Felipe II acaba de ser confirmado rey de Portugal, pero las potencias europeas urden un plan para arrebatarle el trono. Una gran escuadra francesa tiene intención de invadir las Azores, pero don Álvaro de Bazán parte presto en su defensa. La batalla de la isla Tercera. Hilo.
En 1580, tras la muerte sin sucesión del rey Sebastián I de Portugal en la batalla de Alcazarquivir, y el posterior fallecimiento de Enrique I el Cardenal, Felipe II de España fue reconocido como rey de Portugal, con el nombre de Felipe I de Portugal, por las Cortes de Tomar.
Este nombramiento no fue demasiado bien aceptado ni convenía a Francia ni a Inglaterra, por el poder que significaba para la casa de Austria, ya hegemónica en Europa. Por ello apoyaron la causa de don Antonio, prior de Crato, que también pretendía la Corona de Portugal.
De esta forma evitarían la unión de los imperios coloniales de España y Portugal, lo que convertía de facto a Felipe II en uno de los monarcas más poderosos de la historia, que ya contaba con una preponderancia militar en la europa continental.
Las islas Terceras, Terceiras, actualmente Azores, eran un archipiélago en el Atlántico, el punto de recalada para la flota que traía la plata de las Indias, donde hacían aguada y recogían víveres para continuar viaje a España, o para avituallamiento o reparaciones.
Todas las posesiones portuguesas, salvo estas islas, reconocían a Felipe II como rey de Portugal. Pese a no estar en guerra con España, Francia urdió un plan junto con los rebeldes portugueses y el apoyo inglés, y envió una flota a las Azores para apoyar al Prior.
En 1581 se presentan en Lisboa los mandatarios de la isla de San Miguel para ofrecer su lealtad a Felipe II, por lo que se envía a dicha isla la escuadra de Galicia, al mando de Pedro de Valdés, formada por 4 naos grandes y 2 pequeñas, con 80 artilleros y 600 infantes.
Su misión era limpiar el mar de corsarios y recibir a las flotas de Indias, para evitar que recalasen en territorio enemigo ya que la India Oriental estaba bajo el mando de don Manuel de Melo. En paralelo se prepara en Lisboa una armada.
La fuerza, de 12 naos, mandada por Galcerán Fenollet y con el maestre de campo Lope de Figueroa, seguiría a la de Valdés, y que llevaría a San Miguel 2.200 soldados, con la intención de desembarcar en la Tercera.
El 30 de junio llega Valdés a San Miguel, y su gobernador, Ambrosio de Aguiar, le informa que en la Tercera se han recibido armas y municiones. Pero la dotación de una nave que había interceptado le dijo que, si bien en la Tercera había partidarios del Prior, estaban mal armados.
Dando por buena la información, en lugar de emprender su misión de esperar a la flota de Indias, efectuó un desembarco con 350 hombres cerca de Angra. El desembarco fue un fracaso y se perdieron más de 200 hombres, entre ellos un hijo de Valdés y un sobrino de don Álvaro de Bazán
Al llegar las flotas de Tierra Firme y Nueva España, con 43 naves, intentó convencer a sus generales, don Francisco de Luján y don Antonio Manrique, para efectuar un desembarco conjunto en la Tercera. Estos se negaron y siguieron viaje a España.
Encontrándose en esta singladura con la flota de Lope de Figueroa, éste les dio agua y les escoltó a Lisboa, frustrando las intenciones de Melo, que, por el descuido de Valdés, había recibido instrucciones para dirigirse a Francia.
Lope de Figueroa vuelve a las Azores, y a la vista del fracaso de Valdés, decide no efectuar el desembarco en la Tercera, al considerar que la guarnición de la isla era superior a la inicialmente estimada. En marzo de 1582 se refuerza la isla de San Miguel.
La flota estaba compuesta por 4 naos guipuzcoanas que lleva Rui Díaz de Mendoza, y quedan a cargo del almirante portugués Pedro Peixoto da Silva, que estaba allí con 2 galeones y 3 carabelas. En mayo, 9 naos francesas atacan San Miguel.
El ataque es rechazado por las naos guipuzcoanas, que tuvieron 20 muertos. En enero de 1582, Felipe II da órdenes de preparación de una expedición naval que ha de conquistar el reducto de rebeldes y enemigos de las Azores occidentales, para afianzar su poder.
Los preparativos comienzan en la primavera bajo el mando de don Álvaro de Bazán, capitán general de las galeras de España. En Lisboa y Sevilla se construyen los buques y se reúnen las tropas con soldados portugueses, aunque también figuran españoles, italianos y alemanes.
Los preparativos se retrasan porque se tienen que construir 80 barcas planas para que desembarque la infantería.
La expedición ha de estar compuesta por 60 naos gruesas, con pataches y embarcaciones auxiliares, 12 galeras y las barcas para desembarco.
