Sanidad, establecidas en Florencia y Venecia en 1348, para paliar los innumerables problemas que generaba la enfermedad. Fueron antecedente de las magistraturas permanentes que aparecerían en el siglo XV en Milán, Florencia y Venecia.
Venecia incluso destinaría dos islas para mantener allí a los enfermos de peste. Leer este hilo para conocer la aterradora historia de la Isla de Poveglia:
Como dato curioso, en la oración del Ave María, se cree que la segunda parte (“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora, y en la hora de nuestra muerte“) fue agregada durante la plaga para pedir la protección de la Santísima Madre de la enfermedad mortal.
Después de la Muerte Negra, la segunda mitad del Ave María comenzó a aparecer en los breviarios de las comunidades religiosas, especialmente las de los mercedarios, camaldulenses, y franciscanos.
La oración tomó varias formas durante este período sombrío en Europa, y fue reconocida oficialmente después de la publicación del Catecismo del Concilio de Trento y la oración completa se incluyó en el Breviario Romano de 1568.
Ahora vamos con un mito.
La visión general es que en la época medieval en Europa la gente tiraba el contenido de sus orinales por la ventana a la calle y que rara vez, o nunca, se molestaban en bañarse. Y esto aceleró la Peste Negra.
La idea es que los árabes fueron los inventores de los baños públicos, por tanto, eran los únicos que iban a ellos. Sin embargo, contrariamente a la creencia popular, los europeos tenían algunas prácticas básicas de higiene.
Lavarse la cara, las manos y los dientes era muy común cada mañana. En los dientes, ademas de trapos, también se utilizaron ramitas de limpieza. El método era masticar un extremo de una ramita durante un tiempo hasta triturarlo y usarlo como una especie de cepillo de dientes.
De hecho, en algunos casos, aunque no lo sabían en ese momento, las ramitas o raíces utilizadas contenían sustancias antibacterianas, y ciertas plantas fueron populares para este propósito cuando la gente observó los efectos.
Volviendo al baño, mientras que algunos médicos desaconsejaban hacerlo en exceso, muchos otros ensalzaron los beneficios de bañarse regularmente para mantener la salud.
El médico italiano Magninius Mediolanesis, médico de la corte y maestro Regente en la Universidad de París, recomendaba el baño para “limpiar las partes externas del cuerpo de suciedad dejada por el ejercicio en el exterior del cuerpo”.
Así como un medio para curar o aliviar las molestias, como en el caso de los ancianos y las mujeres embarazadas.
Por supuesto, cuando se hablaba de baños de cuerpo entero, solo las personas acomodadas en ese momento podían permitirse el lujo de tener un baño de algún tipo y suministrarle agua caliente, por lo que la mayoría dependía de casas de baño, ríos, lagos, fuentes termales, etc.
Por lo tanto, se cree que los más pobres de los pobres que no podían permitirse el lujo de ir a una casa de baños debían tener una higiene extremadamente deficiente durante los meses de invierno.
Las casa de baños fueron comunes después del siglo XI, cuando los cruzados, observando a los musulmanes, popularizaban y frecuentaban regularmente estos establecimientos no sólo para bañarse, sino también para socializar. El baño y la comida en estas casas se combinaban a menudo.
En el siglo XV, el banquete en los baños parece haber sido tan común como lo sería salir a un restaurante cuatro siglos más tarde, y muchos estaban conectados a las panaderías para usar el calor de sus hornos para calentar el agua.
Estos establecimientos también eran frecuentemente lugares para encontrar o contratar los servicios de prostitutas, con un olor excepcionalmente bueno.
La mayoría de las organizaciones eclesiásticas no tuvieron problema con el baño, salvo con la inmoralidad percibida que se exhibía en muchas casas de baño. Se sabe que el Papa Gregorio I del siglo VI animó a los cristianos a bañarse regularmente.
La iglesia, para resolver el problema de la desnudez en las casas de baños, hizo que muchas fueran construidas por los propios grupos eclesiásticos cerca de los monasterios. La diferencia es que estas casas de baños eran menos divertidas, separando áreas para hombres y mujeres.
