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¿Qué sucede cuando el enemigo se retira? Hilo va
Durante los últimos seis meses de la Segunda Guerra Mundial guerra, las fuerzas alemanas llevaron a cabo una retirada épica de la península de los Balcanes.
A medida que se replegaban a través de Yugoslavia en abril de 1945, se les unieron diversos grupos colaboracionistas locales, soldados y milicias.
La intención de todos estos grupos era abrirse camino a la fuerza hacia el territorio controlado por los británicos en Austria y el noreste de Italia.
Sabían que después de la encarnizada guerra que acababan de protagonizar, lo más seguro era que cuando se rindieran los británicos mostraran más clemencia hacia ellos que las tropas de Tito.
Cuando el régimen ustacha abandonó Zagreb el 6 de mayo de 1945, la histeria se apoderó de la población civil croata.
Los ustachas extendieron el pánico a propósito para provocar un éxodo más generalizado.
La consecuencia fue que una gran cantidad de refugiados se unieron a las tropas alemanas en retirada.
Cientos de miles de croatas caminaban hacia el norte a través de Eslovenia en dirección a la frontera austríaca.
Tenían que llegar a Austria antes de rendirse, y por ello continuaron combatiendo mucho después de que la guerra acabara en el resto de Europa.
La lucha continuó hasta el 15 de mayo de 1945, cuando las primeras unidades croatas llegaron por fin a suelo austríaco, a Bleiburg.
Inmediatamente intentaron entregarse a las fuerzas británicas.
Sin embargo, los británicos se negaron a aceptar su rendición puesto que la política de los Aliados estipulaba que todas las fuerzas del Eje tenían que rendirse a los ejércitos contra los que habían luchado.
A pesar de la campaña frenética que acababan de librar, los ustachas y sus simpatizantes se vieron obligados, después de todo, a entregarse a los partisanos de Tito.
Los crotaas y esolvenos acusaron de traición a los británicos por cómo trataban a los que conseguían entregárseles.
Unos días antes de la llegada de los croatas, una fuerza de unos 10.000 a 12.000 guardias territoriales eslovenos colaboracionistas (hoy día Ejército Nacional Esloveno) llegaron a Austria.
Los británicos les desarmaron y les metieron en un campo cerca de Viktring (Vetrinje), una localidad pequeña a pocos kilómetros al suroeste de Klagenfurt, pero no tenían intención de retenerlos.
En vez de eso planeaban devolverles a Yugoslavia tan pronto se presentara una oportunidad.
Al darse cuenta de que los eslovenos resistirían cualquier intento de hacerles volver, los británicos fingieron que les trasladaban a campos en Italia.
Engaños similares se emplearon contra los cosacos capturados en la región: sus oficiales fueron informados de que les llevaban a una conferencia cuando en realidad les iban a entregar a los rusos (no fue el mejor momento del Imperio británico).
Esta falta de honradez no contribuyó a que los británicos se ganasen la simpatía de aquellos que escaparon o sobrevivieron a las masacres que vendrían luego (recuérdese el caso de Alec Trevelyan) .
Los británicos sabían exactamente lo que les esperaba a estos prisioneros.
A los que obligaron a volver al otro lado de la frontera austriaca, o fueron capturados por los partisanos de Tito en las zonas más septentrionales de Eslovenia, les aguardaba un calvario trágico.
Fueron obligados a marchar a lo largo del río Drava hacia Maribor, donde los partisanos habían establecido campos de tránsito.
Al principio, estas marchas se realizaban de una manera muy ordenada y profesional pero, a tenor de los supervivientes, se volvían más peligrosas a medida que se alejaban de la seguridad de las líneas aliadas.
Los guardias partisanos no daban comida ni agua a los prisioneros, y a menudo les despojaban de todos los objetos de valor como plumas, relojes, alianzas, botas o zapatos.
Cuando inevitablemente se abrían espacios en la columna, ordenaban a los que iban atrás que corrieran para ponerse a la altura de los demás.
Para animarles a moverse más deprisa, los que se quedaban rezagados recibían un disparo sin previo aviso.
Las condiciones de estas marchas de la muerte eran en extremo brutales
Mientras caminaban penosamente hacia Maribor, los soldados y la población civil croata por igual eran abatidos a tiros utilizando cualquier excusa imaginable.
Los que trataban de escapar eran considerados presa fácil, pero incluso salir de la columna para orinar podía resultar fatal.
En los pueblos que encontraban por el camino algunos lugareños dejaban comida y agua para ellos, pero todo aquel que hiciera un movimiento para cogerlas podría también recibir una bala.
Los partisanos de Tito fusilaban a quien les daba la gana.