Aparte de los marinos, las tropas de tierra serán de 10.000 a 11.000 soldados, al mando del maestre de campo general, don Lope de Figueroa. La impedimenta constaba de provisiones para 6 meses, artillería, municiones, mulas y caballos para atender a los servicios de transporte.
El propósito principal de la expedición, según las órdenes del rey, es la de destruir las armadas enemigas y conquistar las islas en poder de los rebeldes. Mientras, Catalina de Médicis intenta arrastrar a su hijo Enrique III a intervenir en la intriga, urdiendo un plan de campañ
El plan sería así: Filippo di Piero Strozzi, comandante de la empresa, después de conquistar la isla de Madeira, ocupará las Azores para el prior de Crato; después el mariscal Brissac se apoderará de las islas de Cabo Verde.
En agosto, Filippo Strozzi deberá reforzar la guarnición y dirigirse a Brasil, que será cedido a Francia por el pretendiente cuando sea rey de Portugal. La noticia de que Felipe II está preparando una expedición naval contra las islas Azores conduce a concentrar las fuerzas.
Los franceses creen que para poder hacerle frente es mejor desarrollar un plan escalonado, según el previsto. En Belle Isle se reúne una imponente flota de 64 buques, comandados y dotados con la élite de la marina de Francia y 6.000 hombres de armas.
La tropa organizada por Strozzi como si fuese una fuerza de infantería, a las órdenes de Brissac, elegido teniente general; con De Borda, mariscal de campo, y Saint Souline y de Bus, como maestres de campo. Entre los dos se reparten el mando de las 55 compañías.
Los ingleses entregan 7 buques al pretendiente y forman también parte de la flota de Strozzi. El 16 de junio zapa la flota y después de un mes de navegación atracan los buques en la rada de San Miguel. Los pilotos piensan que están en la isla de Santa María.
Entonces Strozzi toma la decisión de desembarcar 1.200 hombres para asediar el fuerte de Ponta Delgada, consigue un éxito inicial pero no aprovecha la ocasión de rendir la plaza, viéndose obligado a reembarcar cuando se entera de la arrivada de las naves de don Álvaro de Bazán.
Felipe II conociendo la salida de Francia de una escuadra rumbo a las islas Azores ordena de inmediato la partida de la escuadra de Bazán que se preparaba en Lisboa. El 10 de julio se hace don Álvaro a la mar, portando su insignia en el San Martín, galeón de 1.200 toneladas.
Le acompañan 27 naos y urcas y 5 pataches. La flota española mandada por don Álvaro, marqués de Santa Cruz y capitán general de las Galeras de España, estaba compuesta por 2 galeones, 10 naos guipuzcoanas, 8 portuguesas y castellanas, 10 urcas flamencas y 1 levantina y 5 pataches
Pero 2 de las urcas desaparecieron en la noche del 24 de julio y 3 naves se demoraron en Lisboa, la levantina también llegó tarde y uno de los pataches había sido apresado, por lo que, en el momento del combate, solo tenía 25 bajeles de guerra. En total, 4.500 hombres.
El mando de la flota francesa lo tenía Filippo Strozzi, hijo de Piero Strozzi, mariscal de Francia, y le secundaba Charles de Brisac, conde de Brisac, también hijo de mariscal de Francia; también se encontraba en ella don Francisco de Portugal, conde de Vimioso.
Había un pequeño contingente inglés, al mando de sir Howard of Effingham. En total, la escuadra conjunta llevaba 60 navíos con 6.000 a 7.000 infantes y arbolaban la bandera blanca con la flor de lis dorada. El 21 de julio llega don Álvaro a la isla de San Miguel.
Llevaba solo 27 naos y la mitad de la tropa prevista: 4.500 hombres (se preveía unos 10.000). Manda dos pataches para notificar su llegada al gobernador y decir al almirante Peixoto que se una a su escuadra, y fondea el día 22 en Villafranca para hacer aguada.
Los lugareños le dicen que deberían dirigirse a Ponta Delgada. Una carabela al llegar le comunica que su flotilla, salida de Lisboa, había sido atacada por los franceses, siendo apresadas dos carabelas y huyendo dos naos españolas.
Ante la presencia de la flota francesa, don Álvaro acelera la aguada y se hace a la mar, avistando más de 60 velas que estaban ocultas al otro lado de la isla. La falta de viento deja a las escuadras inmóviles, y con la brisa del anochecer, los españoles se dirigen hacia la mar.
Los franceses en cambio hacia tierra. A media noche llega a la capitana de Bazán una pinaza con noticias de Ponta Delgada. El gobernador le comunica que los franceses habían desembarcado con 3.000 hombres en la isla el 15 de julio, saqueando la villa de La Laguna.