Muchos monasterios canalizaban el agua en sus propias bañeras, a veces elaboradas, e incluso requerían que el clero se bañara antes de muchos eventos. En la Abadía de Westminster exigían a sus monjes que se bañaran en Navidad, Pascua, a finales de junio y a finales de septiembre.
Los pobres usaban calderos o cubos e incluso tinas de madera de diferentes tamaños. Al no existir en las casas particulares un lugar específico para el baño se colocaba la tina en la alcoba, o en la cocina (cerca del fuego para poder calentar el agua con facilidad en invierno).
En el siglo XII leemos recetas para hacer jabón en pastillas. Serán las mujeres las que transmitan de forma oral dichas recetas, así como de perfumes, ungüentos y cosméticos.
Existen recetarios medievales para la limpieza del cuerpo, para mantener la piel sana, para quitar manchas de la ropa, para la elaboración de cosméticos y para la fabricación de perfumes.
Había normas en hospitales para asear a los enfermos y mantener limpia la ropa. Cualquier tipo de prenda se consideraba un bien muy valioso, se heredaban incluso las apolilladas. En la iconografía se ven hombres y mujeres preocupados por su imagen, con cabellos bien peinados.
Los europeos a menudo utilizaban grasa animal y cenizas para crear los primitivos jabones líquidos con que lavaban sus ropas. Fueron los árabes los que inventaron el jabón solido, utilizando el proceso de saponificación y agregando aceite de oliva y laurel.
El llamado jabón de Alepo llegó a Europa a raíz de las cruzadas. Venecia, Francia (Jabón de Marsella), España (Jabón de Castilla) y los musulmanes andaluces crearon las primeras jabonerías, aunque este producto era un lujo que solo se permitían algunos.
Los sistemas de acueductos y las cloacas por otro lado no avanzaron, conservándose los de la era romana. En la Edad Media predominaron los feudos con sus respectivos castillos por encima de las ciudades, construyéndose sobretodo pozos sépticos para arrojar allí desechos humanos.
En la Edad Media se mejoró principalmente el sistema de conducción de agua para fines agrícolas, mediante la construcción de innumerables acequias en prácticamente todas las ciudades y pueblos de España, que copiaron esto de los musulmanes.
Por ejemplo, la Alhambra de Granada era bien conocida por la abundancia de agua, ya que contaba con un sistema de conducción de aguas mediante acequias y acueductos desde el rio Darro hasta la colina donde se asienta.
Sin embargo, con la sobrepoblación y el hacinamiento en las principales ciudades en el siglo XIV llegaron graves problemas de salubridad e higiene. Lo que sin duda aumento la población de roedores.
La mayoría de letrinas se ubicaban en los muros, para que así los desechos fueran arrojados fuera de la ciudad. También había pozos en las casas particulares, por lo que muchas de estas construcciones comenzaron a sufrir problemas de humedad en sus muros.
Algunos ciudadanos vaciaban sus orinales en las alcantarillas de los mercados de carne y pescado, hasta que las cloacas provocaban daños en cimientos de las casas aledañas.
Las ciudades dispusieron de ordenanzas para que sus habitantes arrojaran desperdicios fuera de la ciudad, en acequias que a veces regaban los campos.
Carnicerías y mataderos solían dejar restos de animales en calles o plazas cercanas, o arrojaban tripas en las acequias de la ciudad. Provocaron tantas quejas que fueron trasladados a las afueras de la ciudad.
Con la peste, muchos oficios insalubres fueron trasladados a las afueras de las ciudades, como mataderos y tenerías. No sería hasta el siglo XIX, con los primeros sistemas de alcantarillados modernos, que se solucionaría en parte el problema de las aguas negras.
Sigan a @alquicel para informarse sobre la higiene en la Edad Media o lean directamente este hilo:
Otro mito:
El Papa Gregorio IX ordenó la caza masiva de gatos, que desencadenó la Peste Negra ya que las ratas se quedaron sin su depredador natural. Algo totalmente falso.