Al principio sacaban gente de la formación y la mataban en el bosque cercano.
Luego disparaban directamente a la columna de prisioneros.
Estos disparos eran totalmente indiscriminados
Una de las razones por las que los hombres de Tito registraban a sus prisioneros, aparte de la intención evidente de robarles sus objetos de valor, era averiguar quién de ellos era funcionario o miembro de la élite ustacha.
Algunos ustachas fueron lo bastante imprudentes como para llevar encima papeles y fotos.
Era obvio que los que tenían artículos de más valor que los demás eran los de mayor rango, y si bien muchos oficiales habían tirado sus uniformes antes de rendirse, algunos no pudieron desprenderse de sus condecoraciones y galones.
Uno de éstos era un teniente ustacha llamado Mark Stojic, cuya cuñada se los ató a la pierna para protegerle.
Lamentablemente, se aflojaron y cayeron al camino.
Algunos guardias los vieron y preguntaron a la cuñada de Stojic a quién pertenecían.
Cuando se negó a responder, uno de ellos le destrozó el cráneo a la vista de todo el resto de la columna.
En Maribor, y en otros centros de Eslovenia, las tropas de Ttito seguían un procedimiento tipo antes de liquidar a sus prisioneros.
En primer lugar, se hacía una especie de selección elemental, al principio para separar la población civil de los soldados, luego para separar las tropas ustachas de los domobranes corrientes o regulares, y finalmente para separar los oficiales de los soldados rasos.
Acto seguido, los menos culpables eran cargados en trenes que les devolvían a Celje y Zagreb.
Decenas de miles eran enviados a campos de prisioneros de todo el país en una serie de marchas forzadas que podían durar días o hasta semanas.
Algunos grupos de hombres eran retenidos en el lugar como mano de obra forzada para realizar tareas pesadas o desagradables.
Pero para el resto, no había vuelta atrás.
Simplemente desaparecían de la historia.
En las inmediaciones de Maribor había largas filas de trincheras antitanque que los alemanes habían cavado como última línea de defensa contra los partisanos.
El camión traía allí a los prisioneros ustachas, les alineaban a lo largo del borde de la trinchera y disparaban.
Estos prisioneros sabían exactamente lo que les esperaba toda vez que podían ver los cadáveres de los que habían muerto previamente yaciendo en el fondo de las trincheras. .
A muchos de ellos les habían despojado de todas sus ropas.
Tenían las manos atadas a la espalda para evitar que intentaran escaparse o arremetieran contra sus guardia
La matanza de Maribor duró varios días, y cuando las trincheras antitanque estuvieron llenas aparecieron unas cuadrillas especiales de enterradores para amontonar tierra en la parte superior y luego aplanarla.
Los cuerpos de los ustachas también se enterraban en agujeros causados por los obuses al explotar, en cráteres de bombas y en fosas comunes cavadas especialmente.
Entre 50.000 y 60.000 colaboracionistas, en su mayor parte tropas croatas y musulmanas, fueron asesinados en la zona entre Bleiburg y Maribor en los días inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Esto representa cerca de la mitad de todas las tropas colaboracionistas que los británicos entregaron a Tito a lo largo de la frontera austríaca en mayo de 1945.
Maribor no fue el único lugar donde tuvieron lugar tales masacres
La inmensa mayoría de los 12.000 miembros del Ejército Nacional Esloveno que habían huido a Austria, y que luego los británicos devolvieron a Tito, fueron asesinados en los bosques cerca de Kočevje.
Les llevaron al borde de unos profundos barrancos en el Kočevski Rog, y o bien les fusilaron o les arrojaron vivos por el borde.
Luego dinamitaron las paredes de los barrancos para volcar masas de roca sobre los cadáveres del fondo.
No se discriminaba entre oficiales y soldados rasos, o entre aquellos de diferentes credos políticos
No se interrogaba a los prisioneros, ni ninguno de ellos era sometido a juicio de ningún tipo, ni se hacía ninguna selección.
Todos los que eran llevados a Kočevje estaban condenados a morir
Entre 8.000 y 9.000 nacionalistas eslovenos fueron asesinados de esta manera, así como algunos croatas, chetniks montenegrinos y miembros de los tres regimientos del Cuerpo de Voluntarios Serbios.
Asimismo, hubo un puñado de mujeres entre las víctimas, y alrededor de zoo miembros del movimiento juvenil ustacha de edades comprendidas entre los catorce y los dieciséis años.
Unos sucesos similares ocurrieron en una sima de Podutik, a sólo unos kilómetros de Liubliana.