Toman Ponta Delgada, salvo el castillo que aún resistía. El almirante Peixoto, en vez de hacerse a la mar, se arrimó al castillo, resultando apresadas las naves guipuzcoanas y varadas en los escollos 2 carabelas y 2 galeones.
La gente de armas de los barcos se habían refugiado en el castillo, y por ello pudo resistir con más de 500 hombres. Sin embargo, al ver que los franceses se retiraban, en vez de hacerse fuertes en Ponta Delgada, supusieron que había llegado la escuadra española.
Al amanecer, la flota francesa tenía el barlovento e intenta romper la formación española sin conseguirlo. Repite el intento dos veces más durante la mañana, ya que por la tarde el viento vuelve a calmarse, dejando inmóviles a las dos flotas otra vez.
En la amanecida del día 24, la situación sigue igual y a las cuatro de la tarde, los franceses, en tres columnas, atacan la retaguardia que manda Miguel de Oquendo, con sus 5 naves guipuzcoanas. La presteza de Bazán en cerrar la formación hace que fracase el ataque francés.
Se ven obligados a retirarse con daños importantes, pero conservando el barlovento. Entonces, Bazán ordena a sus barcos que esa noche, al ponerse la luna sin órdenes en grito ni luces, viren para ganar el barlovento. Al amanecer del día 25, estaban al barlovento de los franceses.
Además la formación francesa está desordenada, ya que estaban reparando las averías del combate de la tarde anterior. A las nueve de la mañana, la nao de Cristóbal de Eraso, segundo al mando, pide auxilio pues se ha desarbolado y don Álvaro no puede aprovechar esa oportunidad.
El 26 de julio amanecen las dos flotas a 3 millas una de otra, y a 18 de la isla de San Miguel, con la francesa situada a barlovento. Siguen navegando de orza. Después del mediodía, el galeón San Mateo, de don Lope de Figueroa se aparta de la línea hacia barlovento.
Los franceses creen que pueden aislarle de la línea española, y se dirigen hacia él la capitana, la almiranta y 3 galeones franceses. Figueroa acepta el combate, sin disparar sus cañones, se ve abordado por la capitana (babor) y la almiranta (estribor).
Mientras tanto los otros 3 galeones le hacen disparos por proa y popa. Cuando las dos naves están muy cerca, dispara su artillería, produciendo grandes daños a los franceses, y repite la descarga antes del abordaje. Y pone tiradores escogidos en la gavias para barrer las cubierta
Siendo el San Mateo ya una boya, sin jarcias ni velas, mantiene el combate durante 2 horas más. Tuvo que dar orden don Lope a sus hombres para que no pasasen a la capitana francesa, que ya se había rendido, para mantener el combate con la almiranta.
Los franceses atacan la línea española, pero ésta se mantiene en orden. El marqués suelta el remolque que llevaba y se dirige a apoyar al galeón San Mateo, al igual que el grupo de retaguardia, que llega antes. La nao Juana del capitán Garagarza aborda a la capitana francesa.
Garagarza abarloa al galeón, mientras Villaviciosa lo hace con la almiranta. Acuden naves francesas, que se amarran a estas últimas, y se forma un grupo de barcos en que los hombres combaten unos con otros a pie de cubierta. Miguel de Oquendo acude a toda vela.
Y se entre el San Mateo y la almiranta francesa, disparando contra ella al estar en medio. Con esta maniobra, rompe las amarras y hunde el costado de la nave francesa, a la que se aferra.
Cuando llega don Álvaro, viendo que sus barcos están dominando la situación y, al comprobar que la capitana francesa, que mandaba Strozzi, se separa del San Mateo, la aborda, al igual que la nave Catalina. En una hora, el navío francés se rinde.
Al dar por perdidas la almiranta y la Capitana, los franceses que no están trabados a naves españolas se retiran, y termina el combate a las 4 horas de haber empezado con una victoria española decisiva.
Por parte española hubo 224 muertos y 550 heridos, y, aunque no se perdió ningún barco, todos quedaron con averías. Por parte francesa se perdieron 10 navíos, entre hundidos y apresados, y se calcula que hubo unos 2.000 muertos y otros 1.200 heridos, entre ellos el almirante.
El día 30 fondea la escuadra española en Villafranca, desembarcando heridos y prisioneros y empezando sus reparaciones. El Prior de Crato huye de la isla Tercera, embarcando en las naves francesas fugitivas. Cabe destacar que participó el poeta y dramaturgo Félix Lope de Vega.
Ésta fue la primera batalla naval de la historia en la que participaron galeones de guerra, y también fue la primera batalla naval que se libró en mar abierto. Y la victoria: española.

Láminas variadas de Augusto Ferrer Dalmau, Carlos Parrilla y G. Moreno.

Gracias por leer.
Nota: la isla Tercera (Terceira) y la isla de San Miguel (São Miguel) pertenecen al archipiélago de las Azores, en la época también se llamaban en España islas Terceras.

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