En 1232 es una bula emitida por el Papa Gregorio IX, este condenó una herejía alemana conocida como luciferina, una forma de culto al diablo. Iba dirigida al rey Enrique, hijo del emperador Federico II, y posteriormente al arzobispo Siegfried III de Mainz.
El propósito de la bula Vox in Rama era condenar el culto que presuntamente había surgido en Renania, siendo que la bula fue enviada específicamente a la ciudad de Maguncia (Mainz). De hecho, la bula mencionaba otros animales (como sapos) usados en los ritos del culto herético.
La bula no menciona que los gatos debían ser aniquilados, e incluso no parece posible que la mala interpretación de la bula haya provocado un masivo exterminio de felinos en la Europa cristiana. Y mucho menos que esta práctica se llevara con regularidad por todo un siglo.
En todo caso, se tienen descripciones de perros, gatos y ganado muriendo por causa de la peste. Como resultado, las principales menciones de gatos y perros los tienen como víctimas de la pandemia, no como su causa.
Los gatos, de hecho, se mantenían como mascotas, especialmente por monjas. Y, como muestran las representaciones de la época, los gatos eran apreciados por ser buenos controlando a las ratas. Los bestiarios medievales hablan de cuán útiles son los gatos para atrapar roedores.
Isidoro de Sevilla pensó que el nombre latino para el gato (cattus) provenía del verbo "atrapar (ratones)". La mayoría de los hogares mantuvieron a los gatos como cazadores o simplemente como mascotas.
Y en libros de etiqueta sobre cómo se deben llevar a cabo comidas formales se menciona que "perros y gatos" deben ser expulsados del salón antes de que se sirvan los alimentos.
En el siglo XIII Ancrene Wisse - una guía para mujeres ermitañas - aconsejaba "usted no poseerá ninguna bestia, mis queridas hermanas, excepto un gato". Lejos de despreciarlos, a los medievales les gustaban los gatos, aunque muchas veces mataron animales por razones random.
Por ejemplo, 79 gatos fueron misteriosamente aniquilados por los habitantes de Cambridge, Inglaterra, en el siglo XIII.
La Ypres medieval en Bélgica tenía un festival llamado Kattenstoet, donde la gente arrojaba gatos desde la torre del campanario como un acto que simbolizaba la muerte de los espíritus malignos.
Y se tiene evidencia de que perros y, a veces, los gatos fueron asesinados en reacción los brotes posteriores. En Edimburgo en 1499, una ordenanza de la ciudad requería la muerte de perros callejeros, gatos y cerdos como reacción a un brote, y esta ley se repitió en 1505 y 1585.
Encontramos una reacción similar en Sevilla en 1581, y en Londres en 1563 y nuevamente en 1665, donde las víctimas eran principalmente perros callejeros en lugar de gatos. La razón parece haber sido la creencia médica de que los animales extraviados propagan la peste.
Y aquí tienen un hilo sobre la falsa matanza de gatos medievales:
Finalmente quisiera hablarles de Giovanni Boccaccio, escritor italiano que escapó a una villa en las afueras de Florencia mientras esta era azotada por la Peste Negra, junto con siete mujeres y tres hombres. Nos dejó 100 novelas cortas recopiladas en el Decamerón.
#Decameron2020
“Oh, cuántos memorables linajes, cuántas opulentas herencias, cuántas célebres riquezas no tuvieron sucesor! ¡Cuántos hombres ilustres, cuántas bellas mujeres, cuántos jóvenes gallardos (1/2)
a quienes Galeno, Hipócrates o Esculapio hubieran juzgado sanísimos, almorzaron por la mañana con sus parientes, compañeros y amigos, y cenaron por la noche con sus antepasados, en el otro mundo.” La introducción del Decamerón de Bocaccio". (2/2)
Y con esta frase termina la historia de la Peste Negra. Gracias por llegar hasta aquí.

“Murieron tantos que todos creyeron que era el fin del mundo”, Peire Lunel de Montech, célebre trovador.

#PesteNegra
#Covid2019
#Coronavirus
#QuedateEnCasa
#CoronavirusColombia
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