Aquí, la masa de cuerpos en descomposición fue tal que empezó a contaminar el agua que abastecía la ciudad, de manera que en junio obligaron a un grupo de prisioneros de guerra alemanes a exhumar los cuerpos y a enterrarlos debidamente en fosas comunes recién cavadas.
Tito empleaba todos los métodos posible para matar a sus víctimas.
En Lasko y Hrastnik arrojaban a los ustachas a pozos de minas y tras ellos lanzaban granadas de mano.
En Pvifnik, conducían a los prisioneros al interior de un bunker que luego volaban con ellos dentro.
En el campo de prisioneros de guerra de Bezigrad encerraban a los presos dentro de un depósito que luego llenaban de agua hasta que todos se ahogaban.
En Istria, en la frontera entre Yugoslavia e Italia, mataron a cientos de prisioneros italianos tirándolos a pozos y barrancos profundos.
Conviene no olvidar que el régimen ustacha en Croacia estaba basado en una ideología ultranacionalista y de odio étnico.
Para Tito y sus partidarios, la ejecución de soldados y oficiales asociados a este régimen fue al mismo tiempo un acto político y étnico, y un castigo justo por la limpieza étnica que los propios ustachas habían llevado a cabo durante la guerra.
Sin embargo, muchas veces los que cometen los asesinatos, así como sus víctimas, no comprenden tales sutilezas.
Quienes perdieron sus vidas a manos de los partisanos de Tito fueron elegidos por ser croatas.
El origen étnico fue el factor decisivo de gran parte de la violencia extraoficial después de la guerra.
En julio de 1945, el servicio de inteligencia yugoslavo en Croacia informaba de que "el odio chauvinista entre los pueblos serbios y croatas se había reavivado de tal manera que casi luchaban entre sí".
Los asesinatos y violencia por motivos puramente étnicos fueron la regla general después de la guerra, sobre todo por parte de nacionalistas serbios que, al volver a sus pueblos, descargaban sus prejuicios en sus vecinos croatas y bosnios.
Al regresar, los serbios preguntaran a sus paisanos de Banija: "¿Por qué no matáis a todos los croatas?", "¿A qué estáis esperando?"
Antes de terminar creo necesario hablar también de los crímenes cometidos por el régimen ustacha.
El régimen ustacha que gobernó Croacia durante la Segunda Guerra Mundial estuvo dirigido por hombres profundamente católicos que emplearon métodos medievales para llevar a cabo su programa de exterminio.
Fusilamientos, palizas y decapitaciones masivas fueron los métodos mediante los que trataron de realizar su objetivo de un estado racialmente puro y cien por cien católico.
Al final de la guerra unas 700.000 personas habían perecido en los campos de exterminio ustachas en Jasenovac y otros lugares.
La furia del régimen ustacha se dirigió principalmente contra la población serbia ortodoxa, pero también alcanzó a judíos y gitanos.
La creación del reino de Yugoslavia después de la Gran Guerra que iba a acabar con todas las guerras había unido a croatas, serbios y eslovenos bajo el gobierno del rey Alejandro.
El movimiento ustacha se resistió a aquella integración y se convirtió en el abanderado de la causa croata, dirigido por el acérrimo nacionalista Ante Pavelic.
En 1934, terroristas ustachas asesinan al rey Alejandro, uno de los numerosos actos sanguinarios cometidos en nombre de un Estado croata independiente, en una lucha que contaba con el respaldo de la Italia fascista y la Alemania nazi.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las potencias del Eje se reparten Yugoslavia, y Pavelic se convirtió en el Poglavnik (el equivalente al Führer) de una Croacia independiente.
Los Aliados denunciaron el desmembramiento de Yugoslavia y se negaron a reconocer el régimen de Pavelic.
Pavelic obtuvo carta blanca para llevar a cabo sus políticas criminales durante una reunión con Hitler celebrada en junio de 1941.
Hitler perfiló una serie de medidas raciales, planes que calificó de "momentáneamente dolorosos", pero preferibles a un "sufrimiento permanente".
Si Croacia había de ser fuerte —dijo Hitler—, "durante cincuenta años se debe practicar una política nacionalmente intolerante, ya que una excesiva tolerancia en tales cuestiones sólo puede hacer daño"
Pavelic se había anticipado a los deseos de Hitler, y en los primeros días que siguieron a la declaración de independencia croata, el 10 de abril de 1941, Zagreb aprobó una serie de leyes raciales que incluían la "arianización" de las propiedades judías.
En Croacia no sólo se obligó a los judíos a llevar un brazalete con la estrella de David y la letra "Z" (zidov: "judío"), sino que también se ordenó a los serbios llevar brazaletes azules con la letra "P" ( pravoslavni: "ortodoxo").
Se establecieron campos de concentración a lo largo de Croacia y Bosnia, con el sistema de campos de Jasenovac como principal centro de exterminio.
La política racial del régimen ustacha se declaró en los términos más simples y directos el 22 de julio de 1941:
"Para el resto, serbios, judíos y gitanos, tenemos tres millones de balas. Mataremos a una tercera parte de todos los serbios. Deportaremos a otra tercera parte, y al resto lo obligaremos a convertirse en católicos romanos", declaró Mile Budak, ministro de Educación de Pavelic.
Puede que el Vaticano no condenara las raciales políticas criminales de los nazis, pero ciertamente tampoco las apoyó; la Iglesia Católica romana de Croacia, en cambio, se convirtió en ferviente partidaria de los crímenes de Pavelic.
En mayo de 1941, el órgano de opinión de la Iglesia Hrvatska Straza dio una calurosa bienvenida a las leyes raciales, que consideraba necesarias para "la protección de nuestro honor y nuestra sangre".
Algunos obispos se mostraron igualmente solidarios.
"Hay límites al amor", declaró el arzobispo de Sarajevo, Ivan Saric, elogiando las nuevas leyes y afirmando que sería "estúpido e indigno de los discípulos de Cristo pensar que la lucha contra el mal se podría librar de una manera noble y con guante blanco".
El principal teórico racial del régimen croata, Ivo Guberina, fue un sacerdote católico romano que combinaba los conceptos de "purificación" religiosa e «higiene racial» con un llamamiento a que Croacia se "limpiara de elementos extraños"
A diferencia de sus maestros nazis, los croatas llevaron a cabo su Holocausto a plena luz del día.
El periódico Katolicki Tjednik publicaba el 31 de agosto de 1941:
"Ahora Dios ha decidido usar otros medios. Erigirá misiones, misiones europeas, misiones mundiales. Éstas serán defendidas no por sacerdotes, sino por comandantes militares, dirigidos por Hitler. Los sermones se oirán con la ayuda de cañones, tanques y bombarderos".
No obstante, las autoridades nazis en Croacia estaban horrorizadas ante el alcance y la naturaleza de la matanza.
En agosto de 1941, la oficina del general Edmund Glaise von Horstenau, el representante del ejército alemán en Croacia, informaba a Berlín de que 200.000 serbios habían "sido víctimas de los instintos animales desatados por los líderes ustachas"
El 17 de febrero de 1942 Himmler recibió un informe detallado de las "atrocidades cometidas por unidades ustachas en Croacia contra la población ortodoxa".
Sus agentes informaban a Himmler de que los ustachas cometían aquellos actos de una manera bestial, no sólo contra los hombres en edad militar, sino especialmente contra los ancianos, mujeres y niños indefensos.
El número de ortodoxos que los croatas habían asesinado y torturado sádicamente hasta la muerte era de unos 300.000
El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim Von Ribbentrop, recibió un informe similar donde se afirmaba que la persecución de los serbios no había cesado, e incluso las estimaciones más prudentes indiciaban que varios cientos de miles de personas habían sido asesinadas.
Los informes nazis llegaban a afirmar que los elementos irresponsables ustachas habían han cometido atrocidades tales como las que cabía esperar sólo de una "rabiosa horda bolchevique"
Alemania pidió que los verdugos más brutales del régimen ustacha fueran apartados de sus cargos.
La crisis política que esto desencadenó entre los ustasi mediada la guerra condujo a la primera ruta de escape de Croacia a Argentina.
Un informe de la inteligencia estadounidense del 25 de noviembre de 1943 mostraba cómo se estaban estableciendo vínculos entre la dictadura militar de Perón y Pavelic.
"Se ha informado de que el gobierno de Pavelic ha comprado sesenta pasaportes argentinos con fines de evacuación —afirmaba del documento—. Se han transferido fondos a Argentina. Se dice que diversos funcionarios de segunda categoría irán a Eslovaquia."
Justo antes del colapso alemán y después de que los aliados hubieran reconocido el gobierno de Tito, acosado por los soviéticos por el este y los británicos por el oeste, en mayo de 1945 Pavelic huyó a Austria.
Pavelic se sumergía ahora en una oleada de gente que huía del avance comunista.
Para Pavelic, antaño poderoso gobernante de una nación cristiana fascista, se avistaban días sombríos en el horizonte.
Pero los ustachas habían empezado a prepararse para lo inevitable con mucha antelación.
Desde principios de 1944 habían estado colocando grandes cantidades de oro y dinero en efectivo en diversas cuentas bancarias en Suiza.
Mientras se realizaban aquellas transferencias, Pavelic empezó a negociar un exilio protegido para sí mismo y su familia con Himmler.
El 5 de diciembre de 1944 Konstantin Kammerhofer, representante personal de Himmler y el comandante militar alemán superior de Croacia, informaba a Berlín de que la Ausweichmassnahmen (término nazi para referirse a los métodos alternativos huida) estaba en marcha.
La esposa de Pavelic, una de sus hijas y otros parientes estaban abandonando Croacia para dirigirse a Semmering, en Austria, en el plazo de seis días.
El Kammerhofer, que era un nazi pero se consideraba un caballero, pidió y obtuvo permiso para recibir a "Frau Pavelitsch" con un ramo de flores en nombre de Himmler.
Eso no evitó que Pavelic se dejara llevar por las bravatas en un cable que envió a Himmler el último día de 1944:
"Excelencia, para el Nuevo Año, Croacia y yo le deseamos lo mejor. Los soldados de Croacia permanecerán al lado y bajo el liderazgo del Gran Reich Alemán sin vacilar, fielmente hasta la victoria final"
Palevic no tenía dotes de adivino.
El paradero de Pavelic durante los primeros dieciocho meses después de la guerra sigue siendo un misterio.
Pavelic permaneció en Austria durante todo un año, trasladándose a Roma en abril de 1946 en compañía del teniente ustacha Dragutin Dosen
Los dos hombres se disfrazados de sacerdotes católicos y refugiaron en el Collegio Pio Pontificio, situado en el número 3 de la Via Gioacchino Belli, en el distrito romano de Prati, a pocos pasos de los muros del Vaticano.
Éste era el único colegio de Roma que disfruta de extraterritorialidad completa, y al que sólo se podía entrar presentando las credenciales adecuadas. Para ello se necesita el sello papal, pues ese colegio se hallaba directamente bajo la administración del Sumo Pontifice
En octubre de 1948, Pavelic llegaba al puerto de Génova y embarcaba en un camarote de primera clase en el Sestriere, un barco que le llevaría a un país al menos tan fanáticamente católico como su antigua Croacia.
La esposa de Pavelic y dos de sus hijos le habían precedido a través del Atlántico, llegando a Buenos Aires el 3 de mayo de 1948.
Finalmente, Pavelic llegaba a Buenos Aires en noviembre de 1948.
Allí Ante Pavelic, el antiguo el poglavnik croata (ochocientas cincuenta mil víctimas serbias, judías y gitanas), vivió protegido por Perón.
Compartio exilio dorado con otros criminales.
Gente como Simon Sabiani» el exalcalde de Marsella, condenado a muerte en rebeldía en Francia, y sus amigos del Parti Populaire Français, de inspiración fascista
Con Vittorio Mussolini, el segundo hijo del Duce, con Carlo Scorza, exsecretario general del Partido Fascista
Con Robert Pincemin, que dirigió la Milice en Ariège y con Eduard Roschmann, el Carnicero de Riga (treinta mil judíos letones asesinados).
Y con el físico Ronald Richter, el niño bonito de Perón al que le había prometido ser el primero en conseguir la fusión nuclear. Perón puso a su disposición una isla en un lago de la Patagonia para que desarrollara sus investigaciones en el más absoluto de los secretos.
Y para terminar un par de anécdotas para entender las mentalidades de Pavelic y Tito
La expulsión de la Yugoslavia de Tito del Kominform en 1949, hizo que Yugoslavia no pudiese asistir a asociaciones internacionales de los países socialistas.
En varias ocasiones los países del Bloque del Este sometieron a purgas a los presuntos titoístas.
Stalin se tomó el tema personalmente y mandó varias veces, sin éxito, sicarios para asesinar a Tito.
Pero Tito no era Trosky y en una carta le dijo a Stalin bien a las claras:

"Deje de enviar personas a matarme, ya hemos capturado a cinco, uno de ellos con una bomba, y otro con un rifle. Si no deja de enviarme asesinos, enviaré uno a Moscú y no tendré que enviar un segundo"
Tito moriría en la cama en mayo de 1980
La anécdota protagonizada por Pavelic es más cruel.
Cuando Pavelic estaba en la cúspide de su poder fue entrevistado en Zagreb por Curzio Malaparte.
Cuando Malaparte le preguntó por una copa que tenía sobre la mesa rebosando de algo que parecían ostras, Pavelic le respondió: "No son ostras, son los ojos de mis enemigos que me mandan mis ustachas".
Espero que esta historia de un tiempo pasado, cruel y doloroso les haya interesado. Buen descanso
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